Siempre he pensado que todo cuento que se precie debe empezar por “erase una vez”. Tiene que tener una apasionada historia de amor, valientes caballeros, monstruos horribles y princesas que se limitan a esperar a su príncipe encantador; Uno de los lugares principales debe ser un bosque encantado o un castillo con torres elevadas, tejados de colores y grandes ventanas con balcones, un gran puente levadizo que poder atravesar galopando a caballo y este debe estar sobre el filo de un acantilado; Y no podemos olvidarnos de ese terrible dragón que lo custodia a toda costa, protegiendo a la princesa de indeseados.
Tampoco pueden faltar los finales felices sellados con un beso de amor verdadero por parte de los protagonistas después de una trágica lucha bajo una tormenta en la que parece que se va a acabar el mundo, la muerte de seres queridos y heridas graves para aprender que a pesar de nuestras perdidas la vida sigue y hay que luchar por ser feliz.
En mis pensamientos siempre había espacio
para la magia, esa energía extrasensorial que era capaz de conseguir todo
aquello que anhelaban nuestros deseos más profundos o lo que se encuentra en el
fondo de nuestro corazón bajo capas y capas de motivos que daban todo aquello
por imposible.
Por último, pero no por ello menos
importante, me falta describir lo último que veo necesario. Todo protagonista
que se digne a estar a la altura para los lectores de su historia, no sería
nada sin su némesis, su otra cara de la
moneda, enemigo, lado oscuro, como lo queráis llamar. Así es, me estoy
refiriendo a la figura antagónica que tiene como único objetivo el fracaso del
personaje principal, hacerlo sufrir hasta derrotarlo, y todo esto puede ser por
celos, traumas infantiles, ambiciones ocultas o por diversión por hacer el mal.
Sea cual fuere el motivo que empuja al antagonista a hacer lo que hace, aunque nunca consiga su objetivo, no puede
faltar.
Este cuento no carecerá de ninguna de esas
cosas aunque, desde otra perspectiva diferente porque, en esta ocasión, vais a vivir mi
historia, la historia de por qué el malo del cuento es como es y todo ello
desde su punto de vista. Descubriréis por vosotros mismos si es verdaderamente
tan malo o por otro lado, merece una oportunidad en el mundo. Bienvenidos a mi
cuento.
Erase
una vez, en un mágico lugar llamado El Valle de Uchawi, el poderoso rey William
VII –un hombre alto, de piel morena, grandes músculos y media melena castaña–
vivía en su flamante castillo, rodeado de todo tipo de privilegios y de sus
seres más queridos. Su mujer, la reina Lauren –pelirroja, de tez blanca y ojos
castaños– y sus dos hijos, el príncipe Axel de nueve años –una copia exacta del
rey a excepción de su tono de pelo, que tiraba más bien a castaño caoba– y la pequeña Alexis de cuatro, la niña más adorable
que había existido. Rubia, melena larga y ondulada, piel clara y la sonrisa de
un ángel.
Ambos
niños eran educados con igualdad y por el mismo mentor, el señor Jasiri, que a
parte de ser el mentor de los niños, era también el mago de la corte y maestro
de magia de Alexis. Sólo una vez cada cincuenta años nace un bebé con ese don y
por ello, el actual y único mago es el encargado de la educación y la enseñanza
de la magia.
Según
las leyendas de Uchawi, aquellos que nacían con este don estaban destinados a
hacer grandes cosas – malas o buenas – y por ello llegaría un momento en el que
tendrían que renunciar a lo más importante de su vida por esa hazaña que los
convertiría en héroes o villanos hasta la senectud. En el caso de Jasiri, tuvo que renunciar a su
deseo de ser caballero de la corte real para dirigirse al Bosque de Zenón –
lugar rebosante de vida y de fantásticas criaturas como hadas, unicornios,
ninfas, sirenas y centauros – a las afueras de Uchawi para con sus poderes
crear un campo de fuerza que detuviera el avance de un dragón de fuego que
dejaba todo arrasado por las llamas a su paso y que amenazaba con destruir lo
poco que quedaba del Bosque de Zenón y
El Valle de Uchawi.
Este hecho hizo que Jasiri, aunque era joven
cuando le tocó lidiar con su destino – sólo tenía diecisiete años y no había
terminado su formación como mago – perdiera una pierna por utilizar parte de su
energía vital en lugar de la que circula por el aire para asegurarse de hacer
el campo de fuerza más rápido y potente. Eso le costó su sueño y aunque ahora
es un héroe adorado en Uchawi, no hay una noche en la que no se despierte
soñando con él mismo, reflejado en el espejo y vistiendo la armadura de
caballero.
