El ladrón se acerca sigilosamente
a su presa. Las circunstancias por las cuales se ha tenido que convertir en un
personaje tan vil son simples: Intentó demostrar de todas las formas legales
posibles que él, como último heredero de El Bosco, es el único propietario del
cuadro “El jardín de las delicias” y otros muchos. Anhelaba descubrir el
secreto que escondía dicho cuadro en sus entrañas, aquella pista imprescindible
para encontrar el tesoro que han buscado durante generaciones los familiares
del pintor, y para ello necesitaba llevárselo del museo y examinarlo con total
exactitud.
Mientras camina por los pulcros pasillos del
Museo del Prado, recuerda débilmente aquella ultima frase que le dijo su abuelo
antes de morir “Cuando consigas el cuadro de nuestro antepasado, obsérvalo
bien. Solo necesitas eso y el poema que te enseñé”.
Antes de terminar la frase en su
cabeza está frente al cuadro, ha conseguido burlar todos los mecanismos de
detección y abrir todas las puertas, pero no tuvo en cuenta al guardia de
seguridad, ¿Quién lo tendría en cuanta en tiempos tan modernos?...
Cuando su conciencia vuelve a ser
racional y el miedo se le va quitando del cuerpo, está corriendo por las calles
de Madrid, esquivando a los guardias y policías que le siguen. En su época
robar está castigado con al muerte en el acto, sin juicio ni perdón, así que no
tiene otra solución que correr, correr hasta no poder más, correr esquivado
todos los disparos y gases que le tiran para paralizarle. Por fin llega a su
destino, tiene dos tiros en el brazo y en la pierna, sabe que no le queda mucho
tiempo…se desangra.
Su mente se vuelve loca, oye
voces en las calles, voces de gente que quiere su cabeza.
Está dentro de la casa de su
abuelo cuando por fin lo entiende todo. Observa el cuadro y ahí está, en la
parte derecha del tríptico, el arpa.
Une todas las piezas en su cabeza,
no recuerda la primera vez que su abuelo le mencionó que su casa era “mi
jardín de las delicias” y el arpa es
un símbolo que pertenece al escudo de armas de su familia, lo único que le
queda es relacionar el poema con todo lo demás, un poema de Gustavo Adolfo Bécquer
utilizado por mi abuelo expresamente para hacerme mas llevadero resolver el
acertijo que a él le costo tanto revelar:
Del salón en el ángulo oscuro,
De su dueña tal vez olvidada,
Silenciosa y cubierta de polvo,
Veíase el arpa.
Finalmente ha resuelto el misterio de su familia, solo le
queda saber lo que esconde, y dejando un rastro de sangre por la casa, se
acerca duras penas a la esquina del
salón donde su abuelo tocaba el arpa cuando era niño. Detrás de el, en la
pared, se halla un minúsculo dibujo de un arpa en relieve, tan pequeño e
insignificante que no te das cuenta de que está ahí si no lo buscas
expresamente, el escondite perfecto .
Los siguientes acontecimientos suceden muy deprisa, el
hombre pulsa el dibujo de la pared, se oye un sonido al otro lado, en la
estantería, y cuando quiere darse la vuelta para descubrir el final de su
aventura, el secreto de su familia mejor guardado por su abuelo, la muerte lo
envuelve entre sus brazos de oscuridad, impidiéndole ver y llevándoselo
consigo.
Me parece un relato corto con pocas palabras y mucho contenido, expresados sin divagaciones frívolas ni desvíos innecesarios. Emocionante, frustrante el final. ¿Qué sucede al alma atormentada del hombre mientras fenece, impotente ante la imposibilidad de finalizar su tarea? A esa incertidumbre, le digo: chapeau. Un saludo.
ResponderEliminarEste relato es corto porque fue un trabajo libre de clase de literatura y teníamos límite. me habría gustado que fuera más largo... y bueno, no se que obsesión tengo con matar a mis personajes, supongo que estoy cansada de los finales felices y perfectos que no reflejan la realidad.
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