viernes, 25 de abril de 2014

Nostalgia de un Pasado Olvidado, de un Futuro Perdido.

Recuerdo lo mucho que nos gustaba hacer planes juntas... vivir juntas durante la universidad, echarnos novios guapos, que se hicieran amigos, mudarnos al mismo vecindario y que nuestros hijos fueran tan amigos como lo eramos nosotras... Hoy en día no he perdido la costumbre, es más, creo que mareo a mi novio demasiado entre tantos planes.
Amiga, me siento perdida, desmotivada y sin rumbo. Hace unos meses sabía lo que quería y veía mi camino nítido y definido pero al observar como me van cerrando puertas, como carezco de ese apoyo incondicional que tu tenías hacia mi, me doy cuenta de que mi mundo se desmorona. estoy observando día a día como voy cayendo de nuevo...tal y como aquella vez. He perdido el interés por las cosas y cada día creo menos en mi misma y, dime, si yo no creo en mi...¿quién lo va a hacer? la respuesta es muy sencilla. Nadie.
Empiezo a darme cuenta de que fuiste la única persona a la que pude llamar con orgullo "mi mejor amiga" y después de casi seis años sigue rondando por mi mente la idea de que huir de aquel lugar fue el mayor error de mi vida. Lo perdí a él y con el paso del tiempo terminé perdiéndote a ti.

Curiosamente sigo sintiendo ese lazo que nos unía, lo siento en el fondo de mi pecho y, cuando te extraño, ese lazo me anuda la garganta, produciéndome un dolor tan intenso que no me deja respirar pero da rienda suelta a esas lágrimas que tanto me cuesta ocultar últimamente. 
Tengo que admitir que aunque esa idea me ronda por la cabeza, me reconforta saber que por esa decisión he conocido a la persona mas maravillosa del mundo, admito también que no la merezco en absoluto.

Creo que escribir esto me ayuda a mi misma a desahogarme, se que nunca lo leerás, pero necesito decirlo, decir que echo de menos a mi amiga, pues nunca me había sentido tan unida a alguien, tan involucrada en una relación, no sentimentalmente hablando claro, pues era una relación de gran amistad, de amor de hermanas mas bien, pues eso es lo que tu eres para mí, aunque en esa época no lo valoraba lo suficiente como para cuidarlo y conservarlo. 

Cuando me detengo a pensar lo mucho que me duele el necesitarte y saber que no estás ahí, que ya no eres la que eras - pues yo sigo siendo la misma - que no hay espacio para mí en tu mundo, me doy cuenta de que en realidad lo que más me duele no es necesitarte, sino saber que tu ya no me necesitas, pues siempre que caías yo te ayudaba a seguir adelante y nada me hacía más feliz que compartir esos pequeños momentos de alegría entre tropiezo y tropiezo, propios de dos chicas de nuestra edad.

XOXO,  ThirstyImmortal.

¿Qué pasaría si...?