Durante
sus primeros años de la infancia, Axel y Alexis se querían como verdaderos
hermanos y sus padres se sentían orgullosos de cómo Axel cuidaba de la pequeña
Alexis. Cada noche se quedaba con ella y la tocaba sencillas melodías al piano
hasta que se dormía, la enseñó a nadar y montar en bici. Esas pequeñas cosas
hacían que ambos estuvieran muy unidos.
Un día,
cuando Alexis tenía ya seis años, Axel y Jasiri fueron sorprendidos por la niña
mientras estaban en la sala de juegos enseñándole a sumar con peluches.
– A
ver, hermanita, si yo tengo dos ositos de peluche – dijo Axel por cuarta vez con
tono de desesperación – y Jasiri tiene cuatro, ¿Cuántos ositos tenemos?
– Siete
– respondió segura y decidida mientras
observa la estantería del otro lado de la habitación.
– No,
Alexis – intervino el maestro – son seis… ¿no lo ves? – exclamó mientras colocaba
en fila los seis ositos de peluche.
– No,
son siete – insistió Alexis sin quitar la vista de la estantería.
– Alexis,
dos más cuatro son seis, no siete – repitió Axel casi enfadado con su hermana.
En ese
momento, El séptimo osito de peluche comenzó a flotar desde la estantería y
terminó cayendo en los brazos de Axel, dándole antes un golpe en la cabeza.
– ¿Veis
como eran siete? – Exclamó la pequeña mientras Jasiri la miraba perplejo y Axel
se levantó corriendo a hacerla cosquillas.
– ¿y
desde cuando eres tan lista y sabes hacer flotar las cosas? ¿Acaso sabes hacer
magia?
–
Jajaja ¡para Axel! Jajaja.
– Precisamente,
eso es lo que sabe hacer – dijo el maestro de los niños todavía sorprendido –
Alexis, me parece que tienes el don de la magia. Voy a hablar con vuestro padre
para empezar a instruirte cuanto antes.
El rey
William decidió que la niña empezara a entrenarse en el ámbito de la magia una
vez que aprendiera algunas las normas de protocolo real, a leer y escribir
perfectamente como mínimo; y que continuaría estudiando algo de música, danza o
idiomas y matemáticas junto a Axel para cultivar su intelecto, compaginándolo
con sus clases de magia.
– Va a ser
una gran mujer, estoy seguro – dijo Jasiri
sentado en el escritorio de su despacho mojando la pluma en el tintero con una
gran sonrisa mientras asoma los ojos por encima de las gafas para dirigirle una
mirada a William.
– ¿y
que pasa con la profecía? ¿Le contarás la verdad? Nos odiará si lo hacemos… –
dijo el rey algo angustiado y moviendo las manos nervioso.
–Ya
sabes que yo ya no soy partidario de lo que hiciste hace seis años. Las cosas
se podrían haber solucionado de otra manera – Replicó Jasiri – pero aun es joven, solo tiene seis años y no
estamos seguros hasta que ella cumpla veintiuno, pero si me la llevara lejos...
– Te
recuerdo, Jasiri – interrumpió el rey – que la traición en este reino se paga
con la muerte.
– Dejemos entonces que disfrute de su infancia.
Después decidiré qué contarle…y qué callarme – declaró finalmente Jasiri.
De ese
modo, la pequeña Alexis estudió para aprender a ser una señorita educada con
entusiasmo para empezar a desarrollar su magia cuanto antes. De vez en cuando,
cuando se ponía nerviosa, algo se rompía o apagaba las luces de la habitación
con magia pero Jasiri conseguía controlar esos impulsos. Finalmente, al cumplir
los nueve años, recibió su primera clase.
– Bueno
Alexis, hoy es tu primera clase y lo que te voy a enseñar es, en primer lugar,
cuales son los poderes comunes de los magos, y segundo, vamos a conocer que
elemento domina en tu interior. Debes saber, que cada cincuenta años nace un
mago en estas tierras que tiene el poder de mover cosas con la mente – confiesa
el mago elevando una de las bolas de cristal de la estantería – como hiciste la
primera vez. También somos capaces de ver en forma de humo de diferentes
colores los sentimientos de una persona – El amor, rosa; la envidia, azul; la
ira, negro… – y cómo estos pueden llegar a apoderarse de ella; crear campos de
fuerza que nos defiendan o ataquen al enemigo y podemos realizar hechizos del
Libro de Encantamientos creado por el primer mago, rey y fundador del valle, el
gran Uchawi.
