miércoles, 12 de noviembre de 2014

Nayah VII

Me agarró de la mano y me sacó corriendo de allí por la ventana de atrás. No le dijo nada a su madre, tan solo trató de sacarme de allí lo más rápido que pudo. Temblando y asustada conseguí saltar por la ventana y corrimos hacia la escuela, ocultándonos entre las cabañas de los pueblerinos. Llegamos a la escuela y nos metimos en el invernadero, escondiéndome entre los bidones de abono del final.
- Te quedarás aquí hasta que yo vuelva - dijo, acariciándome la mejilla - a mí ya me han visto así que tengo que irme, si no sospecharán, pero volveré a por ti en cuanto se vayan.
- Siento haberte mentido y no decirte que soy yo la hija del presidente - dije entre sollozos - lo siento... mucho... Tenía miedo...
- No te preocupes, me lo explicarás todo cuando estés a salvo - dijo mientras se alejaba de mí.
Pasé unos minutos muy nerviosa, sin ser capaz de moverme, rezando porque esto acabara pronto y Aitor volviera a por mí diciéndome que todo estaba bien. Escuché la puerta del invernadero abrirse y unos pasos acercándose a mí.

- ¿Aitor? – Dije titubeando - ¿Eres tú?

Antes de que me diera tiempo a darme la vuelta alguien me agarró por detrás y me susurró al oído. Supuse que alguien nos había oído hablar y maldije para mis adentros.

- Así que… ¿Eres Nayah? Vaya…sí que cambias con el pelo corto y la ropa vieja. – Susurró Marcos – Estoy seguro de que los hombres de ahí fuera se irán y no nos harán nada si te entregamos. Espero que lo entiendas, solo intento proteger a los míos.
- Suéltame – supliqué tirando de mi cuerpo – no os pasará nada siempre y cuando no me encuentren.
- De eso yo no estoy tan seguro.
- ¡Pero yo sí! – gritó Aitor desde el otro lado del invernadero. Corrió hacia mí y le dio un puñetazo a Marcos en la mejilla -  suéltala ahora mismo, Marcos.
Marcos retrocedió unos pasos, liberándome y llevándose las manos al labio, del que la sangre empezada a salir.
- Aitor tenemos que entregarla – exclamó Marcos - ¿No entiendes que si descubren que la hemos protegido nos matarán? Si cooperamos, no nos harán daño. Piensa en tu madre…
- Ella no querría que el precio de nuestra salvación sea entregar a una chica inocente. Además, aunque la entreguemos, nada nos asegura nuestra protección – se defendió Aitor.
- Algunas veces el fin justifica los medios. No te aconsejo desafiarme muchacho, voy a llevarme a la chica ahora mismo conmigo – prosiguió.
- No si puedo evitarlo – dijo Aitor mientras agarraba una pala y le daba un golpe a Marcos en el estómago.
Marcos se derrumbó y cayó de bruces contra los bidones de abono.
- Vamos, Kara – dijo Aitor agarrándola y guiándola fuera – Nos vamos de aquí ya. Mi madre tiene listo el coche, Sólo hemos podido meter lo imprescindible mientras no se daban cuenta. También está tu mochila.
- ¿Se lo has dicho a tu madre? – dije sorprendida.
- Se lo ha supuesto cuando ha visto tu reacción y hemos desaparecido – respondió – cuando he vuelto a la cabaña ya estaba recogiendo las cosas, por eso no he tardado en venir a por ti.

Llegamos a la cabaña sin ser vistos y me subí al coche, escondida en el suelo de los asientos traseros. Aitor y Laura no tardaron en subir, pero en el último momento les vieron.

- ¡Eh! – Exclamó el mismo hombre de antes a juzgar por la voz - ¿A dónde vais?
- Tenemos que ir a por comida a la ciudad – dijo Laura pareciendo tranquila. No pareció importarles, pues arrancó el coche rápidamente- A lo lejos se oyó a Marcos gritar.
- ¡No dejéis que se vayan! ¡Tienen a la chica dentro del coche! ¡La están protegiendo!
- ¡¿Pero que hace Marcos?! - grito Laura - ¡Va a hacer que nos maten!
Me asomé y vi a los cinco hombres con pistolas apuntando. Laura acelerón de golpe y salí disparada al suelo del coche. Se oyeron varios disparos y el cristal del lado de Aitor se rompió.
- ¡Madre! – Dijo alarmado al ver que los hombres corrían a sus coches – ahora van a seguirnos ¿qué vamos a hacer?
- cálmate. Tienes una madre demasiado lista, cariño – dijo Laura riéndose cuando los coches no arrancaban.
- ¿Les has vaciado los depósitos? – preguntó Aitor.
- Y pinchado las ruedas. Sólo por si acaso.
- Una cosa más, esto…mamá – dijo con tono asustado.
- ¿Qué quieres?
- Me han disparado.

En ese momento Aitor se desmayó y dejó caer su cabeza hacia un lado. El coche se desvió de la carretera por el susto de Laura. Yo también me asusté al escuchar eso. Me incorporé para ver la herida. Por suerte le había dado en un brazo y la bala no estaba dentro pero la herida era fea y profunda.

- Kara, despiértalo – dijo Laura, manteniendo la clama – no puede dormirse. Dime dónde tiene la herida.
- La tiene en el brazo derecho, un poco más abajo del hombro.
- ¿Tiene la bala dentro?
- No. Pero sangra mucho – dije preocupada. Comencé a darle golpecitos en la cara – Aitor. Aitor despierta.
- Coge las tijeras de la caja de detrás y corta la manga de la camisa. Después agarra unas gasas y presiona fuerte – ordenó Laura – en cuanto nos alejemos un poco paro y le cierro la herida. Aguanta cariño.
- Mamá – dijo volviendo en sí – estoy bien. Ha sido por ver la herida. Me duele.
 Le recorté la camisa con cuidado de no hacerle daño, estaba cubierta de sangre. Cogí las gasas y se las puse en el brazo apretando fuerte. Se quejó un poco pero me dejó seguir. Le acaricié la mejilla con la otra mano, indicándole que estaba ahí para él, agradeciéndole todo lo que ha hecho por mí. Me agarró la mano fuerte.

- Tranquilo Aitor – Dijo su madre – si la bala no está dentro, que es lo más peligroso, no debes asustarte. Voy a buscar dónde puedo ocultar el coche y hacerte una cura rápida.
- Y yo voy a cuidarte hasta que tu madre pueda parar – le susurré al oído, haciéndole sonreír.
- Gracias, Kara – dijo Aitor haciendo una mueca de dolor - pero no aprietes tan fuerte.
- Nayah – Respondí, presionando un poco más flojo.
- ¿Qué? – preguntó Laura.
- Me llamo Nayah.

































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