 El caprichoso destino
Para Ashley, cada mañana de su vida se puede resumir en dos palabras: piloto automático. Tal vez sea una manera extraña de describirlo, pero su realidad es así, como si cada mañana al sonar el despertador Ashley presionara un botón para activar las diferentes actividades que debe realizar antes de salir de casa. Completamente dormida se levanta a las siete de la mañana y va directa al baño, recoge su melena lisa, pelirroja y aun sin peinar, con una pinza y tapa con una diadema ancha y elástica su flequillo. Se lava los dientes y mientras usa el enjuague bucal, se echa agua fría en la cara, escupe el enjuague y se seca con la toalla. Finalmente se quita la diadema, se cepilla el pelo y se coloca el flequillo – ya bastante largo – detrás de la oreja. No se maquilla.
 Sale del baño y coge el conjunto de vaqueros básicos, camiseta de tirantes y jersey que cada noche coloca sobre la silla de su escritorio para no tener que pensar qué ponerse cada mañana. Se viste rápidamente y añade a su conjunto algún complemento para añadirle un toque divertido, normalmente un pañuelo o colgante discreto junto con alguna pulsera. Sube la persiana mientras aún es de noche y abre corriendo la terraza para coger sus zapatillas – normalmente Converse – y cierra rápidamente para que no entre frío. Se las pone sentada en la cama, pues no ha sido dotada con el don de la agilidad ni el equilibrio y sale de la habitación cogiendo su bolso mientras ­– susurrando en voz alta – comprueba que no le falta nada.
– Móvil, Llaves, cartera, pañuelos, abono y cacao…perfecto – se dice para sí misma.
Se dirige a la cocina atravesando su salón ­– posando el bolso en el sofá – y  la puerta del baño. Coge un mantel de plástico individual y lo coloca sobre la barra americana de su pequeña cocina, coge la cucharilla del cajón y abre la despensa para coger el bote de cacao instantáneo y la caja de cereales bajos en calorías. Los coloca sobre el mantel y, finalmente, coge la leche de la nevera y su taza del desayuno – grande y de lunares de colores – vierte la leche en la taza y la vuelve a guardar. Se sienta en uno de los dos taburetes y comienza a desayunar, presionando el botón de la televisión para poner un canal al azar y no comer en silencio. Diez minutos después repite el mismo proceso a la inversa, terminando frente al fregadero, lavando la taza y la cucharilla y posándola sobre un trapo situado al lado del fregadero. Sale de la cocina dejando tal y como la encontró. Vuelve al salón, agarra su bolso volviendo a repasar lo que hay en su interior y sale por la puerta, dejando su apartamento vacio y silencioso. Este proceso sirve como ejemplo para explicar la vida aburrida y rutinaria que Ashley lleva desde que se mudo a Nueva York hace casi dos años, pues el resto del día también es así de esquemático, aunque incluyendo alguna modificación como el menú de la comida o la conversación que puede tener con alguna anciana en su lugar de trabajo.
A sus veintidós años, Ashley terminó sus estudios de botánica en la universidad y decidió buscarse un trabajo, mudándose a un pequeño  apartamento en la última planta de un edificio a las afueras de Manhattan,  dejando por fin la casa de sus padres en New Jersey. Durante su primer año fue dando tumbos de trabajo en trabajo comenzando como camarera en una cafetería, en una tienda de yogures helados donde puedes echarles todo lo que quieras o trabajando incluso en el McDonald’s. En estos lugares descubrió que no tenía la capacidad para atender a tanta gente tan rápido sin que alguien acabara con un café en los pantalones o una mancha de kétchup en la camisa. Hoy en día a sus veinticuatro años Ashley trabaja en una floristería tranquila y cercana a una de las entradas a la zona norte de Central Park. Su jefa  Maggie – una emprendedora, de casi treinta años, con melena corta, lisa y rubia – la contrató una tarde mientras conversaba con ella en el Starbucks dónde trabajaba hacía ya seis meses – justo al lado de su floristería – pues ella buscaba un ayudante que tuviera delicadeza con las plantas y en cuanto Ashley menciono sus conocimientos sobre botánica Maggie le ofreció el puesto, que Ashley aceptó casi al instante. Hoy en día ninguna de las dos se arrepiente de esa decisión y se han hecho grandes amigas.
A las siete y media de la mañana de todos los días, Ashley abandona su piso y se aproxima a la parada de autobús que se encuentra en frente de su apartamento. A menos veinte el autobús la recoge y, dependiendo un poco del tráfico y los semáforos de la zona centro de Manhattan, Ashley llega a su destino alrededor de las ocho y cuarto. Una vez allí, se da un paseo de diez minutos y recoge en Starbucks el café de siempre de Maggie: descafeinado con leche desnatada, sacarina y un toque de canela.
Cuando llega a Maggie’s Flowers – pues así se llama la floristería dónde trabaja- se detiene dos minutos a observar como un joven, que está siempre a la entrada a Central Park, rodea con una pompa de jabón gigante a una niña que pasaba por allí. Ashley observa con una sonrisa este momento todas las mañanas antes de entrar y siempre sucede lo mismo: el chico rodea a un niño que pase en ese momento por la calle para ir al colegio, lo despide con la mano mientras se aleja y al girarse para volver al cubo donde tiene el agua con jabón para las pompas, ve como Ashley se gira y entra a la floristería. Todas las mañanas…pero esta vez con una diferencia, esta vez el chico pilla a Ashley mirándolo. Como respuesta inocente el chico guiña un ojo mirando a Ashley y, sonrojada, se da la vuelta rápidamente chocándose contra la mesa, ahora vacía, dónde  ella misma coloca flores de todos los colores antes de abrir la tienda.
En la trastienda se encuentra Maggie, que suele llegar a las ocho para comenzar a preparar las cosas para poder abrir a las nueve.
–Buenos días, Maggie – exclama Ashley mientras las campanitas de la parte superior de la puerta suenan para indicar la entrada de alguien – Te he traído tu café. Te lo dejo sobre el mostrador.
En ese momento Maggie aparece con dos macetas, una en cada mano, con orquídeas de tonos rosados.
– Buenos días Ashley – dice Maggie con su voz alegre y musical – gracias por el café, nunca se te olvida. Algún día coge uno para ti y lo tomamos juntas.
– No es necesario, yo desayuno en casa, pero si quieres un día nos vamos a tomar algo al cerrar. Bébete el café tranquila que yo iré colocando la mesa y el toldo – dice Ashley mientras coge las dos macetas de las manos de su jefa.
– Me parece una excelente idea, además, tenemos que encontrarte un chico con el que poder dar un paseo por Central Park, llevas aquí dos años y no has pisado el parque por esa tontería aunque romántica y dulce promesa que hiciste – exclama Maggie con tono burlón.
– Ya sabes que si no tengo a nadie no es porque no quiera – dice Ashley – aunque es cierto que si no salgo nunca…
– Pues decidido entonces – dice Maggie – el  Viernes salimos a tomar algo.
Terminó de colocar las flores mientras pensaba que tal vez era hora de conocer a alguien y poder cumplir lo que se prometió a sí misma, que no pisaría Central Park hasta que no fuera de la mano con un chico. La mesa estaba inundada de colores azulados, rojos, morados y el verde de las hojas. Ashley colocó el toldo ahora que el sol ya asomaba a través de los grandes rascacielos de Nueva York y entró en la tienda, observando al chico de las pompas de jabón una vez más.
Cuando por fin entró a la tienda, Maggie estaba poniéndose la chaqueta y cogiendo el bolso.
–Ashley, tengo que salir a por la mercancía de la primavera, me han traído de América del sur unas flores preciosas – dice Maggie con ilusión – menos mal que las traen en primavera porque no creo que hubieran aguantado el frío del invierno de Nueva York. Vuelvo en un par de horas, abre tú la tienda y cuando vuelva cerramos y comemos algo.
– Vale, voy a preparar los ramos de flores que nos encargaron para hoy, el primer encargo lo recogen en menos de una hora.
– ¿Podrías cambiar de maceta el romero de la trastienda? – Pregunta Maggie – es que ha crecido mucho y se están saliendo las raíces por debajo.
– No te preocupes, seguro que me da tiempo – dice Ashley.
– Eres un amor Ashley. Hoy te invito a comer, me voy que no llegó a por el encargo… ¡Hasta luego! – exclama Maggie haciendo sonar la campanilla de la puerta.
– Adiós, Maggie – se despide Ashley a tiempo.
Sola en la tienda Ashley se siente tranquila. Le encanta trabajar con Maggie y es una gran amiga, la única que tiene en Nueva York, pero es un verdadero  terremoto y a Ashley eso le parece un agobio. Es cierto que la tienda no es pequeña, tiene doble altura y una trastienda con un patio, pero cuando Maggie está dentro, corriendo de un lado a otro, la tienda parece que tiene dos metros cuadrados. Siempre esta cambiando las cosas de sitio, cogiendo encargos que a veces no podemos atender…pero eso es lo que hace que la tienda funcione, porque su perfeccionismo atrae a muchos clientes.
Son ya las nueve en punto así que Ashley levanta  los estores y le da la vuelta al cartel de la puerta, dejando a la vista la palabra “abierto”
Se dirige a la mesa dónde preparan las cestas de flores, centros de mesa y ramos y mira el encargo que van a recoger a las diez menos cuarto. Un ramo de tulipanes rojos.
- Qué encargo de lo más extraño… ¿Quién regala tulipanes rojos? Lo normal son rosas, claveles…pero ¿tulipanes? – exclama Ashley para sí misma.
Se acerca a los cubos de colores donde se encuentran ya cortados y arreglados los tulipanes de diferentes colores y agarra doce tulipanes rojos. Se dirige hacia las diferentes plantas con flores pequeñitas, blancas y azuladas que le dan juego a la composición del ramo y corta varios tallos que intercala con los tulipanes. Lleva el ramo ya estructurado a la mesa y corta los tallos de diferentes tamaños hasta igualarlos por la parte inferior. Finalmente envuelve el ramo con un papel de plástico transparente cortado en picos para darle forma y coloca en el extremo una cinta roja para agarrar bien todas las partes y decorar. Riza las cintas sobrantes del lazo, creando tirabuzones perfectos. Posa el ramo en la mesa con delicadeza y abre el sobre del encargo con el mensaje de la tarjeta: “Es hora de comenzar algo nuevo. Cásate conmigo, Mary”
– Tulipanes rojos para una pedida de mano…que mala elección. Normalmente escogen rosas rojas o blancas… ¿Se habrá equivocado Maggie al apuntar el encargo? – Se pregunta Ashley algo confusa.
Son ya las diez menos veinte y alguien entra en la tienda. Un hombre de unos treinta años, alto, de pelo corto y moreno.
­– Buenos días – dice mientras se dirige al mostrador.
– Buenos días, bienvenido a Maggie’s Flowers ¿eres el chico del encargo? – dice Ashley con una sonrisa. El chico asiente algo nervioso – muy bien, espera dos minutos que coloco la tarjeta y lo tienes.
Comienza a escribir el texto en la tarjetilla y la coloca en un sobrecito dentro del ramo.
­– Espero que le guste como ha quedado, está recién hecho – dice Ashley llevando el ramo al mostrador y colocándose en el lado de la caja registradora – ¿Qué le parece?
– Es perfecto, tal y como me lo había imaginado, no sabía que me fuera a poner tan nervioso – dice el chico moviendo las manos, sabiendo que ella entenderá a que se refiere después de haber leído la tarjeta.
­­– Seguro que si te has decidido a pedírselo es porque sabes que ella te quiere – dice Ashley.
– Llevamos juntos cinco años y…han sido los mejores de mi vida, si me dice que no… no se que voy a hacer – dice el chico – pero quiero pensar que es un sí.
– Estoy segura de ello… pero tengo una duda – dice Ashley con curiosidad – espero que no te parezca demasiado entrometido por mi parte pero… ¿Por qué encargaste tulipanes rojos? me ha llamado la atención que los hayas elegido porque al ver el ramo no has dicho que no hayamos equivocado.
– Es normal que lo preguntes, yo también pensaba que era raro, normalmente se eligen rosas rojas, pues son el símbolo del amor, pero son las favoritas de mi novia. Cuando nos conocimos en Holanda paseábamos por un campo de tulipanes rojos y me contó que son su flor preferida porque a su alrededor circula una antigua leyenda. Trata sobre un joven que se enamora de una chica que  muere antes de que él pudiera expresar sus sentimientos y el chico se suicida. La importancia de esta leyenda es que el lugar donde la sangre del chico se derramó florecieron tulipanes rojos, convirtiéndolos en un símbolo de amor eterno y verdadero. Esa historia me cautivó y se que es el símbolo ideal para declararme.
– Es una historia preciosa…nunca te irás a dormir sin saber algo nuevo – dijo Ashley emocionada con su historia –  Aquí tienes tu ramo, son veinticuatro dólares.
– Aquí lo tienes. Uffff… allá voy, deséame suerte. Muchas gracias por todo.
– Mucha suerte, que tenga un buen día, seguro que lo será – Exclama Ashley mientras el chico desaparece, dejando la tienda con el leve sonido de las campanillas de la puerta.
A lo largo de la mañana. Ashley fue realizando los diferentes encargos y atendiendo a los clientes habituales de la semana, como una señora mayor que entra en la tienda todos los días a las once y media y compra unas hojas de laurel, un poco de romero, perejil y, cada quince días, se lleva unas orquídeas para decorar su balcón.
Cuando la señora sale de la floristería, Ashley trasplanta el laurel de la trastienda y se pone a terminar el último encargo, un centro de mesa para un cumpleaños familiar. Decide colocar dentro de una cesta mediana de mimbre y sin asa diversas flores de todos los tamaños y colores intercalados entre sí para dar contraste y en el centro colocar una pequeña flor de pascua con grades hojas rojas. Cuando está ordenando todos los componentes dentro de la cesta, alguien entra a la tienda.
­– Buenos días, vengo a comprar un flor – exclamó el chico con voz alegre.
– Bienvenido a Maggie´s – dice concentrada aun en  el centro de mesa – espere en el mostrador y lo atiendo en un momento.
Ashley pensó que no lo había oído, pues el chico decide a subir por las escaleras al piso donde están las flores.
– Los clientes no pueden subir ahí – dice Ashley.
– Sólo quiero coger una flor, la quiero elegir yo, prometo que tendré mucho cuidado – dice el chico con tono infantil.
Ashley levanta la cabeza y reconoce al chico que está arriba eligiendo un clavel rosa. Es el chico que cada mañana observa antes de entrar en la tienda, el chico de las pompas de jabón de la entrada de Central Park.
– De acuerdo, ya la tienes así que baja de ahí y vaya al mostrador – exclama Ashley enfadada – en cuanto termine esto le cobro.
 El chico vuelve a desobedecer las órdenes y en vez de dirigirse al mostrador, se coloca en frente de Ashley, al otro lado de la mesa, cosa que la pone terriblemente nerviosa. Levanta la cabeza y se encuentra la cara del chico – ahora que podía verlos, descubría unos ojos verdes brillantes – a tan solo unos centímetros de la suya.
– Es que es un regalo, y me gustaría que lo envolvieras y pusieras una tarjeta – susurra en voz baja a la chica, como si fuera un secreto.
– No se puede envolver una triste flor así, hay que ponerle algunas otras más pequeñas como decoración – susurra Ashley con tono algo enfadado pero divertido a la vez, dejando asomar media sonrisa.
– ¡Pues perfecto! – Exclama el chico con gran entusiasmo mientras se apresura de nuevo a las escaleras – Quédate ahí que yo mismo las cojo.
 – ¡Quieto ahí! – Exclama Ashley enfadada - ¡te he dicho que los clientes no pueden subir!
– ¿Qué mas te da? Si ya he subido una vez – contesta el chico mientras termina de subir y Ashley se apresura para seguirlo – enséñame cuales debo coger.
– Se cogen tallos de esta planta que tiene flores blancas pequeñas y se ponen alrededor – dice Ashley, cansada de perseguir al chico.
– Ya entiendo, así le das juego y la flor no queda sosa – dice el chico, cogiendo unos cuantos tallos y colocándolos alrededor del clavel – Y ahora…
– Ahora bajamos abajo, tú te colocas en el mostrador y me esperas a que lo envuelva – insiste Ashley por última vez, solo que esta vez el chico obedece, se queda en el mostrador y espera en silencio a que ella termine su flor. Por su parte Ashley decide terminarla rápido para que el chico se marche y deje de molestarla. Envuelve la flor en un papel transparente con una cinta rosa a juego con el clavel y coge una tarjeta – ¿Qué mensaje quiere que ponga?
– Déjame escribirlo a mi – dijo el chico aproximándose de nuevo a la mesa de decoración – los mensajes de las tarjetas son únicos y especiales, por lo que solo deben verlo el que lo escribe y el que lo recibe.
– Muy bien, escríbalo usted entonces – dice Ashley siguiéndole la corriente para que se marche cuanto antes – Toma la tarjeta, un boli y el sobre.
El chico agarra el boli y escribe algo en la tarjeta. Ashley intenta asomarse para leer lo que pone pero el chico se coloca encima para que no lo lea. Finalmente termina de escribir, mete la tarjeta en el sobre y vuelve a mostrador para pagar a Ashley, que lo esperaba allí al ver que no podía leer lo que ponía.
– ¿Cuánto es? – Dice el chico sacando su cartera – espero que no me claves un pico.
– Debería hacerlo por las molestias pero yo no soy la jefa. Son dos dólares con veinticinco centavos – dice la chica, ansiosa por que el chico se vaya.
– Muy bien, aquí tienes – dice, dándole el importe justo – que tengas un buen día…esto ¿tu nombre?
– Me llamo Ashley.
­– Pues que tengas un feliz día, Ashley – dice el chico con una sonrisa deslumbrante.
– Muchas gracias. Que le guste la flor a la persona a la que se la regales – dice como último despido.
Y el chico salió de la tienda. Ashley sintió exactamente lo mismo que cuando Maggie se va, una sensación de paz y tranquilidad que dejan en el ambiente las personas demasiado activas cuando se van. Pero durará poco, pues son las doce y cuarto y Maggie llegará en seguida.
Solo quince minutos después su jefa entra por la puerta, al mismo tiempo que la señora del encargo del centro de mesa se dispone a salir por la puerta satisfecha del resultado.
 – Muchas gracias. Hasta pronto – dice la señora mientras Maggie sujeta la puerta para entrar.
– Gracias a usted – dice Maggie – vuelva pronto, estaremos encantadas de ayudarla.
Y cierra la puerta de la tienda.
– ¿Te puedes creer que me han intentado timar? – Exclama Maggie en cuanto cierra la puerta - ¡me han intentado vender una simple flor que crece en los bosques del sur de Canadá como planta tropical! Es cierto que tienen alguna característica común pero nada que ver. Han estado dos horas intentando convencerme pero al final los he pillado y me he vuelto con las mismas.
– No te enfades Maggie – dijo Ashley para tranquilizarla – ¿Vamos a comer? Me muero de hambre.
– Si, será lo mejor. Tiremos la casa por la ventana, vámonos al nuevo buffet libre de comida asiática que está a dos manzanas y así damos un paseo para abrir boca – dice su jefa sonriente de nuevo - ¿Tú que tal la mañana, alguna novedad?
­– Pues…no, bueno, un chico pesado ha venido y ha comprado un flor y… ¿Sabías que los tulipanes rojos son símbolo de amor eterno? – Dice mientras Maggie pone una expresión de confusión - ¿A que no? Bien, yo tampoco, pero lo son. Vámonos a comer.
Las dos chicas recogen las flores de la mesa y las meten en la tienda, salen y  Ashley cierra el toldo y coloca la varilla al lado de la ventana. Observa la repisa y encuentra el clavel rosa que ella misma había envuelto con desgana y una nota en la que ponía “Para ti, Ashley”. Se giró para ver si el chico estaba enfrente pero ya no estaba, nunca estaba allí cuando ella salía del trabajo para comer. Maggie se acercó con curiosidad.
– Ashley, ¿Qué es eso? ¿Tienes un admirador? – Dijo burlándose un poco de la chica – a ver que pone en la tarjeta.
– Sé de quién es y lo siento, lo compartiría pero el mensaje de una tarjeta es único y especial, algo que solo pueden leer el que la envía y el que la recibe, en este caso yo – dice repitiendo las palabras del chico.
– Ay, Ashley, que rara eres a veces – dice su jefa, que se asomaba a ver si leía lo que ponía, sin mucho éxito.
El teléfono de Maggie comenzó a sonar y Ashley aprovechó el momento para leer la nota en la que ponía: “Para esa preciosa sonrisa que llevaba tanto tiempo queriendo ver. Jesse”
– Jesse… ­- susurró Ashley agarrando la flor. Algo en su interior, como una chispa se había encendido con aquel pequeño detalle que la había sorprendido. Mete la flor en la tienda para que no se estropee y cierran con llave.
­– Me parece que si hay algo que tienes que contarme, señorita ­– dice Maggie nada más colgar el teléfono.