– ¿Uchawi?
– Dijo Alexis extrañada – ¿qué
significa?
– Significa
“mágico” en una lengua antigua, supongo que por eso los dioses lo eligieron para
ser el primero. Bueno, como dije antes, a parte de esos poderes, cada mago es
capaz de controlar uno de los cuatro elementos en particular, ¿Sabes cuales
son?
– Emm…tierra,
agua… aire y… no recuerdo el último – exclamó la niña mirando al suelo.
– Y
fuego. De acuerdo, vamos a comenzar el ritual para conocer el tuyo.
Jasiri,
vestido con una túnica hasta los tobillos azul grisácea con bordes, costuras y
dibujos plateados se levantó del escritorio y, haciendo un simple gesto con las
manos, los muebles empezaron a apartarse, dejando el centro de la habitación
diáfano.
– Acércate,
Alexis – La niña algo asustada y nerviosa comenzó a caminar hasta el centro de
la estancia – Ahora quiero que cierres los ojos y pienses en el mar, imagina
que estás nadando en el, sumérgete en esa sensación de ligereza que produce el
estar flotando en el agua salada.
Mientras
la niña hacía lo que el mago decía desde el otro extremo de la habitación,
Jasiri miraba el Libro de Encantamientos y elevó las manos para rodearla con
una burbuja gigante.
– Muy
bien, continúa pensando en ello y abre los ojos. No te asustes.
Alexis
abrió los ojos y se observó a sí misma en el reflejo de la burbuja y a la vez
veía lo que se encontraba fuera.
– Perfecto,
ahora quiero que intentes salir de la burbuja, si lo consigues dejándola
intacta, significa que el elemento que podrás controlar será el agua.
– No me
va a hacer daño ¿verdad?
– Tranquila,
lo peor que te puede pasar es que parezca que te has bañado en la piscina con
ropa puesta, como hacéis todos los años Axel y tú el primer día de verano –
Exclamó entre risas.
Terminaron
los dos de reírse y Alexis dió un pequeño paso hacia la burbuja, dispuesta a
atravesarla sin problema. Extendió su brazo hacia la pared de agua y, en el
momento en el que el dedo índice rozó la estructura de la burbuja, esta
precipitó sobre la niña para finalmente terminó todo el agua extendido por el
suelo.
– Me
parece que el agua no es mi elemento, maestro – dijo Alexis cubierta de agua de
pies a cabeza.
– Yo
opino lo mismo, probemos con el fuego – El anciano hizo un movimiento circular
con la mano y Alexis volvió a estar vestida y peinada a la perfección – Esta
vez, quiero que pienses en el invierno, en como te acurrucas en el sillón con
tu padre mientras observas las flamantes llamaradas que surgen de la chimenea,
suben, bajan y chisporrotean. Extiende la mano y no dejes de pensar en ello, en
el calor y la fuerza del fuego, capaz de destruir cualquier cosa.
La niña
hizo exactamente lo que Jasiri dijo, no dejó de pensar en el estado de hipnosis
que produce mirar al fuego, esa cálida energía que genera una simple llama,
pero cuando extendió la mano, lo único que sucedió fue que una débil y pequeña
chispa explotó encima de su mano, desapareciendo casi al instante.
– El fuego tampoco es lo tuyo… – exclamó el
mago con cierto desdén – qué raro, el fuego y el agua son los mas comunes, yo
mismo soy de agua. Los de tierra y aire se dan muy poco.
Se
notaba en el ambiente cómo Alexis se ponía cada vez más nerviosa porque no
lograba encontrar su elemento. Temía no poder llegar a ser una buena maga.
– Alexis,
deja de preocuparte. Estoy seguro de que va a salir todo bien – Dijo Jasiri al
ver la expresión de la niña – Abre las ventanas y vuelve a colocarte donde
estabas.
La
fresca brisa entró en la sala y la situación pareció relajarse. Alexis volvió
al centro y se colocó frente al mago.
– A
continuación te voy a pedir que recuerdes aquel día que os llevé a Axel y a ti
de excursión al Bosque de Zenón. Piensa en la gran colina que subimos y que,
cuando llegamos arriba me dijiste que te transformara un pequeño pájaro para cruzar volando a la colina de enfrente.
Inconscientemente
Alexis cerró los ojos, extendió los brazos y elevó la cabeza. Lista para echar
a volar. En ese momento una ráfaga de viento se coló por las ventanas y generó
un remolino alrededor de Alexis hasta levantarla del suelo.
