viernes, 26 de julio de 2013

Finales alternativos.

Lo único que fui capaz de percibir cuando me desperté en aquella nave fue el olor a putrefacción, supongo que de los cadáveres que se encontraban a mi alrededor cuando explotó la última bomba. Soy incapaz de abrir los ojos, noto rígido todo mi cuerpo y el tacto de los gusanos sobre mi piel me produce arcadas. Me obligo a levantarme, ya estoy fuera de peligro, nadie pisará estas tierras devastadas aunque le guerra no haya terminado.
Consigo levantarme a duras penas del pequeño escondrijo que me protegió de la bomba. Ver todos esos muertos a mi alrededor, mis amigos, mi vecinos…ninguno de ellos volverá a abrazar a sus seres queridos, todos muertos, pero a salvo de todas estas guerras que sacuden el mundo.

Día 59

Marzo de 2222, dos meses después de que los países mas poderosos entrasen en guerra para quedarse con lo poco que queda en nuestro planeta, el mundo no es lo que era.
Las ciudades están arrasadas, los campos totalmente destruidos y el mar completamente contaminado por todas las nuevas armas químicas que no dejan nada a su paso. Como es obvio, durante siglos los países han destinado capital de los estados secretamente para que cuando estallase todo este calvario  que preveían, estuvieran preparados para dominar la situación. Lo que no sabían era que el resto de los países estaban haciendo lo mismo. Me llamo Samanta, tengo 19 años y vivo en una pequeña comunidad situada en una de las islas que han acordado los países no tocar para asegurar la supervivencia del ser humano en caso de desastre. Es muy irónico pensar que se sientan alrededor de una mesa con un café y un plato de pastitas cada uno a debatir que islas proteger y no atacar en vez de intentar llegar a un consenso…Me produce arcadas. Las “Islas Protectoras de Todas las Etnias”, simplificado con las siglas IPTE, están situadas en cualquier punto del planeta,  y cada una contiene una etnia diferente para conservar todas las posibles. Somos comunidades pequeñas, sin ningún tipo de contacto con el exterior, abastecidas por nuestro país de origen, España en mi caso, y fuimos elegidos para mudarnos aquí completamente por sorteo. El criterio de selección fue un tanto complejo pero muy rápido.
Solo podían ser seleccionadas personas entre los veintitrés y los cuarenta años, de las cuales saldrían trescientas mil personas elegidas, que podían ser acompañadas por dos personas o si por ejemplo eres padre, tienes tres hijos y sales elegido, uno de ellos puede sustituirte y que tus tres hijos tengan el cien por cien de posibilidades de salvarse. En mi caso mi prima fue elegida y como solo nos tenemos la una a la otra, la pedí que nos llevara mí y a mi mejor amigo, James cual se negó a ocupar el puesto que podría ocupar otro y decidió luchar. Cada día le pido al destino que vuelva a por mí…Sin mucho éxito.
El resto de los ciudadanos tenían dos opciones. Una de ellas era alistarse a la “Unidad de Defensa, Ataque y Mantenimiento del País”, que embarcaba tanto al ejército como al sistema económico de un país en guerra. La otra opción era huir a algún lugar donde poder sobrevivir mientras el mundo se convertía poco a poco en un infierno. Nadie ni nada te obligaba a alistarte, pero fue la elección popular, elección que tomó James.
La vida en las IPTE era de lo más monótona. Al principio te despertabas, rezabas por tus seres queridos, te alimentabas y seguías rezando, pero después de un par de semanas te empiezas a dar cuenta de que por un tiempo indefinido esta gente se va a convertir en tu familia y tus vecinos así que empiezas a relacionarte, a jugar con los niños pequeños, a ayudar a los que lo necesitan, a consolar a los menos dichosos…
Oficialmente no, pero al cabo de dos semanas, todos empezaron a decirme que tenía un don con los niños, sobretodo mi prima, así que le sugerí a la “UDAMP” que mandaran a mi comunidad una especie de nave, que pudiera usar como un polideportivo, para poder organizar actividades para niños y, siendo un poco egoísta, no pensar en aquel mejor amigo que me abandonó por la causa y hacer la vida aquí un poco mas amena. En dos días estaba completamente instalado con gradas para los padres inclusive.
Así fueron pasando los días y todos empezamos a recuperar muy poco a poco la sonrisa.