– ¿Quién? ¿Yo? – responde Ashley sobreactuando – No sé de qué me estás hablando.
Y las dos comienzan a dirigirse al restaurante.
Por el camino, y tras mucho insistir, Ashley comienza a contarle a Maggie primero la historia de los tulipanes rojos y el hombre nervioso que iba a pedir matrimonio a su novia.
– Siempre que no estoy pasan cosas interesantes – se queja Maggie - ¿habrá dicho que sí?
– Seguramente – afirma Ashley – sería una estúpida si le dijera que no a un chico así de guapo y atento.
 Estuvo todo el camino intentando dar a Maggie conversación para distraerla pero al final ­– cuando ya habían llegado al restaurante – tuvo que contarle todo lo de Jesse, que es un chico que ve todas las mañanas haciendo pompas de jabón en la puerta de Central Park, que hoy se han mirado casualmente por primera vez y el le ha guiñado un ojo, que ha entrado a la tienda, ha comprado una flor y luego la ha dejado en la repisa para que ella la encontrara.
– Ay nena – dice Maggie, emocionada por la historia – ese chico parece un encanto, mañana tienes que ir y darle las gracias.
– Ni de coña – dijo al instante – he sido muy borde con él porque no dejaba de cotillear por al tienda y toquetear las flores a su antojo. Con lo repelente que he sido…
– Lo entenderá, te ha roto tus esquemas, te imagino desesperada, persiguiéndolo por la tienda para que no se moviera del mostrador, con lo maniática que eres… – dice Maggie riéndose – pobre chico, solo quería elegir él la flor y la decoración porque era para ti, perdía la gracia si lo hacías tu.
– ¿Y yo qué sabía? Yo solo hacía mi trabajo y ese chico me ha sacado de quicio, pero ha sido un detalle…muy bonito – dice apoyando la cabeza sobre su mano – si vieras cómo todas las mañanas hace reír a los niños que pasan por la calle… ¿Qué le voy a hacer? Me gustan los chicos que tienen interés por los niños. Intentaba que no se diera cuenta pero hoy me ha pillado.
– Oye… ¿Y cómo es? ¿Sabes su nombre? ¿Es guapo? – dice Maggie con curiosidad.
– Se llama Jesse y la verdad es que es muy guapo. De lejos no podía verlo bien. Pelo rubio, un poco largo, facciones duras, perfectamente afeitado, no muy alto pero para mí de sobra para llevar tacones – dice Ashley entre risas – Tampoco parece muy fuerte, más bien normalillo pero lo compensa con unos ojos verdes que resplandecen.
– Ashley…Me parece que si no lo quieres tú me lo voy a quedar yo – susurra Maggie después de que las llamaran la atención por hablar demasiado alto – ve mañana a hablar con el, puede que te haya visto borde o lo que quieras, pero aun así te ha dado la flor ¿no? Pues eso es que quiere conocerte.
– Ay no sé… entonces entraría a trabajar algo después – sugiere Ashley  – y no podría comprarte tu café de por las mañanas…
­– Mejor, así nos lo tomamos después y me cuentas que tal – responde Maggie extendiendo la mano hacia la chica – Invitas tu.
– Trato hecho – dice Ashley.
Terminaron de comer y volvieron a la floristería. Por la tarde la tienda está bastante tranquila, no hay casi clientes pero atienden varias llamadas para encargos que terminarán al día siguiente. Se pasan la mayoría de la tarde dejando las flores en los cubos con los tallos bien arreglados para el día siguiente y las riegan bien. También discuten sobre algunas cosas, pues Maggie se empeña en volver a cambiar los muebles de sitio y Ashley se empeña en que así está perfecto – se tiraron hace una sema cambiándolos como tres veces porque no la convencía ninguna posición salvo esta y ahora quiere volverlos a cambiar – porque esta disposición deja un espacio diáfano en el centro de la tienda. Esta razón consigue convencerla y lo dejan todo como está. A las siete y media cierran la tienda, paran en el Starbucks a tomar un café y cada una por su lado vuelve a casa.
Ashley llega a su autobús por los pelos, consigue cogerlo aunque tiene que ir de pie un par de paradas hasta que algunos asientos quedan vacios. Casi no se entera de que ya ha llegado a su parada porque no puede dejar de pensar en Jesse. ¿Se atrevería a ir mañana a saludarlo y darle las gracias? ¿Qué le diría? Durante todo el camino y hasta llegar a casa y encender la tele, Ashley realiza infinidad de versiones del momento y sabe que ninguno de esos será el que sucederá, pues las cosas nunca salen como se planean pero no puede para, está nerviosa, ha comenzado a morderse las uñas – cosa que no hacía desde los veinte años – también está ansiosa, con ganas de ver que pasa, algo ilusionada tal vez porque esto es una oportunidad para cambiar su vida, pues no puede pasarse toda la vida sola. Nada más llegar a casa, se dirige al baño y se mete en la ducha  para ver si así puede relajarse un poco. Después se coloca la diadema y la pinza en el pelo, se arregla las cejas y se echa crema hidratante. Se sorprende a sí misma mostrando interés por su imagen, por querer impresionar a alguien, parecer guapa.
Después de su ritual de belleza nocturno se prepara unos fideos instantáneos para cenar mientras ve en el ordenador el último capítulo de su serie favorita, sentada en el sofá. Después, mientras se prepara un té antes de ir a dormir observa fijamente el clavel perfectamente colocado en un vaso con agua y la tarjeta con el mensaje apoyada delante. Nunca le habían regalado una flor, un regalo tan sencillo y delicado pero que tanto sentimiento puede expresar. Se sintió feliz por ello, porque además, la había elegido él, la que él quería y como él quería y sin comerlo ni beberlo ese delicado regalo había dado de lleno en su corazón, despertando sentimientos que no había tenido.
Cuando termina de hacerse, se bebe el té – verde y con bastante azúcar – a sorbitos mientras le daba vueltas a la tarjeta con los dedos, leyéndola una y otra vez. Por un momento piensa en no ir a darle las gracias, porque, sí, es guapo, parece un encanto, le ha regalado una flor… por lo demás, no se nada de él pero Ashley no ha ido a Nueva York para ver series en su casa por las noches y trabajar en una floristería, quiere un cambio en su vida así que cambia de opinión, deja la taza sobre la pila y se va a dormir sin pensarlo más.
El despertador suena a las siete de la mañana y hace todo tal y como siempre, pero esta vez, se echa una gota de disimulador ojeras – que hacía dos años que no usaba – y se echa brillo en los labios. Sale de casa a toda prisa y coge el bus de siempre.
Cuando por fin llega a su parada y se dirige andando a la floristería, está muy nerviosa, le sudan las manos y le tiemblan las piernas. Para su sorpresa, mientras camina en dirección al trabajo ve que en la puerta de Central Park no hay nadie. Pensó que no había venido pero luego vio que el cubo de agua estaba ahí así que se le quito esa idea de la cabeza.
Camina tan distraída en mirar hacia donde no debe que no se da cuenta de que se pasa la floristería de largo y con ella a Jesse, que la esperaba en la puerta.
­– ¿Me buscabas, Ashley? – dice Jesse. Está apoyado en la mesa, vestido con una camisa de cuadros de tonos azules y unos vaqueros sencillos, mirando a Ashley con una sonrisa y dos vasos del Starbucks calientes en la mano – Te he comprado chocolate caliente por si no te gustaba el café.
­Ashley, en shock porque, por supuesto, no ha pasado ninguna de las versiones que se había imaginado, se acerca a Jesse y coge uno de los vasos.
­– Hola – dice confusa por la situación – gracias, la verdad es que odio el café así que has acertado. Buenos días Jesse.
Se quedaron los dos mirándose unos segundos, Jesse esperaba algo más por parte de Ashley y, al no conseguirlo pregunta apresuradamente:
– ¿Te gustó la flor? La elegí yo mismo – dice guiñándole un ojo – ¿Y el mensaje? Lo escribí yo de mi puño y letra.
– Me encantó ese detalle, muchas gracias, nunca me habían regalado una – dice la chica avergonzada – siento haber sido borde contigo…el mensaje fue…muy dulce.
– No decía ninguna mentira. Llevaba mucho tiempo queriendo ver esa sonrisa – confiesa el chico mientras le da un sorbo a su chocolate caliente – siempre entras en la tienda antes, ayer tuve suerte. Te veo llegar a la tienda y pararte a ver lo que hago cada mañana pero cuando me giro para mirarte…ya no estas.
­– Me gustan esas pompas de jabón gigantes con las que rodeas a los niños – Dice Ashley bebiendo de su chocolate – mmm con vainilla, esta buenísimo.
­ – Esperaba que te gustara – dice Jesse con una sonrisa – Ashley… ¿Me acompañas, nos sentamos a charlar en un banco y hablamos un rato? Sé que tienes que trabajar así que si no puedes no pasa nada.
Ashley tuvo ganas de ir con el, pero debía estar a las nueve en la tienda.
– Supongo…que no habrá problema si vuelvo a las nueve – dice con seguridad – pero nos quedamos por aquí cerca ¿vale?
– Si, cruzamos y nos sentamos en los bancos de Central Park – sugiere Jesse con ilusión
Ashley no dijo nada al respecto, lo dejó pasar pero cuando cruzaron la calle ella se apresuró a sentarse en los bancos de fuera para no tener que entrar.
– Espera – dice Jesse antes de que se siente – acércate aquí. Dame tu chocolate.
Ashley se acercó y puso los pies en una cruz dibujada en el suelo, dentro de un círculo. Le dio su vaso a Jesse y este lo colocó junto al suyo en el banco.
– ¿Qué vas a hacer? – dice Ashley intuyendo lo que iba a suceder.
Y sin decir nada Jesse coge su artilugio – una varilla unida a un aro de plástico – y lo introduce en el cubo de agua con jabón. Después rodea a Ashley en una pompa gigante, uniendo ambos círculos y luego separándolos. Después extiende la mano hacia Ashley. Ella hace lo mismo. Los dos van acercando la mano despacio hasta que se encuentran, estallando la pompa alrededor de la figura de Ashley. Ambos se quedan callados, con una mano junto a la otra y mirándose mientras las calles de Nueva York se llenan de gente, que pasa con prisas y sin darse cuenta de que Cupido ha pasado y ha lanzado una flecha a los corazones de estos dos jóvenes, que comparten ese mágico momento. Cuando Ashley aparta la mirada el momento se rompe, Jesse coge el chocolate de la chica y ella lo coge con agrado.
– Son las nueve – dice Jesse – ¿te apetece cenar conmigo esta noche? Dime a qué hora sales y te vengo a buscar a la tienda. Prometo volver a sorprenderte.
– Estoy impaciente – confiesa Ashley – a las siete y media cerramos la tienda.
– Pues a las siete y media estaré aquí – Se acerca a Ashley suavemente y la susurra – Por cierto, te queda muy bien ese brillo de labios, muy…apetecible. Que tengas un buen día Ashley.
Y Jesse le regala un beso en la mejilla que hace a Ashley estremecerse y cerrar los ojos. Jesse se quedó mirándola hasta que Ashley cruzó la calle y entró en la tienda, el también estaba impaciente por que llegara esa noche.
Ashley entró en la tienda y se encontró con Maggie de frente, impaciente por saber que había pasado.
– ¿Qué tal? ¿Es majo? ¿Te gusta? ¿De qué habéis hablado? – Escupe Maggie sin respirar – Jo, Ashley contesta.
­– Maggie… - empieza Ashley a hablar – me parece que ya no necesito salir el viernes a conocer chicos. Es perfecto.
– ¿QUEEEEE? – Grita Maggie -  O sea, que te gusta. Ay, que fuerte ¿has quedado con el? ¿Cuándo?
– Me recoge esta noche al salir de trabajar – dice Ashley – dice que me va a sorprender.
– A ver, recapacitemos. Habéis quedado, hoy, esta noche, para cenar… Nena – dice mirándola de arriba abajo – ¿No pretenderás ir así?
– Pues… – empieza a hablar, pero Maggie la interrumpe.
– Pues nada – comienza Maggie a hablar – a medio día cerramos la tienda, vamos a tu casa, te ponemos guapa, te arreglamos el pelo y te dejamos la cara deslumbrante ¿Queda claro?
– Si hombre… – dice con sarcasmo – ¿Y la tienda qué?
– Porque cerremos una tarde  no va a pasar nada. Esto es una ocasión especial, después de dos años aquí… ¡has ligado! A las siete y media estaremos las dos aquí, me presento y me voy, lo prometo.
– Maggie…
– Te prometo que solo me presento, quiero darle el visto bueno y me iré. Total, ya me contarás al día siguiente los detalles si te lo…
– ¡Maggie!
– Jajaja. Es broma nena – dice a carcajada limpia – venga, empecemos a trabajar y a las doce nos vamos.
A así hacen, durante la mañana atienden a todos los encargos del día y a los clientes habituales y, a las doce, recogen la tienda, colocan un cartel de aviso de cierre por la tarde y se van juntas a casa de Ashley.
Cuando llegan allí, preparan una ensalada y un par de filetes de pollo con curry, comen en la barra americana viendo la televisión y sobre las cuatro comienzan a hablar sobre la cita.
– Oye – comienza Maggie – no me has contado que ha pasado esta mañana…
Y Ashley comenzó a narrar lo que había pasado sin saltarse ningún detalle. Maggie soltó un gritito cuando se enteró de lo del beso
– ¡Ay, nena que le gustas! – Dice Maggie con emoción – hablemos de lo de esta noche, ¿Qué quieres ponerte?
– Bueno…había pensado ponerme un vestido azul marino que tengo guardado – sugiere Ashley  – y una americana crema a juego con los tacones. El bolso también azul marino.
– Póntelo a ver cómo te queda – contesta Maggie – yo te daré el visto bueno.
Ashley se mete en su habitación y rebusca en el fondo del armario ese vestido que recuerda perfecto para esta ocasión. Cuando lo encuentra se lo pone y da gracias a Dios por no haber engordado ni un gramo, pues el vestido le estaba perfecto. Se puso la americana, los zapatos y decora el conjunto con una gargantilla de oro con su nombre y un reloj color crema con una enredadera de rosas dibujada. Sale de la habitación y Maggie la mira de arriba abajo.
­– Estás impresionante – dice Maggie haciéndola sonrojar – A Jesse se le va a caer la baba en cuanto te vea.
– ¿De verdad te gusta? – Dice insegura – No es demasiado… ¿elegante?
– Es perfecto. Sencillo pero elegante. Quítatelo y date una ducha rápida. Voy a peinarte y maquillarte como a una princesa.
A los pocos minutos Ashley sale de su habitación con una bata puesta, el pelo recogido en una coleta y la diadema puesta. Ambas entran en el baño cuando se ha ido la humedad del agua caliente y Maggie comienza a maquillarla. No aplica base de maquillaje pero si una crema hidratante con color y un poco de corrector para algunas pequeñas imperfecciones. Después añade colores naturales – tonos marrones y color carne –  a sus ojos azules para profundizar su mirada junto con la máscara de pestañas para agrandarla y finalmente coge un pintalabios rojo para colorear sus labios.
– ¡No! – Exclama Ashley cogiendo el mismo brillo de labios de esta mañana y apartándose de Maggie, pensando en lo que Jesse dijo al respecto – no, quiero llevar este.
– Vale, vale – responde Maggie – ponte el que quieras.
Para terminar, Maggie suelta el pelo de Ashley y recoge dos pequeños mechones laterales con una pinza  por detrás y riza su melena con las tenacillas, aplicando laca para que no se deshagan. Se da la vuelta y la mira.
– Te voy a presentar mi preciosa creación – dice mientras da la vuelta a la banqueta para que Ashley se mire en el espejo – ¡ta chan!
– Vaya…Maggie me has dejado guapísima – dice sin dejar de mirarse – muchas gracias.
– De nada cariño, hoy triunfas – dice con una sonrisa – ponte el vestido y vámonos.
A las siete ambas cogieron el bus hacia la tienda, Ashley estaba nerviosa de nuevo e intrigada por lo que pasaría esa noche y por cómo la sorprendería esta vez.
– Voy a llegar tarde – dice apurada – se tarda cuarenta y cinco minutos en llegar.
– Una chica tiene que llegar tarde a la cita – declara Maggie – así la alegría de Jesse al verte será mayor, porque se le habrá pasado por la cabeza que no vas y más con la tienda cerrada.
– Sabia teoría.
Cuando bajan del bus Maggie coge a Ashley y le pellizca las mejillas.
­– ¡ay! – Se queja Ashley – ¿Maggie, qué haces?
– Lo siento, se me olvidó echarte colorete.
Llegaron a la floristería a las ocho menos cuarto y Jesse ya estaba allí esperando. Llevaba unos pantalones pitillo negros que le hacían más alto y una camisa azul marino, a juego con el vestido de Ashley, junto una americana negra. Cruzaron las miradas y ambos sonrieron al verse. En sus miradas podía leerse el deseo, la curiosidad, los nervios y la alegría por verse. Cuando ambos llegaron el uno frente al otro se hizo el silencio.
– Estás increíble – dice Jesse rompiendo el silencio – ya veo porqué estaba cerrada la tienda.
– Culpa mía – interrumpe Maggie – había que ponerla guapa para su primera cita en Nueva York.
– Ella siempre esta guapa – dijo mirándola de arriba abajo – pero ahora está perfecta.
– Por cierto, Me llamo Maggie. Y…bueno… creo que sobro… – dice al ver que ambos jóvenes se están mirando fijamente.
– Encantado Maggie – dice sin dejar de mirar a Ashley – te voy a robar a Ashley esta noche, espero que no te importe.
­– Os dejo chicos, pasadlo bien. Yo terminaré unas cosas en la tienda y me iré. Pásalo bien Ashley – se despidió dándola un beso en la mejilla.
– Hasta mañana Maggie. Gracias por todo.
Y Maggie entró en la tienda, dejándolos allí de pie en silencio, mirándose a los ojos y sonriéndose.
– No sé como decirte lo preciosa que estás – confiesa Jesse – brillas con luz propia.
– Si sigues diciendo esas cosas harás que me sonroje aun más – dice Ashley.
– ¿Y yo? – Pregunta con tono burlón y haciendo poses de modelo –  ¿A que estoy muy guapo?
– Que creído eres… - dice entre risas – pero he de admitirlo, estas muy guapo.
– Eso era justo lo que quería oír – le da un beso en la mejilla y la coge de la mano – vamos a mi coche, que te llevo a cenar.
Caminaron juntos de la mano durante diez minutos hasta el aparcamiento y Jesse abrió las puertas de su Lexus negro.
­– ¡Pedazo de coche! ­– exclama Ashley al ver que las luces del coche se encendían – ¡Es precioso!
– Si quieres te dejo conducirlo – dice Jesse – yo te doy las indicaciones y nos llevas tu al restaurante.
– ¿en serio? – Pregunta emocionada – me encantaría.
Para Ashley la sensación de velocidad en ese coche era genial, recorrió Nueva York a toda velocidad bajo las luces. Atravesó Times Square y por primera vez sitió que vivía en una ciudad tan perfecta como Nueva York. Y todo gracias a Jesse, que no despegó la mirada de la chica ni un segundo.
– Aparca por aquí Ashley – dice finalmente Jesse al llegar a una travesía
Aparcaron cerca de un edificio de 60 pisos, salieron del coche y subieron en el ascensor hasta la última planta. Extrañada, Ashley decide mirar la expresión de Jesse, buscando algo en su rostro que la hiciera desconfiar pero el solo tenía una dulce sonrisa para ella. Entraron por la puerta número 608.
­– Te dije que te sorprendería y aquí estamos – dice Jesse cogiendo a la chica de la mano – Bienvenida a mi apartamento.
Ashley entra y se encuentra un ático de lujo completamente diáfano y con decoración minimalista en tonos oscuros y ocres, con una mesa en el centro con manteles y servilletas rojas y la mesa coronada con un centro de mesa de flores de todos los colores y tamaños. Más allá está la habitación completamente decorada con colores negro, blanco y granate. Una cama enorme se situaba en medio de esta y a su lado dos mesillas de noche, ambas mirando junto a la cama hacia la puerta corredera de la habitación.
­–Este lugar…parece de cuento – susurra Ashley mientras Jesse la abraza por detrás - ¿Has cocinado tu?
­– Sí, y espero que todo sea de tu agrado – susurra Jesse al oído de la chica – después veremos la peli que tu quieras y te llevaré a casa ¿Te parece bien?
– Creo que es el mejor plan que he tenido nunca – dice Ashley acariciando los brazos que la rodean.
Para cenar, Jesse prepara diferentes platos de comida india para todos los gustos, dulces, agrios y picantes, con un montón de salsas y especias. Cenan tranquilos, hablando de cosas típicas de una primera cita, color favorito, película y canción favoritas, sobre sus familias, sus amigos…sobre sus vidas antes de conocerse. Descubrieron que tenían infinidad de cosas en común, dejando claro que el destino decidió su encuentro antes de que ellos se vieran por primera vez. Al terminar de cenar se sentaron en el sofá a tomar un café y un té y  – retirándola un mechón de pelo suelto de la cara mientras se miraban fijamente a los ojos – Jesse Preguntó:
– ¿Crees en el amor a primera vista? Porque estoy enamorado de ti desde el primer día que te vi entrar en la tienda de Maggie.
Y la besó. Primero fue un beso dulce, agradable y conforme ambos liberaban sus sentimientos el beso se iba transformando en una declaración de amor pasional. Jesse agarró de la cintura a Ashley y la cogió en brazos, llevándola hacia la habitación, posándola en la cama suavemente sin dejar de besarla, sucumbiendo ambos al capricho de un destino que hace seis meses hizo que se encontraran.

