Siempre se ha dicho que la transición a la muerte es una luz al final
del túnel.
Anoche, la muerte visitó a una anciana que dormía sola en su cama, que
solo ocupaba el lado derecho de esta. En otro tiempo el amor de su vida dormía junto a
ella.
Abro los ojos y la claridad me deslumbra. Cuando me
acostumbro a la luz, veo que me encuentro en un largo y brillante pasillo con
suelo de mármol blanco y pequeños remolinos negros. Me recuerdan a los que se
crean en el café cuando lo cortas con la leche. Paredes de yeso decorado con
motivos florales y letras que no reconozco me rodean y muchos espejos terminan
de decorar la estancia. No veo donde termina.
Observo a través de un espejo que vuelvo a ser joven. Llevo
un vestido blanco de varias capas de seda que caen hasta las rodillas y
sucesivamente hasta los tobillos y mi pelo oscuro y rizado cae hasta mi cintura.
Siempre quise permanecer así, pero todo el mundo envejece.
Avanzo por el pasillo despacio, descalza, sin percibir el
frío mármol y voy detectando un figura en el frente. Cuanto más me acerco más
detalles percibo. Una sonrisa, un gesto, un saludo… vuelve a ser joven, como
yo. Ha venido a buscarme para que no viviera sola este momento, el amor de mi
vida, ese Alguien-En-Quien-Pensar que me acompañó durante el camino de la vida.
Estoy algo asustada por lo desconocido pero el me coge de la mano y avanzo.
Poco a poco noto que todo termina, que me vuelvo etérea, a
su lado. Observo en los espejos nuestros cuerpos cada vez más transparentes
pero seguimos avanzando, fundiéndonos con aquel lugar extraño hasta
desaparecer, hasta ser parte de el.
El corazón de la anciana se detenía lentamente, sana y salva partía hacia una
mejor vida. Cuando la muerte abandonaba la habitación, giró la cabeza y observó
a la mujer, que dejaba el mundo con una sonrisa dibujada en la comisura de sus
labios. No había muerte más dulce que esa.
Es una preciosa forma de ver aquello que tanto miedo y respeto infunde. Un buena descripción del entorno. Ingenioso, inventivo y romántico, das un nuevo matiz a La Muerte. Un placer.
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