Lo único que fui capaz de percibir cuando me desperté en
aquella nave fue el olor a putrefacción, supongo que de los cadáveres que se
encontraban a mi alrededor cuando explotó la última bomba. Soy incapaz de abrir
los ojos, noto rígido todo mi cuerpo y el tacto de los gusanos sobre mi piel me
produce arcadas. Me obligo a levantarme, ya estoy fuera de peligro, nadie
pisará estas tierras devastadas aunque le guerra no haya terminado.
Consigo levantarme a duras penas del pequeño escondrijo que
me protegió de la bomba. Ver todos esos muertos a mi alrededor, mis amigos, mi
vecinos…ninguno de ellos volverá a abrazar a sus seres queridos, todos muertos,
pero a salvo de todas estas guerras que sacuden el mundo.
Día 59
Marzo de 2222, dos meses después de que los países mas
poderosos entrasen en guerra para quedarse con lo poco que queda en nuestro
planeta, el mundo no es lo que era.
Las ciudades están arrasadas, los campos totalmente
destruidos y el mar completamente contaminado por todas las nuevas armas
químicas que no dejan nada a su paso. Como es obvio, durante siglos los países
han destinado capital de los estados secretamente para que cuando estallase
todo este calvario que preveían, estuvieran preparados para dominar la
situación. Lo que no sabían era que el resto de los países estaban haciendo lo
mismo. Me llamo Samanta, tengo 19 años y vivo en una pequeña comunidad situada en
una de las islas que han acordado los países no tocar para asegurar la
supervivencia del ser humano en caso de desastre. Es muy irónico pensar que se
sientan alrededor de una mesa con un café y un plato de pastitas cada uno a
debatir que islas proteger y no atacar en vez de intentar llegar a un
consenso…Me produce arcadas. Las “Islas
Protectoras de Todas las Etnias”, simplificado con las siglas IPTE, están situadas en cualquier punto
del planeta, y cada una contiene una
etnia diferente para conservar todas las posibles. Somos comunidades pequeñas,
sin ningún tipo de contacto con el exterior, abastecidas por nuestro país de
origen, España en mi caso, y fuimos elegidos para mudarnos aquí completamente
por sorteo. El criterio de selección fue un tanto complejo pero muy rápido.
Solo podían ser seleccionadas personas entre los veintitrés
y los cuarenta años, de las cuales saldrían trescientas mil personas elegidas,
que podían ser acompañadas por dos personas o si por ejemplo eres padre, tienes
tres hijos y sales elegido, uno de ellos puede sustituirte y que tus tres hijos
tengan el cien por cien de posibilidades de salvarse. En mi caso mi prima fue elegida
y como solo nos tenemos la una a la otra, la pedí que nos llevara mí y a mi
mejor amigo, James cual se negó a ocupar el puesto que podría ocupar otro y
decidió luchar. Cada día le pido al destino que vuelva a por mí…Sin mucho
éxito.
El resto de los ciudadanos tenían dos opciones. Una de ellas
era alistarse a la “Unidad de Defensa,
Ataque y Mantenimiento del País”, que embarcaba tanto al ejército como al
sistema económico de un país en guerra. La otra opción era huir a algún lugar
donde poder sobrevivir mientras el mundo se convertía poco a poco en un
infierno. Nadie ni nada te obligaba a alistarte, pero fue la elección popular,
elección que tomó James.
La vida en las IPTE
era de lo más monótona. Al principio te despertabas, rezabas por tus seres
queridos, te alimentabas y seguías rezando, pero después de un par de semanas
te empiezas a dar cuenta de que por un tiempo indefinido esta gente se va a
convertir en tu familia y tus vecinos así que empiezas a relacionarte, a jugar
con los niños pequeños, a ayudar a los que lo necesitan, a consolar a los menos
dichosos…
Oficialmente no, pero al cabo de dos semanas, todos
empezaron a decirme que tenía un don con los niños, sobretodo mi prima, así que
le sugerí a la “UDAMP” que mandaran a
mi comunidad una especie de nave, que pudiera usar como un polideportivo, para
poder organizar actividades para niños y, siendo un poco egoísta, no pensar en aquel
mejor amigo que me abandonó por la causa y hacer la vida aquí un poco mas
amena. En dos días estaba completamente instalado con gradas para los padres
inclusive.
Así fueron pasando los días y todos empezamos a recuperar
muy poco a poco la sonrisa.
Día 83
Hoy el día empieza como otro cualquiera. Hace sol, mucho
calor y todos nos dirigimos ordenadamente a desayunar al edificio central. Nos
hacen desayunar a todos juntos para obligarnos de alguna manera a relacionarnos
y llevarnos bien, al principio no estaba de acuerdo a tener que compartir mis
horas de las comidas con desconocidos pero ahora me encanta. Mantengo una
conversación muy interesante con mi prima y una de mis vecinas sobre el deseo mutuo de que
el mundo fuera una completa unidad, sin que los países tuvieran que competir
por nada y que la persona que liderase aquello, tuviera algo de sentido común,
no como los políticos que llevan siglos liderando con sus propias reglas:
corrupción, trampas y favores.