¿Qué pasaría si…?
Hemos sido testigos de una preciosa historia de amor, tal vez podría ser que a algunos de vosotros os pareciera algo insulsa y predecible, como todas las historias de amor verdadero que solemos presenciar, pero ¿Qué pasaría si todo esto no es más que una invención de una novata futura escritora? ¿Qué pasaría si Ashley fuera una joven manipulable, con mala suerte, y con tantas ganas de amar y ser amada que se dejara llevar por el primer chico que muestra un poco de afecto hacia ella? ¿Qué pasaría si Jesse no es quien dice ser? Esto es lo que pasaría:
Jesse no sería más que un joven obsesionado por una camarera pelirroja de un Starbucks de Nueva York que acabó trabajando en una floristería cercana, por lo que se la volvería a encontrar. El fingiría ser un artista callejero con apariencia amable para ganarse el aprecio de la joven y, tras observar su rutina, conquistarla siendo el hombre que toda chica quiere en su vida, caballeroso, amable, guapo, cariñoso, divertido…
La sorprendería y ella creería que él la comprende, pero en realidad estaba todo estudiado por el depredador para cazar a su presa. Después de eso la invitaría a que acompañara al joven una cena, prometiendo sorprenderla de nuevo y ya solo por la curiosidad sabía que ella asistiría a la cita. Se asustaría al ver la tienda cerrada a la hora acordada por ambos, pero eso solo intensificaría el hambre de Jesse al verla aparecer con un vestido impresionante, dispuesta a enamorarse y dejarse llevar. Se ganaría su confianza dejándola conducir un coche – robado unas horas antes para impresionarla – hasta un apartamento de un ricachón amigo de su padre, de otro país que sabe que no va hasta el verano, y del cual su padre posee un llave para mantenerlo cuidado. Un despampanante ático de lujo dónde poder hablar, cenar tranquilos y fantasear sobre cosas que nunca sucederían. Después de ganarse su confianza y su corazón, se sentarían en el sofá a charlar y escuchar a la joven contarle todas sus aficiones y gustos mientras el finge escucharla. Finalmente, soltar una frase de película que la derritiera y sellarla con un beso. La conduciría hasta la cama y la arrancaría la ropa, dejándola totalmente vulnerable. Y susurrándola al oído las palabras “Eres mía”, pasaría de ser dulce y cariñoso a ser bruto, a forzarla, a hacerla daño. Ella intentaría resistirse, gritando, llorando, moviendo piernas y brazos pero ya es tarde, pues él es demasiado fuerte para una joven como Ashley y, cuando por fin Jesse saciara su sed de sexo, su deseo por tenerla, agarraría un puñal de debajo de la almohada y terminaría con la vida de una pobre chica que solo quería sentirse especial, que quería caminar de la mano por Central Park con un chico que la quisiera y vivir lo que cualquiera chica. Una joven que soñaba con casarse, con encontrar a esa persona que se acaba convirtiendo en tu mejor amigo, en tu cómplice y confesor, que te protege y que te comprende. Pero ella lo deseaba con tantas fuerzas que confiaría demasiado, dejándose llevar por el primer chico que la mostrará algo de afecto y por ello, perdería la vida. Caería en las garras de un desgraciado joven, enfermo y loco que se obsesionaría hasta conseguirla y silenciar la única voz de lo que sería un terrible episodio para siempre. Pues ni siquiera su verdadero nombre sería Jesse y nadie cercano a Ashley conocería nada de él salvo el clavel rosa que un día regalaría a la chica.