El mago
observó a la niña con fascinación y alegría pues por fin había ayudado a un
futuro mago a encontrar su elemento tal y cómo lo hizo su mentor cuando era
joven.
Alexis
comenzó a descender lentamente y abrió los ojos.
– Felicidades
Alexis, tienes el poder del aire en tu interior – exclamó Jasiri con alegría – Podrás
manejar los vientos a tu antojo, mover y hacer formas con las nubes, ayudar a
los barcos de tu padre a salir del puerto con éxito y muchas cosas más.
– ¿Y
podré volar? – Exclamó la niña entusiasmada.
– Podrás,
yo te ayudaré a que controles tus poderes para que seas capaz de volar
ayudándote de las corrientes de aire – Afirma Jasiri con una sonrisa – Creo que
es suficiente por hoy, vete con Axel a preparar la clase de matemáticas de hoy
y en una hora voy.
–Vale,
luego nos vemos, maestro – dijo Alexis haciendo una reverencia y salió de la
habitación.
Pasaron
los años y Alexis siguió aprendiendo magia. Empezó por cosas sencillas como
encender velas con la mente y utilizar el aire para apagarlas y así controlar
la fuerza con la que lo utilizaba, mover objetos de un lado a otro de una sala
o atarle a Axel los cordones de los zapatos entre sí y conseguir que tropezara.
Axel no
solo fue su objetivo número uno para juegos y bromas, también fue su gran apoyo
cuando Jasiri la exigía demasiado con respecto a la magia o cuando el rey era
demasiado rígido a la hora de seguir compaginando sus clases de magia con las de
idiomas, música etc. Axel era el que siempre estaba ahí para abrazar a Alexis
cuando ella no podía más y se echaba a llorar o el que le llevaba un vaso de
leche caliente con miel los días que se quedaba hasta tarde estudiando hechizos
en el despacho de Jasiri. Un día la sorprendió dormida sobre el libro y él la
cogió en brazos para llevarla a su habitación y meterla en su cama.
Cuando
Alexis tenía ya veinte años era capaz de teletransportarse a cortas distancias,
se sabía de memoria más de trescientos hechizos, hacerse invisible y, no solo
utilizar las corrientes de aire para poder volar ella, sino también consiguió
hacer volar a Axel, la reina Lauren y al rey si este lo hubiera deseado, pues
le daban miedo las alturas.
Alexis
ya no era una niña sin ningún conocimiento, era una señorita educada, apta para
luchar – pues con doce años empezó a hacer esgrima – muy buena en física y tocaba el arpa y el
violín casi con los ojos cerrados. La reina Lauren estaba orgullosa de ella,
pues ella misma se había asegurado de que fuera en un futuro una buena madre y
esposa enseñándola a comportarse debidamente como tal. Al mismo tiempo, Axel –
que acababa de cumplir veinticinco años – era ya un caballero de la corte de su
padre, listo para ascender al trono cuando su padre, el rey William VII falleciera
pero a pesar de todo, ambos seguían tirándose juntos con la ropa puesta el
primer día de verano, como aquel verano de sus veinte y veinticinco años.
Una mañana
calurosa de mediados de verano, Alexis se dirigió a su última clase de magia
con Jasiri, que ya era un anciano venerable preparado para retirarse y dejarle
todos sus cargos a la joven. Axel ya estaba desposado con la princesa de uno de
los reinos vecinos. Su nombre era Janice y, aunque a Alexis no le caía del todo
bien, iba a ser la futura madre de su sobrinito así que no tuvo más remedio que
aceptarla. En cuestión de meses, Alexis se convertiría en miembro de la corte,
maga real, educadora del hijo de Axel, consejera personal del rey – o así lo
quiere Axel cuando ascienda al trono – y, en unos años se le sumará la tarea de
educar a su sucesor, pues Jasiri ya era un anciano cansado y con ganas de
disfrutar de sus últimos años tranquilo y probablemente fallecería antes.
Pensar
en todo aquello hacía que la joven se sintiera agobiada y asustada, así que
decidió disfrutar de su última clase con Jasiri y no pensar en nada más.
–
Buenos días Alexis – Exclamó el mago desde su escritorio – Hoy es un gran día,
vayamos a dar un paseo, tengo cosas que contarte que creo que debes saber.
Dejaré aquí dos copias nuestras para que no sepan donde estamos. Puede que
después de lo que te enteres hoy corramos un grave peligro ¿Estás preparada?