Día 83

Hoy el día empieza como otro cualquiera. Hace sol, mucho calor y todos nos dirigimos ordenadamente a desayunar al edificio central. Nos hacen desayunar a todos juntos para obligarnos de alguna manera a relacionarnos y llevarnos bien, al principio no estaba de acuerdo a tener que compartir mis horas de las comidas con desconocidos pero ahora me encanta. Mantengo una conversación muy interesante con mi prima y  una de mis vecinas sobre el deseo mutuo de que el mundo fuera una completa unidad, sin que los países tuvieran que competir por nada y que la persona que liderase aquello, tuviera algo de sentido común, no como los políticos que llevan siglos liderando con sus propias reglas: corrupción, trampas y favores.
Al atardecer, toda mi comunidad se dedica a divertirse con los niños en la playa o a jugar en el polideportivo cuando un avión del ejército británico, el cual soy capaz de distinguirlo porque en el instituto me enseñaron que los aviones del ejercito británico son de color naranja, se acerca a nuestra playa. En el momento en el que veo como abre las puertas de debajo y suelta una gran bomba sobre nosotros, deduzco que los acuerdos de mantenernos vivos ya no existen.
Solo me da tiempo a proteger con mi cuerpo a la pequeña niña que me agarra de la mano cuando la bomba llega al suelo y hace desaparecer consigo todas nuestras casas.
Nadie comprende lo que sucede, la madre de la niña viene corriendo a llevársela y todos en un acto de desesperación se dirigen entre llantos y gritos de terror al único lugar donde creen que estarán a salvo, a una trampa mortal.

La nave.

Me apresuro lo más rápido que puedo a la nave para avisar a todos.
¿A caso no son capaces de ver que más aviones vendrán y atacaran los lugares donde la gente se puede esconder? ¡Hasta los niños pequeños utilizan esa táctica cerrando, pisando y destruyendo el hormiguero donde se esconden las hormigas cuando se sienten asustadas y atacadas!
Acabo de llegar a la puerta de la nave cuando veo el segundo avión. Lo sabía, ahí vienen a destruir el hormiguero y ya es demasiado tarde, tal vez alguien sobreviva. Me apresuro a entrar lo mas deprisa que puedo y sin avisar de nada para que no cunda el pánico, me escondo debajo de las gradas, en una pequeña esquina para poder protegerme todo lo posible y, por primera vez en años, rezo a todos los Dioses por mi vida.
Se oyen una, dos, tres tal vez  cuatro bombas más en el exterior cuando veo a un niño de unos dos años llorando, completamente solo, “el no tiene por qué morir” pienso, así que salgo de mi escondite y casi consigo cogerlo en brazos cuando la bomba estalla y me impulsa dentro de las grada otra vez.
 Lo último que ven mis ojos son miembros humanos por el suelo, mi prima ardiendo y varias zonas de mi cuerpo quemadas.


Lo único que fui capaz de percibir cuando me desperté en aquella nave fue el olor a putrefacción, supongo que de los cadáveres que se encontraban a mi alrededor cuando explotó la última bomba. Soy incapaz de abrir los ojos, noto rígido todo mi cuerpo y el tacto de los gusanos sobre mi piel me produce arcadas. Me obligo a levantarme, ya estoy fuera de peligro, nadie pisará estas tierras devastadas aunque le guerra no haya terminado.
Consigo levantarme a duras penas del pequeño escondrijo que me protegió de la bomba, ver todos esos muertos a mi alrededor, mis amigos, mi vecinos…ninguno de ellos volverá a abrazar a sus seres queridos, todos muertos.

Cuanto mas cerca estoy de la salida, mas me deslumbra la claridad, pero me animo a seguir, ya que quiero irme de aquí con la gente que haya sobrevivido a algún lugar donde nunca puedan hacernos daño. Siento una chispa de esperanza cuando encuentro junto a los supervivientes a James, que vino aquí en cuanto se enteró de lo ocurrido. Cree que he muerto así que cuando me ve no puede evitar acudir hacia mi corriendo, secándose las lágrimas del rostro y me recorre un gran escalofrío cuando me rodea con sus brazos. Pasamos así un buen rato hasta que, sin yo estar de acuerdo, me suelta para que me atiendan los pocos  médicos que han venido a curar a los heridos. Finalmente me coge de la mano y me susurra:

“Busquemos un lugar escondido, una cueva, un islote, cualquier lugar donde estar a salvo hasta que todo termine, no volveré a separarme de ti, voy a quererte por siempre. Esta vez lo más importante somos tú y yo. Aprenderemos a sobrevivir juntos y moriré por protegerte si hace falta, no pienso volver a dejarte sola.”

“volverás a dejarme sola si mueres por protegerme”digo con tono burlón“No sabes cuanto te he echado de menos”


No había nada más que decir, todo estaba dicho. Después de sellar nuestro trato con un  beso, algo tímido y patoso puesto que era el primero de muchos, nos adentramos en las profundidades de la isla, pensando con pena en mi prima y sin saber que batallas nos esperan, pero lo que los dos sabemos es que hay guerras mucho peores y solo le necesito a el para enfrentarme a todo, para que mi mundo esté completo.

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