Es curioso como se puede girar el hilo de una historia tan tétrica y desagradable convirtiéndola en algo romántico que derretiría el corazón de cualquiera, pues hace dos días escuché en las noticias que encontraban el cuerpo sin vida y con tres mortales puñaladas de una joven de veinticuatro años llamada Ashley. La hallaban tumbada, desnuda y rodeada de sangre, en la cama del apartamento del último piso de un edificio del centro de Nueva York, dónde se encontraba aparcado un coche robado – con las llaves puestas –  y sólo las huellas de la joven, sin pista alguna del culpable.

domingo, 6 de octubre de 2013

Alexis

Siempre he pensado que todo cuento que se precie debe empezar por “erase una vez”. Tiene que tener una apasionada historia de amor, valientes caballeros, monstruos horribles y princesas que se limitan a esperar a su príncipe encantador; Uno de los lugares principales debe ser un bosque encantado o un castillo con torres elevadas,  tejados de colores y grandes ventanas con balcones, un gran puente levadizo que poder atravesar galopando a caballo y este debe estar sobre el filo de un acantilado; Y no podemos olvidarnos de ese terrible dragón que lo custodia a toda costa, protegiendo a la princesa de indeseados.
 Tampoco pueden faltar los finales felices sellados con un beso de amor verdadero por parte de los protagonistas después de una trágica lucha bajo una tormenta en la que parece que se va a acabar el mundo, la muerte de seres queridos y heridas graves para aprender que a pesar de nuestras perdidas la vida sigue y hay que luchar por ser feliz.

En mis pensamientos siempre había espacio para la magia, esa energía extrasensorial que era capaz de conseguir todo aquello que anhelaban nuestros deseos más profundos o lo que se encuentra en el fondo de nuestro corazón bajo capas y capas de motivos que daban todo aquello por imposible.

Por último, pero no por ello menos importante, me falta describir lo último que veo necesario. Todo protagonista que se digne a estar a la altura para los lectores de su historia, no sería nada sin su  némesis, su otra cara de la moneda, enemigo, lado oscuro, como lo queráis llamar. Así es, me estoy refiriendo a la figura antagónica que tiene como único objetivo el fracaso del personaje principal, hacerlo sufrir hasta derrotarlo, y todo esto puede ser por celos, traumas infantiles, ambiciones ocultas o por diversión por hacer el mal. Sea cual fuere el motivo que empuja al antagonista a hacer lo que hace,  aunque nunca consiga su objetivo, no puede faltar.

Este cuento no carecerá de ninguna de esas cosas aunque, desde otra perspectiva diferente  porque, en esta ocasión, vais a vivir mi historia, la historia de por qué el malo del cuento es como es y todo ello desde su punto de vista. Descubriréis por vosotros mismos si es verdaderamente tan malo o por otro lado, merece una oportunidad en el mundo. Bienvenidos a mi cuento.

Erase una vez, en un mágico lugar llamado El Valle de Uchawi, el poderoso rey William VII –un hombre alto, de piel morena, grandes músculos y media melena castaña– vivía en su flamante castillo, rodeado de todo tipo de privilegios y de sus seres más queridos. Su mujer, la reina Lauren –pelirroja, de tez blanca y ojos castaños– y sus dos hijos, el príncipe Axel de nueve años –una copia exacta del rey a excepción de su tono de pelo, que tiraba más bien a castaño caoba–  y la pequeña Alexis de cuatro, la niña más adorable que había existido. Rubia, melena larga y ondulada, piel clara y la sonrisa de un ángel.
Ambos niños eran educados con igualdad y por el mismo mentor, el señor Jasiri, que a parte de ser el mentor de los niños, era también el mago de la corte y maestro de magia de Alexis. Sólo una vez cada cincuenta años nace un bebé con ese don y por ello, el actual y único mago es el encargado de la educación y la enseñanza de la magia.
Según las leyendas de Uchawi, aquellos que nacían con este don estaban destinados a hacer grandes cosas – malas o buenas – y por ello llegaría un momento en el que tendrían que renunciar a lo más importante de su vida por esa hazaña que los convertiría en héroes o villanos hasta la senectud.  En el caso de Jasiri, tuvo que renunciar a su deseo de ser caballero de la corte real para dirigirse al Bosque de Zenón – lugar rebosante de vida y de fantásticas criaturas como hadas, unicornios, ninfas, sirenas y centauros – a las afueras de Uchawi para con sus poderes crear un campo de fuerza que detuviera el avance de un dragón de fuego que dejaba todo arrasado por las llamas a su paso y que amenazaba con destruir lo poco que quedaba del Bosque de Zenón y  El Valle de Uchawi.
 Este hecho hizo que Jasiri, aunque era joven cuando le tocó lidiar con su destino – sólo tenía diecisiete años y no había terminado su formación como mago – perdiera una pierna por utilizar parte de su energía vital en lugar de la que circula por el aire para asegurarse de hacer el campo de fuerza más rápido y potente. Eso le costó su sueño y aunque ahora es un héroe adorado en Uchawi, no hay una noche en la que no se despierte soñando con él mismo, reflejado en el espejo y vistiendo la armadura de caballero.

Durante sus primeros años de la infancia, Axel y Alexis se querían como verdaderos hermanos y sus padres se sentían orgullosos de cómo Axel cuidaba de la pequeña Alexis. Cada noche se quedaba con ella y la tocaba sencillas melodías al piano hasta que se dormía, la enseñó a nadar y montar en bici. Esas pequeñas cosas hacían que ambos estuvieran muy unidos.
Un día, cuando Alexis tenía ya seis años, Axel y Jasiri fueron sorprendidos por la niña mientras estaban en la sala de juegos enseñándole a sumar con peluches.
– A ver, hermanita, si yo tengo dos ositos de peluche – dijo Axel por cuarta vez con tono de desesperación – y Jasiri tiene cuatro, ¿Cuántos ositos tenemos?
– Siete – respondió  segura y decidida mientras observa la estantería del otro lado de la habitación.
– No, Alexis – intervino el maestro – son seis… ¿no lo ves? – exclamó mientras colocaba en fila los seis ositos de peluche.
– No, son siete – insistió Alexis sin quitar la vista de la estantería.
– Alexis, dos más cuatro son seis, no siete – repitió Axel casi enfadado con su hermana.
En ese momento, El séptimo osito de peluche comenzó a flotar desde la estantería y terminó cayendo en los brazos de Axel, dándole antes un golpe en la cabeza.
– ¿Veis como eran siete? – Exclamó la pequeña mientras Jasiri la miraba perplejo y Axel se levantó corriendo a hacerla cosquillas.
– ¿y desde cuando eres tan lista y sabes hacer flotar las cosas? ¿Acaso sabes hacer magia?
– Jajaja ¡para Axel! Jajaja.
– Precisamente, eso es lo que sabe hacer – dijo el maestro de los niños todavía sorprendido – Alexis, me parece que tienes el don de la magia. Voy a hablar con vuestro padre para empezar a instruirte cuanto antes.