– Sí,
maestro – susurró Alexis muy confundida.
Se
dirigieron sin ser vistos a la entrada del Bosque de Zenón y entraron en una
cueva que se ocultaba detrás de un árbol hueco. Ambos se sentaron el uno frente
al otro y Jasiri podía ver la confusión y el miedo de la chica – de ojos cada
vez más oscuros – en forma de nube de color verde oscuro.
–
Alexis…quiero que sepas que si te cuento toda la verdad correremos un grave
peligro y probablemente tendremos que huir de aquí, eso dependerá de ti.
Prometo llevarte a un sitio seguro y cuidar de ti hasta mi muerte pero si no
quieres conocer la verdad que rodea a tu familia, sal de esta cueva y vuelve a
tu vida, pero no será la que tú misma decides, será la vida que los que te
rodean han planeado para ti casi desde que naciste.
El
espíritu del aire comenzó a aflorar en el alma de la chica y sentía la
necesidad de conocer toda la verdad y ser capaz de dominar ella su destino y su
vida. Durante un segundo tuvo el impulso de salir corriendo con sus padres y su
hermano, a los que tanto quería, pero algo en su interior gritaba que debía
quedarse y, si tenía que huir lejos de allí, volaría con su maestro a donde los
llevara el viento, a conocer otros lugares y reinos.
–
Maestro, me gustaría conocer toda la verdad. Estoy lista para huir de aquí si
la situación lo requiere – dijo Alexis con decisión.
– De
acuerdo, has de saber que nada de lo que te voy a contar es fácil de asimilar.
Vas a tener que abrir la mente y comprender que todo lo que conocías hasta
ahora se va a desmoronar y por favor, no digas nada hasta que no te lo cuente
todo.
Jasiri se puso muy serio de repente y comenzó
a narrar toda la verdad. Alexis escuchó atenta sus palabras, y esto fue lo que
contó:
“hace casi veintiún años, los reyes William y
Lauren tenían unos consejeros reales – que acabaron siendo un feliz matrimonio
– a los que se sentían muy unidos. Sus
nombres eran Michael y Elisabeth. El rey comparaba Michael con el hermano
pequeño que nunca tuvo, estaban siempre juntos y confiaban plenamente el uno en
el otro. Doña Lauren trataba a Elisabeth como a su igual y aceptó con orgullo
su matrimonio con Michael al igual que el embarazo de la joven – Que tan solo
tenía veinte años en ese momento – Pero no la importó, y yo mismo me encargué
de cuidar a Elisabeth durante su embarazo a la vez que al pequeño Axel. Por
desgracia, no todo es de color de rosa…
Una mañana
de verano – La mañana de su cincuenta cumpleaños – me encontraba con Elisabeth en la biblioteca
leyéndole un cuento a Axel y a su bebé, que nacería en otoño, todo era perfecto en la normalidad de la
rutina dónde ambos jugábamos con Axel, paseábamos por los jardines y cuidaba de
Elisabeth para que no la pasara nada mientras Michael estaba con el rey. Pero
esa noche el futuro vino a llamar a mi ventana y la profecía de mi futuro
sucesor me fue revelada. Me sumergí en un estado de inconsciencia donde vi como
una joven maga, junto a la ira oculta en su interior de sus padres asesinados,
utilizaba sus poderes mágicos para asesinar a la familia real y convertirse en
una reina poderosa y oscura tras cumplir los veintiún años.
Al principio pensé que solo había sido un
sueño de una noche de verano más, pero cuando llegó el otoño y Elisabeth
alumbró a una niña – de pelo negro como su madre pero con unos ojos claros
dignos de admiración – me asusté. Empecé a vigilar al matrimonio de cerca, con
miedo de que su bebé fuera la niña de la profecía. En lugar de eso, descubrí
que el joven Michael tenía un plan secreto junto a algunos caballeros para
derrocar al rey y asumir el poder del reino junto a su mujer y su heredera.
En cuanto lo supe decidí contarle al rey
los planes de Michael – olvidándome por completo de aquel sueño incoherente
– y, en el mismo momento en el que el
rey William se enteró de lo sucedido, comenzó a hacer un plan de defensa junto
a mí y sus caballeros de máxima confianza para que no les pillara el ataque por
sorpresa.
El rey envió a Doña Lauren y al príncipe
Axel junto a mí y la hija de los
traidores a una casa a las afueras del valle para mantenernos a salvo cuando
recibió el aviso de que Michael planeaba matarlo esa misma noche.