Al atardecer, toda mi comunidad se dedica a divertirse con
los niños en la playa o a jugar en el polideportivo cuando un avión del ejército
británico, el cual soy capaz de distinguirlo porque en el instituto me
enseñaron que los aviones del ejercito británico son de color naranja, se
acerca a nuestra playa. En el momento en el que veo como abre las puertas de
debajo y suelta una gran bomba sobre nosotros, deduzco que los acuerdos de
mantenernos vivos ya no existen.
Solo me da tiempo a proteger con mi cuerpo a la pequeña niña
que me agarra de la mano cuando la bomba llega al suelo y hace desaparecer
consigo todas nuestras casas.
Nadie comprende lo que sucede, la madre de la niña viene
corriendo a llevársela y todos en un acto de desesperación se dirigen entre
llantos y gritos de terror al único lugar donde creen que estarán a salvo, a
una trampa mortal.
La nave.
Me apresuro lo más rápido que puedo a la nave para avisar a
todos.
¿A caso no son capaces de ver que más aviones vendrán y
atacaran los lugares donde la gente se puede esconder? ¡Hasta los niños
pequeños utilizan esa táctica cerrando, pisando y destruyendo el hormiguero
donde se esconden las hormigas cuando se sienten asustadas y atacadas!
Acabo de llegar a la puerta de la nave cuando veo el segundo
avión. Lo sabía, ahí vienen a destruir el hormiguero y ya es demasiado tarde,
tal vez alguien sobreviva. Me apresuro a entrar lo mas deprisa que puedo y sin
avisar de nada para que no cunda el pánico, me escondo debajo de las gradas, en
una pequeña esquina para poder protegerme todo lo posible y, por primera vez en
años, rezo a todos los Dioses por mi vida.
Se oyen una, dos, tres tal vez cuatro bombas más en el exterior cuando veo a
un niño de unos dos años llorando, completamente solo, “el no tiene por qué morir” pienso, así que salgo de mi escondite y
casi consigo cogerlo en brazos cuando la bomba estalla y me impulsa dentro de
las grada otra vez.
Lo último que ven mis
ojos son miembros humanos por el suelo, mi prima ardiendo y varias zonas de mi
cuerpo quemadas.
Lo único que fui capaz de percibir cuando me desperté en
aquella nave fue el olor a putrefacción, supongo que de los cadáveres que se
encontraban a mi alrededor cuando explotó la última bomba. Soy incapaz de abrir
los ojos, noto rígido todo mi cuerpo y el tacto de los gusanos sobre mi piel me
produce arcadas. Me obligo a levantarme, ya estoy fuera de peligro, nadie pisará
estas tierras devastadas aunque le guerra no haya terminado.
Consigo levantarme a duras penas del pequeño escondrijo que
me protegió de la bomba, ver todos esos muertos a mi alrededor, mis amigos, mi
vecinos…ninguno de ellos volverá a abrazar a sus seres queridos, todos muertos.
Cuanto mas cerca estoy de la salida, mas me deslumbra la
claridad, pero me animo a seguir, ya que quiero irme de aquí con la gente que haya
sobrevivido a algún lugar donde nunca puedan hacernos daño. Siento una chispa
de esperanza cuando encuentro junto a los supervivientes a James, que vino aquí
en cuanto se enteró de lo ocurrido. Cree que he muerto así que cuando me ve no
puede evitar acudir hacia mi corriendo, secándose las lágrimas del rostro y me
recorre un gran escalofrío cuando me rodea con sus brazos. Pasamos así un buen
rato hasta que, sin yo estar de acuerdo, me suelta para que me atiendan los
pocos médicos que han venido a curar a
los heridos. Finalmente me coge de la mano y me susurra:
“Busquemos un lugar
escondido, una cueva, un islote, cualquier lugar donde estar a salvo hasta que
todo termine, no volveré a separarme de ti, voy a quererte por siempre. Esta
vez lo más importante somos tú y yo. Aprenderemos a sobrevivir juntos y moriré
por protegerte si hace falta, no pienso volver a dejarte sola.”
“volverás a dejarme
sola si mueres por protegerme”digo con tono burlón“No sabes cuanto te he echado de menos”
No había nada más que decir, todo estaba dicho. Después de sellar
nuestro trato con un beso, algo tímido y
patoso puesto que era el primero de muchos, nos adentramos en las profundidades
de la isla, pensando con pena en mi prima y sin saber que batallas nos esperan,
pero lo que los dos sabemos es que hay guerras mucho peores y solo le necesito
a el para enfrentarme a todo, para que mi mundo esté completo.
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