El rey William decidió que la niña empezara a entrenarse en el ámbito de la magia una vez que aprendiera algunas las normas de protocolo real, a leer y escribir perfectamente como mínimo; y que continuaría estudiando algo de música, danza o idiomas y matemáticas junto a Axel para cultivar su intelecto, compaginándolo con sus clases de magia.
– Va a ser una gran mujer, estoy seguro  – dijo Jasiri sentado en el escritorio de su despacho mojando la pluma en el tintero con una gran sonrisa mientras asoma los ojos por encima de las gafas para dirigirle una mirada a William.
– ¿y que pasa con la profecía? ¿Le contarás la verdad? Nos odiará si lo hacemos… – dijo el rey algo angustiado y moviendo las manos nervioso.
–Ya sabes que yo ya no soy partidario de lo que hiciste hace seis años. Las cosas se podrían haber solucionado de otra manera – Replicó Jasiri –  pero aun es joven, solo tiene seis años y no estamos seguros hasta que ella cumpla veintiuno, pero si me la llevara lejos...
– Te recuerdo, Jasiri – interrumpió el rey – que la traición en este reino se paga con la muerte.
 – Dejemos entonces que disfrute de su infancia. Después decidiré qué contarle…y qué callarme – declaró finalmente Jasiri.

De ese modo, la pequeña Alexis estudió para aprender a ser una señorita educada con entusiasmo para empezar a desarrollar su magia cuanto antes. De vez en cuando, cuando se ponía nerviosa, algo se rompía o apagaba las luces de la habitación con magia pero Jasiri conseguía controlar esos impulsos. Finalmente, al cumplir los nueve años, recibió su primera clase.
– Bueno Alexis, hoy es tu primera clase y lo que te voy a enseñar es, en primer lugar, cuales son los poderes comunes de los magos, y segundo, vamos a conocer que elemento domina en tu interior. Debes saber, que cada cincuenta años nace un mago en estas tierras que tiene el poder de mover cosas con la mente – confiesa el mago elevando una de las bolas de cristal de la estantería – como hiciste la primera vez. También somos capaces de ver en forma de humo de diferentes colores los sentimientos de una persona – El amor, rosa; la envidia, azul; la ira, negro… – y cómo estos pueden llegar a apoderarse de ella; crear campos de fuerza que nos defiendan o ataquen al enemigo y podemos realizar hechizos del Libro de Encantamientos creado por el primer mago, rey y fundador del valle, el gran Uchawi.
– ¿Uchawi? – Dijo Alexis extrañada –  ¿qué significa?
– Significa “mágico” en una lengua antigua, supongo que por eso los dioses lo eligieron para ser el primero. Bueno, como dije antes, a parte de esos poderes, cada mago es capaz de controlar uno de los cuatro elementos en particular, ¿Sabes cuales son?
– Emm…tierra, agua… aire y… no recuerdo el último – exclamó la niña mirando al suelo.
– Y fuego. De acuerdo, vamos a comenzar el ritual para conocer el tuyo.
Jasiri, vestido con una túnica hasta los tobillos azul grisácea con bordes, costuras y dibujos plateados se levantó del escritorio y, haciendo un simple gesto con las manos, los muebles empezaron a apartarse, dejando el centro de la habitación diáfano.
– Acércate, Alexis – La niña algo asustada y nerviosa comenzó a caminar hasta el centro de la estancia – Ahora quiero que cierres los ojos y pienses en el mar, imagina que estás nadando en el, sumérgete en esa sensación de ligereza que produce el estar flotando en el agua salada.
Mientras la niña hacía lo que el mago decía desde el otro extremo de la habitación, Jasiri miraba el Libro de Encantamientos y elevó las manos para rodearla con una burbuja gigante.
– Muy bien, continúa pensando en ello y abre los ojos. No te asustes.
Alexis abrió los ojos y se observó a sí misma en el reflejo de la burbuja y a la vez veía lo que se encontraba fuera.
– Perfecto, ahora quiero que intentes salir de la burbuja, si lo consigues dejándola intacta, significa que el elemento que podrás controlar será el agua.
– No me va a hacer daño ¿verdad?
– Tranquila, lo peor que te puede pasar es que parezca que te has bañado en la piscina con ropa puesta, como hacéis todos los años Axel y tú el primer día de verano – Exclamó entre risas.
Terminaron los dos de reírse y Alexis dió un pequeño paso hacia la burbuja, dispuesta a atravesarla sin problema. Extendió su brazo hacia la pared de agua y, en el momento en el que el dedo índice rozó la estructura de la burbuja, esta precipitó sobre la niña para finalmente terminó todo el agua extendido por el suelo. 
– Me parece que el agua no es mi elemento, maestro – dijo Alexis cubierta de agua de pies a cabeza.
– Yo opino lo mismo, probemos con el fuego – El anciano hizo un movimiento circular con la mano y Alexis volvió a estar vestida y peinada a la perfección – Esta vez, quiero que pienses en el invierno, en como te acurrucas en el sillón con tu padre mientras observas las flamantes llamaradas que surgen de la chimenea, suben, bajan y chisporrotean. Extiende la mano y no dejes de pensar en ello, en el calor y la fuerza del fuego, capaz de destruir cualquier cosa.
La niña hizo exactamente lo que Jasiri dijo, no dejó de pensar en el estado de hipnosis que produce mirar al fuego, esa cálida energía que genera una simple llama, pero cuando extendió la mano, lo único que sucedió fue que una débil y pequeña chispa explotó encima de su mano, desapareciendo casi al instante.
–  El fuego tampoco es lo tuyo… – exclamó el mago con cierto desdén – qué raro, el fuego y el agua son los mas comunes, yo mismo soy de agua. Los de tierra y aire se dan muy poco.
Se notaba en el ambiente cómo Alexis se ponía cada vez más nerviosa porque no lograba encontrar su elemento. Temía no poder llegar a ser una buena maga.
– Alexis, deja de preocuparte. Estoy seguro de que va a salir todo bien – Dijo Jasiri al ver la expresión de la niña – Abre las ventanas y vuelve a colocarte donde estabas.
La fresca brisa entró en la sala y la situación pareció relajarse. Alexis volvió al centro y se colocó frente al mago.
– A continuación te voy a pedir que recuerdes aquel día que os llevé a Axel y a ti de excursión al Bosque de Zenón. Piensa en la gran colina que subimos y que, cuando llegamos arriba me dijiste que te transformara un pequeño pájaro  para cruzar volando a la colina de enfrente.
Inconscientemente Alexis cerró los ojos, extendió los brazos y elevó la cabeza. Lista para echar a volar. En ese momento una ráfaga de viento se coló por las ventanas y generó un remolino alrededor de Alexis hasta levantarla del suelo.
El mago observó a la niña con fascinación y alegría pues por fin había ayudado a un futuro mago a encontrar su elemento tal y cómo lo hizo su mentor cuando era joven.
Alexis comenzó a descender lentamente y abrió los ojos.
– Felicidades Alexis, tienes el poder del aire en tu interior – exclamó Jasiri con alegría – Podrás manejar los vientos a tu antojo, mover y hacer formas con las nubes, ayudar a los barcos de tu padre a salir del puerto con éxito y muchas cosas más.
– ¿Y podré volar? – Exclamó la niña entusiasmada.
– Podrás, yo te ayudaré a que controles tus poderes para que seas capaz de volar ayudándote de las corrientes de aire – Afirma Jasiri con una sonrisa – Creo que es suficiente por hoy, vete con Axel a preparar la clase de matemáticas de hoy y en una hora voy.
–Vale, luego nos vemos, maestro – dijo Alexis haciendo una reverencia y salió de la habitación.

Pasaron los años y Alexis siguió aprendiendo magia. Empezó por cosas sencillas como encender velas con la mente y utilizar el aire para apagarlas y así controlar la fuerza con la que lo utilizaba, mover objetos de un lado a otro de una sala o atarle a Axel los cordones de los zapatos entre sí y conseguir que tropezara.
Axel no solo fue su objetivo número uno para juegos y bromas, también fue su gran apoyo cuando Jasiri la exigía demasiado con respecto a la magia o cuando el rey era demasiado rígido a la hora de seguir compaginando sus clases de magia con las de idiomas, música etc. Axel era el que siempre estaba ahí para abrazar a Alexis cuando ella no podía más y se echaba a llorar o el que le llevaba un vaso de leche caliente con miel los días que se quedaba hasta tarde estudiando hechizos en el despacho de Jasiri. Un día la sorprendió dormida sobre el libro y él la cogió en brazos para llevarla a su habitación y meterla en su cama.

Cuando Alexis tenía ya veinte años era capaz de teletransportarse a cortas distancias, se sabía de memoria más de trescientos hechizos, hacerse invisible y, no solo utilizar las corrientes de aire para poder volar ella, sino también consiguió hacer volar a Axel, la reina Lauren y al rey si este lo hubiera deseado, pues le daban miedo las alturas.
Alexis ya no era una niña sin ningún conocimiento, era una señorita educada, apta para luchar – pues con doce años empezó a hacer esgrima –  muy buena en física y tocaba el arpa y el violín casi con los ojos cerrados. La reina Lauren estaba orgullosa de ella, pues ella misma se había asegurado de que fuera en un futuro una buena madre y esposa enseñándola a comportarse debidamente como tal. Al mismo tiempo, Axel – que acababa de cumplir veinticinco años – era ya un caballero de la corte de su padre, listo para ascender al trono cuando su padre, el rey William VII falleciera pero a pesar de todo, ambos seguían tirándose juntos con la ropa puesta el primer día de verano, como aquel verano de sus veinte y veinticinco años.