Tras horas de espera, el rey William
regresó a la cabaña a por nosotros – herido en un brazo y con algunas heridas
leves – y nos contó que se adelantó y prendió fuego la habitación donde los traidores dormían…con
Elisabeth dentro. Nos contó también que los gritos de la mujer desesperada por
salir resonaron por todo el castillo y, cuando Michael se dio cuenta de lo que
estaba sucediendo, corrió a salvar a su esposa, pero ya estaba muerta. En su
lugar se encontró con William y se batieron
en duelo hasta el agotamiento. Finalmente, en un momento de distracción
y debilidad el rey le atizó el golpe definitivo.
Apenas unos segundos después de que William
terminara de hablar, observé como una nube negra rodeaba a la niña,
apoderándose de ella, haciéndola llorar y tiñéndola los ojos a juego con la
noche y la nube de humo que la cubría. Estaba claro que esa niña sería la que
derrotaría a los reyes. No podían matarla así que el mago buscó la solución más
sensata.
Encerró la ira de sus padres en lo más
profundo de su alma con un hechizo muy potente – lo que devolvió su color de
ojos a la normalidad y tiñó su pelo de rubio claro y brillante, pues guardé en
su alma todo signo de oscuridad que poseía la niña – con la esperanza de que nunca saliera a la luz.
Borró y manipuló los recuerdos de Axel para que nunca sospechara nada.
William y Lauren se comprometieron a
cuidarla como si fuera suya para impedir que aquella niña indefensa y sola a la
que los monarcas llamaron Alexis fuera
la que conduciría al caos hacia el reino del Valle de Uchawi”.
Cuando
el mago terminó de hablar Alexis seguía callada, mirándolo fijamente. No sabía
qué pensar ni qué sentir después de todo eso. En cuestión de minutos descubrió
que había sido engañada, manipulada y hechizada para evitar que ella cumpliera
con aquello para lo que había nacido. Su mundo cayó cual castillo de naipes tras
un ligero suspiro. Pasó de ser una gran maga con futuro a ser una joven
huérfana adoptada por los asesinos de sus verdaderos padres. Criada bajo un
hechizo que escondía todo lo malo en su alma para proteger a los de su
alrededor, comprendiendo entonces el significado de su nombre. “Protector”. Eso
es lo que significa el nombre de Alexis, elegido como anillo al dedo.
– Maestro…no
lo entiendo ¿Significa esto que algún día mataré a todos los que creía mi
familia? – Susurra desde el otro extremo de la cueva – Estoy confusa… me gusta
mi vida actual y quiero a mis padres pero…mataron a los verdaderos. Podrían
haberlos desterrado, encerrado…y en lugar de eso decidieron no ser flexibles y
matarlos sin explicación alguna. Se supone que estaban unidos…
– Lo sé
Alexis… pero si algo no soporta el rey es la deslealtad y la traición. Con el
paso de los años he comprendido que esos hechos no deberían haber sucedido
así…hablé con tu padre, con el rey William, para decirte la verdad pero se negó
a hacerlo, temía que los odiaras y liberar esa ira que guardas en tu interior,
por tanto, al revelarte yo esto, lo estoy traicionando y como lo descubra,
seguiré el mismo camino que Michael y Elisabeth
– ¿Y
Axel? ¿Qué sabe el de todo esto?
– Axel
está al corriente de todo, se lo contamos cuando alcanzó la mayoría de edad –
dijo Jasiri – prometió hacer como si nada. Para él tú eras su hermana por encima
de todo.
Alexis
no podía dejar de pensar en la mentira que había vivido. Pensó que tal vez era
hora de comenzar una vida sin mentiras.
– No
quiero volver nunca más – confesó la joven tras una larga pausa – Si vuelvo, descubrirán enseguida que sé la
verdad, te matarán y yo acabaré matándolos a ellos.
– Llevo
varios meses pensando en contártelo y contemplando la posibilidad de que esto
pasara.
– Somos
magos poderosos, podríamos con el – Exclamó la joven.
– Ya
no. El rey posee una Medalla de Vida, lo protege de todo lo mágico. Se la di
hace años para que no pudieras con él si te revelabas, cuando estaba de su
lado. El rey no es malo, pero ya no estoy de acuerdo con su forma de pensar.
Solo quiso proteger a su familia y por eso estuve de su lado – Prosiguió Jasiri
– pero ahora lo mejor será que huyamos a
una casa que poseo al otro lado del bosque. Allí viviremos tranquilos y lejos
de la posibilidad de que su majestad pueda encontrarnos.