Una mañana calurosa de mediados de verano, Alexis se dirigió a su última clase de magia con Jasiri, que ya era un anciano venerable preparado para retirarse y dejarle todos sus cargos a la joven. Axel ya estaba desposado con la princesa de uno de los reinos vecinos. Su nombre era Janice y, aunque a Alexis no le caía del todo bien, iba a ser la futura madre de su sobrinito así que no tuvo más remedio que aceptarla. En cuestión de meses, Alexis se convertiría en miembro de la corte, maga real, educadora del hijo de Axel, consejera personal del rey – o así lo quiere Axel cuando ascienda al trono – y, en unos años se le sumará la tarea de educar a su sucesor, pues Jasiri ya era un anciano cansado y con ganas de disfrutar de sus últimos años tranquilo y probablemente fallecería antes.
Pensar en todo aquello hacía que la joven se sintiera agobiada y asustada, así que decidió disfrutar de su última clase con Jasiri y no pensar en nada más.
– Buenos días Alexis – Exclamó el mago desde su escritorio – Hoy es un gran día, vayamos a dar un paseo, tengo cosas que contarte que creo que debes saber. Dejaré aquí dos copias nuestras para que no sepan donde estamos. Puede que después de lo que te enteres hoy corramos un grave peligro ¿Estás preparada?
– Sí, maestro – susurró Alexis muy confundida.
Se dirigieron sin ser vistos a la entrada del Bosque de Zenón y entraron en una cueva que se ocultaba detrás de un árbol hueco. Ambos se sentaron el uno frente al otro y Jasiri podía ver la confusión y el miedo de la chica – de ojos cada vez más oscuros – en forma de nube de color verde oscuro.
– Alexis…quiero que sepas que si te cuento toda la verdad correremos un grave peligro y probablemente tendremos que huir de aquí, eso dependerá de ti. Prometo llevarte a un sitio seguro y cuidar de ti hasta mi muerte pero si no quieres conocer la verdad que rodea a tu familia, sal de esta cueva y vuelve a tu vida, pero no será la que tú misma decides, será la vida que los que te rodean han planeado para ti casi desde que naciste.
El espíritu del aire comenzó a aflorar en el alma de la chica y sentía la necesidad de conocer toda la verdad y ser capaz de dominar ella su destino y su vida. Durante un segundo tuvo el impulso de salir corriendo con sus padres y su hermano, a los que tanto quería, pero algo en su interior gritaba que debía quedarse y, si tenía que huir lejos de allí, volaría con su maestro a donde los llevara el viento, a conocer otros lugares y reinos.
– Maestro, me gustaría conocer toda la verdad. Estoy lista para huir de aquí si la situación lo requiere – dijo Alexis con decisión.
– De acuerdo, has de saber que nada de lo que te voy a contar es fácil de asimilar. Vas a tener que abrir la mente y comprender que todo lo que conocías hasta ahora se va a desmoronar y por favor, no digas nada hasta que no te lo cuente todo.
 Jasiri se puso muy serio de repente y comenzó a narrar toda la verdad. Alexis escuchó atenta sus palabras, y esto fue lo que contó:
“hace casi veintiún años, los reyes William y Lauren tenían unos consejeros reales – que acabaron siendo un feliz matrimonio –  a los que se sentían muy unidos. Sus nombres eran Michael y Elisabeth. El rey comparaba Michael con el hermano pequeño que nunca tuvo, estaban siempre juntos y confiaban plenamente el uno en el otro. Doña Lauren trataba a Elisabeth como a su igual y aceptó con orgullo su matrimonio con Michael al igual que el embarazo de la joven – Que tan solo tenía veinte años en ese momento – Pero no la importó, y yo mismo me encargué de cuidar a Elisabeth durante su embarazo a la vez que al pequeño Axel. Por desgracia, no todo es de color de rosa…
Una mañana  de verano – La mañana de su cincuenta cumpleaños – me  encontraba con Elisabeth en la biblioteca leyéndole un cuento a Axel y a su bebé, que nacería en  otoño, todo era perfecto en la normalidad de la rutina dónde ambos jugábamos con Axel, paseábamos por los jardines y cuidaba de Elisabeth para que no la pasara nada mientras Michael estaba con el rey. Pero esa noche el futuro vino a llamar a mi ventana y la profecía de mi futuro sucesor me fue revelada. Me sumergí en un estado de inconsciencia donde vi como una joven maga, junto a la ira oculta en su interior de sus padres asesinados, utilizaba sus poderes mágicos para asesinar a la familia real y convertirse en una reina poderosa y oscura tras cumplir los veintiún años.
Al principio pensé que solo había sido un sueño de una noche de verano más, pero cuando llegó el otoño y Elisabeth alumbró a una niña – de pelo negro como su madre pero con unos ojos claros dignos de admiración – me asusté. Empecé a vigilar al matrimonio de cerca, con miedo de que su bebé fuera la niña de la profecía. En lugar de eso, descubrí que el joven Michael tenía un plan secreto junto a algunos caballeros para derrocar al rey y asumir el poder del reino junto a su mujer y su heredera.
En cuanto lo supe decidí contarle al rey los planes de Michael – olvidándome por completo de aquel sueño incoherente –  y, en el mismo momento en el que el rey William se enteró de lo sucedido, comenzó a hacer un plan de defensa junto a mí y sus caballeros de máxima confianza para que no les pillara el ataque por sorpresa.
El rey envió a Doña Lauren y al príncipe Axel  junto a mí y la hija de los traidores a una casa a las afueras del valle para mantenernos a salvo cuando recibió el aviso de que Michael planeaba matarlo esa misma noche.
Tras horas de espera, el rey William regresó a la cabaña a por nosotros – herido en un brazo y con algunas heridas leves – y nos contó que se adelantó y prendió fuego la  habitación donde los traidores dormían…con Elisabeth dentro. Nos contó también que los gritos de la mujer desesperada por salir resonaron por todo el castillo y, cuando Michael se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, corrió a salvar a su esposa, pero ya estaba muerta. En su lugar se encontró con William y se batieron  en duelo hasta el agotamiento. Finalmente, en un momento de distracción y debilidad el rey le atizó el golpe definitivo.
Apenas unos segundos después de que William terminara de hablar, observé como una nube negra rodeaba a la niña, apoderándose de ella, haciéndola llorar y tiñéndola los ojos a juego con la noche y la nube de humo que la cubría. Estaba claro que esa niña sería la que derrotaría a los reyes. No podían matarla así que el mago buscó la solución más sensata.
 Encerró la ira de sus padres en lo más profundo de su alma con un hechizo muy potente – lo que devolvió su color de ojos a la normalidad y tiñó su pelo de rubio claro y brillante, pues guardé en su alma todo signo de oscuridad que poseía la niña –  con la esperanza de que nunca saliera a la luz. Borró y manipuló los recuerdos de Axel para que nunca sospechara nada.
William y Lauren se comprometieron a cuidarla como si fuera suya para impedir que aquella niña indefensa y sola a la que los monarcas llamaron Alexis  fuera la que conduciría al caos hacia el reino del Valle de Uchawi”.
Cuando el mago terminó de hablar Alexis seguía callada, mirándolo fijamente. No sabía qué pensar ni qué sentir después de todo eso. En cuestión de minutos descubrió que había sido engañada, manipulada y hechizada para evitar que ella cumpliera con aquello para lo que había nacido. Su mundo cayó cual castillo de naipes tras un ligero suspiro. Pasó de ser una gran maga con futuro a ser una joven huérfana adoptada por los asesinos de sus verdaderos padres. Criada bajo un hechizo que escondía todo lo malo en su alma para proteger a los de su alrededor, comprendiendo entonces el significado de su nombre. “Protector”. Eso es lo que significa el nombre de Alexis, elegido como anillo al dedo.
– Maestro…no lo entiendo ¿Significa esto que algún día mataré a todos los que creía mi familia? – Susurra desde el otro extremo de la cueva – Estoy confusa… me gusta mi vida actual y quiero a mis padres pero…mataron a los verdaderos. Podrían haberlos desterrado, encerrado…y en lugar de eso decidieron no ser flexibles y matarlos sin explicación alguna. Se supone que estaban unidos…
– Lo sé Alexis… pero si algo no soporta el rey es la deslealtad y la traición. Con el paso de los años he comprendido que esos hechos no deberían haber sucedido así…hablé con tu padre, con el rey William, para decirte la verdad pero se negó a hacerlo, temía que los odiaras y liberar esa ira que guardas en tu interior, por tanto, al revelarte yo esto, lo estoy traicionando y como lo descubra, seguiré el mismo camino que Michael y Elisabeth
– ¿Y Axel? ¿Qué sabe el de todo esto?
– Axel está al corriente de todo, se lo contamos cuando alcanzó la mayoría de edad – dijo Jasiri – prometió hacer como si nada. Para él tú eras su hermana por encima de todo.
Alexis no podía dejar de pensar en la mentira que había vivido. Pensó que tal vez era hora de comenzar una vida sin mentiras.
– No quiero volver nunca más – confesó la joven tras una larga pausa –  Si vuelvo, descubrirán enseguida que sé la verdad, te matarán y yo acabaré matándolos a ellos.
– Llevo varios meses pensando en contártelo y contemplando la posibilidad de que esto pasara.
– Somos magos poderosos, podríamos con el – Exclamó la joven.
– Ya no. El rey posee una Medalla de Vida, lo protege de todo lo mágico. Se la di hace años para que no pudieras con él si te revelabas, cuando estaba de su lado. El rey no es malo, pero ya no estoy de acuerdo con su forma de pensar. Solo quiso proteger a su familia y por eso estuve de su lado – Prosiguió Jasiri – pero ahora  lo mejor será que huyamos a una casa que poseo al otro lado del bosque. Allí viviremos tranquilos y lejos de la posibilidad de que su majestad pueda encontrarnos.
Partieron hacia su nuevo hogar con lo puesto, no necesitaban llevarse nada pues Jasiri lo tenía todo preparado. Habrían tardado dos días en cruzar el bosque a pie, pero lo atravesaron volando en poco más de una hora. Llegaron a una pradera con un pequeño lago con cascada en el extremo izquierdo y a la derecha  una pequeña casita de piedra de una planta aguardaba a lo alto de una colina. Era un lugar mágico y encantador, perfecto para dos magos. Usaban la magia para casi todo. La vida era fácil y les sonreía, tenían un huerto y unos animales para poder alimentarse, y Alexis tenía una yegua con la que salía a pasear por la pradera.
Pasaron dos meses y el otoño iba ganándole terreno al verano hasta terminar con él. A pesar de los cambios ambos se sentían felices. Para Alexis, Jasiri había pasado de maestro a casi un padre, en alguien en quien poder confiar ciegamente, pues había sido el único que le dió la libertad a través de esas verdades que cambiaron su vida.
Una mañana la joven estaba practicando junto a la cascada a mover piedras pesadas del fondo del lago con un nuevo hechizo. Cuando llegó la hora de comer se apresuró hacia la casa para preparar la comida y pasar un rato junto a la chimenea con Jasiri. Entró y se percató de que todo estaba demasiado tranquilo. Una tarta de cumpleaños asomaba desde la encimera de la cocina. Llamó a Jasiri pero nadie contestaba así que pensó que estaría fuera dando un paseo, pero la palabra que destacaba sobre su tarta de los veintiún años la hizo cambiar de opinión: “Traidores”.
Desesperada, recorrió toda la casa hasta que observó que el sillón de orejas estaba mirando a  la chimenea – justo de espaldas a la puerta de entrada en lugar de su posición diagonal de siempre – y recorrió con la mirada una mano que caía del reposa brazos hasta llegar a unas gotitas rojas que goteaban al ritmo del segundero del reloj de pared. Tic… tac…
Se acercó susurrando el nombre de Jasiri, dió la vuelta alrededor del sillón y se encontró a su maestro inconsciente y con cortes por todo el cuerpo. Su sangre se extendía por el suelo cada vez más rápido.
– ¡¡NOOOO!! – Gritó Alexis mientras las lágrimas le impedían ver lo que el rey había hecho.
Lo habían estado torturando, haciéndole esos cortes  uno a uno. Comenzó a hacer un hechizo de curación inmediata extendiendo la mano por sus heridas pero era tarde. Ese hechizo no revive a los muertos, solo cura a todo aquel que contenga en su interior al menos un suspiro de vida, un suspiro del que Jasiri carecía.
– Ni siquiera he podido decirte adiós… ¿Por qué nos ha hecho esto? No pretendíamos volver… no íbamos a hacer daño a nadie – susurra la chica sobre el cuerpo sin vida del maestro hasta quedarse sin habla.
Mientras lloraba la muerte de Jasiri, toda su ira junto a la de sus padres iba resurgiendo desde lo más profundo de su alma, tiñéndola el pelo de negro, devolviendo a todos los rincones de su cuerpo su naturaleza oscura. Se había convertido en un ser cegado por el ansia de venganza, rodeada de una gran nube de humo negro y remolinos grises.
Llevó el cuerpo sin vida de su maestro – utilizando el hechizo con el que hace unas horas movía piedras del lago – hacia un pedazo del jardín que quedaba sin cultivar, y lo enterró allí sin usar magia. Tardó horas en cavar la tumba, sin dejar de llorar por la rabia, el odio y la tristeza, con toda la ropa manchada con barro y sangre. Ni siquiera se enteró de que había empezado a llover.
Cuando terminó se dirigió sin pensarlo hacia el castillo, no fue a pie ni a caballo, pues tardaría horas, sino que utilizó la ventisca de la tormenta para moverse a gran velocidad por el cielo. Atravesó nubes y esquivó a los pájaros que huían del centro de la tormenta para terminar por fin en la torre de vigilancia del castillo, dónde aniquiló sin reparo y con sus propias espadas a los vigilantes, que no se esperaban un ataque aéreo. Descendió por las escaleras destruyendo a todo aquel que osaba impedírselo. Ni siquiera se manchaba las manos, pues la espada hacía el trabajo sucio de Alexis, flotando,  moviéndose y atacando a su antojo. Estaba absolutamente absorta y fuera de sí. En menos de una hora solo quedaba viva en el castillo la familia real, escondida en lo más alto de la torre principal.
La familia real se encontraba frente a la puerta, con el rey en primera fila y la ventana a sus espaldas. Esperaban con miedo y entre sollozos por parte de Janice –  y el pequeño bebé que había tenido en estos meses –  la llegada de Alexis. De repente una sombra entró por la ventana y, antes de que uno de los presentes se diera la vuelta, Alexis clavó la espada de un caballero muerto en la espalda de Lauren y se terminó todo para ella. Muerta.
– ¡¡LAUREN!! – gritó el rey William mientras corría desde la otra punta de la sala circular para proteger  a su familia.
 De un modo u otro todos sabían que iban a morir aquella noche. William se apresuró a colocarle la Medalla de Vida a Axel y situarse delante de su hijo. Tenía la esperanza de que Axel consiguiera derrotarla con su fuerza de hombre joven y cuando el rey quiso atacar a Alexis, esta lo paralizó y descargó su ira sobre la esposa de Axel, utilizando un hechizo que convertía la sangre de sus venas en un veneno mortal.
Axel la sostuvo entre sus brazos gritando su nombre, diciéndola que luchara con todas sus fuerzas para intentar sobrevivir. Murió en cuestión de segundos
Ya solo quedaban William y Axel junto a su hijo en la sala, dispuestos a derrotar a la joven que en un tiempo fue su querida hija y hermana respectivamente.
– ¿Por qué? – Dijo Alexis haciendo estallar todas las ventanas de la habitación mientras avanzaba hacia ellos.
– Alexis…Jasiri era un traidor – exclama William. Podía observarse el miedo en sus ojos –  No tenía perdón, la lealtad es lo más importante.
– Me has arrebatado todo lo que es mío, me has ocultado todo este tiempo quien y qué soy, mataste a mis padres, has matado a Jasiri… ¡¿cómo puedes vivir con eso a tus espaldas?! Por tu culpa me he convertido en un ser que no solo mata, sino que disfruta haciéndolo, no tengo compasión alguna hacia nada. Voy a matarte… ¿Lo sabes? Y tú, Axel, vas a verlo en primer plano. La magia no funciona en ti, pero puedo utilizarla para retenerte – Dice Alexis apresando las extremidades de  Axel con cadenas a la pared con un simple movimiento de muñeca mientras que en su voz se apreciaba la locura –Intentaré que no sufras tanto como yo – exclama dirigiéndose al rey con sarcasmo.
La muerte de William fue la peor de todas. No fue sangrienta ni con espadas de por medio, en esta ocasión Alexis introdujo en el alma de William parte del dolor que ella sentía, de la ira y la oscuridad que tenía que soportar. Solo introdujo una pequeña parte pero fue la suficiente para que William cayera gritando al suelo –  mientras Axel intentaba liberarse de las cadenas para ayudar a su padre – luchando contra sí mismo para conseguir sobrevivir, pero no fue suficiente. Su corazón se detuvo y allí se quedó William, inerte y con todas las venas dilatadas – de un tono oscuro –  por la cara hasta los ojos, abiertos y completamente negros.
Axel dejó de luchar contra las cadenas, ya no podía salvar a su padre. Alexis se dirigió hasta la cuna donde se encontraba el hijo de Axel. Tenía sus mismos ojos, de grandes y largas pestañas, y en el pelo le crecían pequeños y perfectos ricitos del mismo tono caoba que su padre.
–Tranquilo, pronto te reunirás con todos ellos – dice la joven acariciando la mejilla del pequeño – y no te preocupes, cuidare bien de tu hijo… Lo llamaré Axel. Este niño no va a vivir en una mentira, seré su guía hasta que se haga un hombre, lo criaré y después será mi sucesor en el reino de oscuridad que hoy va a comenzar, pero no me llamará mamá.
– No lo toques, deja a mi hijo en paz – responde Axel – no lo toques o…
– O ¿qué?  – Exclama Alexis mientras se acerca a Axel con la espada flotando a su lado – No hay nada que puedas hacer, estás solo e indefenso. Puedo hacer lo que quiera contigo.
Mientras Alexis pronuncia esas ultimas palabras, la espada dibuja una línea en la mejilla de Axel, haciéndole sangrar y poner una mueca de dolor.
– Estás muerto Axel ¿Recuerdas cuando practicábamos esgrima juntos? Siempre me derrotabas porque tenía miedo a hacerte daño. Aunque recuerdo un día que estaba enfadada contigo porque por tu culpa Lauren me castigó una semana sin practicar magia cuando pensó que había soltado yo a los caballos – impidiendo a William salir a una misión importante – cuando en realidad fuiste tú el que se dejó la puerta de las cuadras abierta. Ese día quise hacerte daño de verdad y puse todo mi empeño en ello. Acabé ganándote el duelo y aunque no te hice daño porque era una simple clase, me sirvió para demostrarme a mi misma que si me esfuerzo al cien por cien podía llegar a ser mejor que el futuro rey del Valle de Uchawi. Pues bien, hoy no va a ser diferente, no te voy a matar sin más – Suelta las cadenas del chico – Vas a expirar tu último aliento peleando contra mí. Vas a morir luchando.
Ambos comienzan a elevarse del suelo y a flotar por el aire – saliendo por la ventana de la torre – hasta terminar en el patio interior del castillo. Dos de las espadas más valiosas para el rey descendieron a su vez desde la habitación real hasta acabar una en manos de Axel y otra en manos de la malvada Alexis.
– Ya que no puedo matarte con magia debido a esa espantosa medalla que llevas al cuello, mantendremos un duelo de espadas.
– Estas muy segura de vencer pero no te confíes – dice Axel – ahora mismo te odio más que a cualquier cosa… ¿Quién dice que eso no me de fuerzas a mi para vencerte?
– Hermanito…no se puede luchar contra la profecía. Siempre se cumple si la escoges, solo que, en mi caso, no he tenido que elegir entre mi futuro o cumplir con ella porque mi futuro me lo arrebató tu padre esta mañana – Confiesa Alexis.
La lluvia no dejaba de caer sobre ellos, y los rayos iluminaban el lugar de manera intermitente y siniestra cuando las espadas chocaban entre sí. Los jóvenes se atacaban y defendían; sus figuras giraban, subían y bajaban. Alexis era capaz de predecir cualquier movimiento de Axel y adelantarse, le llevaba una clara ventaja debido a su capacidad de volar y moverse mucho más rápido que el. En cambio, aunque Axel no se rinde y consigue evitar la mayoría de sus ataques, ya tiene una herida en el hombro derecho mientras que Alexis no tiene ni un solo rasguño.
Llegó el alba y la lucha no terminaba. Axel estaba agotado mientras que Alexis parecía tener una energía inagotable. Lo único que le daba a Axel fuerzas para seguir luchado era saber que su hijo seguía con vida. No podía permitir que se criara con ese monstruo del mal. Pero no bastaba con quererlo o desearlo, por eso, cuando Alexis introdujo la espada en el cuerpo de Axel, atravesándolo el corazón, la vida que podría haber vivido al lado de Janice y su hijo pasó por delante de sus ojos, sin poder siquiera rozarla. El joven cayó sobre el suelo mojado, esperando a que la muerte fuera a buscarlo.
– Adiós, hermanito – susurró Alexis con una media sonrisa en los labios.
Alexis apiló todos los cadáveres a las afueras del castillo y los prendió fuego. Elevó los brazos y todo el castillo y los destrozos que había en él comenzaron a arreglarse hasta finalmente encenderse las luces de todas y cada una de las habitaciones. Cuando todo estuvo en orden, subió a la torre dónde se encontraba el pequeño Axel, lo cogió en brazos y lo llevó a su habitación. Después de depositarlo dormido en su cuna y sin decir una sola palabra, Alexis salió de la habitación, transformando su ensangrentada, rota y sucia ropa en un vestido negro con manga de encaje.