Partieron
hacia su nuevo hogar con lo puesto, no necesitaban llevarse nada pues Jasiri lo
tenía todo preparado. Habrían tardado dos días en cruzar el bosque a pie, pero
lo atravesaron volando en poco más de una hora. Llegaron a una pradera con un
pequeño lago con cascada en el extremo izquierdo y a la derecha una pequeña casita de piedra de una planta
aguardaba a lo alto de una colina. Era un lugar mágico y encantador, perfecto
para dos magos. Usaban la magia para casi todo. La vida era fácil y les
sonreía, tenían un huerto y unos animales para poder alimentarse, y Alexis tenía
una yegua con la que salía a pasear por la pradera.
Pasaron
dos meses y el otoño iba ganándole terreno al verano hasta terminar con él. A
pesar de los cambios ambos se sentían felices. Para Alexis, Jasiri había pasado
de maestro a casi un padre, en alguien en quien poder confiar ciegamente, pues
había sido el único que le dió la libertad a través de esas verdades que
cambiaron su vida.
Una
mañana la joven estaba practicando junto a la cascada a mover piedras pesadas
del fondo del lago con un nuevo hechizo. Cuando llegó la hora de comer se
apresuró hacia la casa para preparar la comida y pasar un rato junto a la
chimenea con Jasiri. Entró y se percató de que todo estaba demasiado tranquilo.
Una tarta de cumpleaños asomaba desde la encimera de la cocina. Llamó a Jasiri
pero nadie contestaba así que pensó que estaría fuera dando un paseo, pero la
palabra que destacaba sobre su tarta de los veintiún años la hizo cambiar de
opinión: “Traidores”.
Desesperada,
recorrió toda la casa hasta que observó que el sillón de orejas estaba mirando
a la chimenea – justo de espaldas a la
puerta de entrada en lugar de su posición diagonal de siempre – y recorrió con
la mirada una mano que caía del reposa brazos hasta llegar a unas gotitas rojas
que goteaban al ritmo del segundero del reloj de pared. Tic… tac…
Se
acercó susurrando el nombre de Jasiri, dió la vuelta alrededor del sillón y se
encontró a su maestro inconsciente y con cortes por todo el cuerpo. Su sangre
se extendía por el suelo cada vez más rápido.
–
¡¡NOOOO!! – Gritó Alexis mientras las lágrimas le impedían ver lo que el rey
había hecho.
Lo
habían estado torturando, haciéndole esos cortes uno a uno. Comenzó a hacer un hechizo de
curación inmediata extendiendo la mano por sus heridas pero era tarde. Ese
hechizo no revive a los muertos, solo cura a todo aquel que contenga en su
interior al menos un suspiro de vida, un suspiro del que Jasiri carecía.
– Ni
siquiera he podido decirte adiós… ¿Por qué nos ha hecho esto? No pretendíamos
volver… no íbamos a hacer daño a nadie – susurra la chica sobre el cuerpo sin
vida del maestro hasta quedarse sin habla.
Mientras
lloraba la muerte de Jasiri, toda su ira junto a la de sus padres iba
resurgiendo desde lo más profundo de su alma, tiñéndola el pelo de negro,
devolviendo a todos los rincones de su cuerpo su naturaleza oscura. Se había
convertido en un ser cegado por el ansia de venganza, rodeada de una gran nube
de humo negro y remolinos grises.
Llevó
el cuerpo sin vida de su maestro – utilizando el hechizo con el que hace unas
horas movía piedras del lago – hacia un pedazo del jardín que quedaba sin
cultivar, y lo enterró allí sin usar magia. Tardó horas en cavar la tumba, sin
dejar de llorar por la rabia, el odio y la tristeza, con toda la ropa manchada
con barro y sangre. Ni siquiera se enteró de que había empezado a llover.
Cuando
terminó se dirigió sin pensarlo hacia el castillo, no fue a pie ni a caballo,
pues tardaría horas, sino que utilizó la ventisca de la tormenta para moverse a
gran velocidad por el cielo. Atravesó nubes y esquivó a los pájaros que huían
del centro de la tormenta para terminar por fin en la torre de vigilancia del
castillo, dónde aniquiló sin reparo y con sus propias espadas a los vigilantes,
que no se esperaban un ataque aéreo. Descendió por las escaleras destruyendo a
todo aquel que osaba impedírselo. Ni siquiera se manchaba las manos, pues la
espada hacía el trabajo sucio de Alexis, flotando, moviéndose y atacando a su antojo. Estaba
absolutamente absorta y fuera de sí. En menos de una hora solo quedaba viva en
el castillo la familia real, escondida en lo más alto de la torre principal.