De ese modo y no otro, la profecía se terminó cumpliendo. Ahora mi castillo se encuentra en penumbra y entre las sombras, siempre rodeado de un remolino de nubes grises porque aquí la luz directa del sol no tiene nada bueno que iluminar. Los habitantes abandonaron el Valle de Uchawi cuando fueron informados de lo sucedido. Yo tampoco se lo impedí pues no quiero tener a nadie a mi lado que no lo desee pero mis puertas están abiertas para todos aquellos que quieran formar una alianza conmigo.
 Por ello, mi castillo está ahora habitado por criaturas malignas, que de alguna forma no consiguieron encajar,  dispuestas a luchar por y para mi reinado. En un futuro será de Axel.
 De vez en cuando llega algún ejército intentando adueñarse del castillo y destruir mi mundo de oscuridad pero, si lo pensaran bien llegarían a la conclusión de que me necesitan, pues la luz no es nada sin la oscuridad, no tendrían enemigos a los que enfrentarse y a veces vencer, convirtiéndolos en héroes. En definitiva, no brillarían tanto.
Nunca  consiguen derrotarme a mí. Algún día llamará a mi puerta un joven mago para que lo instruya y este formará equipo con Axel y mis súbditos para proteger este lugar dónde la oscuridad y el caos tienen un espacio en el mundo. Me llamo Alexis y esta es la historia de cómo llegué al poder el día de mi vigesimoprimer cumpleaños.


      -FIN-