La
familia real se encontraba frente a la puerta, con el rey en primera fila y la
ventana a sus espaldas. Esperaban con miedo y entre sollozos por parte de
Janice – y el pequeño bebé que había
tenido en estos meses – la llegada de
Alexis. De repente una sombra entró por la ventana y, antes de que uno de los
presentes se diera la vuelta, Alexis clavó la espada de un caballero muerto en
la espalda de Lauren y se terminó todo para ella. Muerta.
–
¡¡LAUREN!! – gritó el rey William mientras corría desde la otra punta de la
sala circular para proteger a su
familia.
De un modo u otro todos sabían que iban a
morir aquella noche. William se apresuró a colocarle la Medalla de Vida a Axel
y situarse delante de su hijo. Tenía la esperanza de que Axel consiguiera
derrotarla con su fuerza de hombre joven y cuando el rey quiso atacar a Alexis,
esta lo paralizó y descargó su ira sobre la esposa de Axel, utilizando un
hechizo que convertía la sangre de sus venas en un veneno mortal.
Axel la
sostuvo entre sus brazos gritando su nombre, diciéndola que luchara con todas
sus fuerzas para intentar sobrevivir. Murió en cuestión de segundos
Ya solo
quedaban William y Axel junto a su hijo en la sala, dispuestos a derrotar a la
joven que en un tiempo fue su querida hija y hermana respectivamente.
– ¿Por
qué? – Dijo Alexis haciendo estallar todas las ventanas de la habitación
mientras avanzaba hacia ellos.
– Alexis…Jasiri
era un traidor – exclama William. Podía observarse el miedo en sus ojos – No tenía perdón, la lealtad es lo más
importante.
– Me
has arrebatado todo lo que es mío, me has ocultado todo este tiempo quien y qué
soy, mataste a mis padres, has matado a Jasiri… ¡¿cómo puedes vivir con eso a
tus espaldas?! Por tu culpa me he convertido en un ser que no solo mata, sino
que disfruta haciéndolo, no tengo compasión alguna hacia nada. Voy a matarte…
¿Lo sabes? Y tú, Axel, vas a verlo en primer plano. La magia no funciona en ti,
pero puedo utilizarla para retenerte – Dice Alexis apresando las extremidades
de Axel con cadenas a la pared con un
simple movimiento de muñeca mientras que en su voz se apreciaba la locura
–Intentaré que no sufras tanto como yo – exclama dirigiéndose al rey con sarcasmo.
La
muerte de William fue la peor de todas. No fue sangrienta ni con espadas de por
medio, en esta ocasión Alexis introdujo en el alma de William parte del dolor
que ella sentía, de la ira y la oscuridad que tenía que soportar. Solo
introdujo una pequeña parte pero fue la suficiente para que William cayera
gritando al suelo – mientras Axel
intentaba liberarse de las cadenas para ayudar a su padre – luchando contra sí
mismo para conseguir sobrevivir, pero no fue suficiente. Su corazón se detuvo y
allí se quedó William, inerte y con todas las venas dilatadas – de un tono
oscuro – por la cara hasta los ojos,
abiertos y completamente negros.
Axel
dejó de luchar contra las cadenas, ya no podía salvar a su padre. Alexis se
dirigió hasta la cuna donde se encontraba el hijo de Axel. Tenía sus mismos
ojos, de grandes y largas pestañas, y en el pelo le crecían pequeños y
perfectos ricitos del mismo tono caoba que su padre.
–Tranquilo,
pronto te reunirás con todos ellos – dice la joven acariciando la mejilla del
pequeño – y no te preocupes, cuidare bien de tu hijo… Lo llamaré Axel. Este
niño no va a vivir en una mentira, seré su guía hasta que se haga un hombre, lo
criaré y después será mi sucesor en el reino de oscuridad que hoy va a comenzar,
pero no me llamará mamá.
– No lo
toques, deja a mi hijo en paz – responde Axel – no lo toques o…
– O
¿qué? – Exclama Alexis mientras se
acerca a Axel con la espada flotando a su lado – No hay nada que puedas hacer,
estás solo e indefenso. Puedo hacer lo que quiera contigo.
Mientras
Alexis pronuncia esas ultimas palabras, la espada dibuja una línea en la
mejilla de Axel, haciéndole sangrar y poner una mueca de dolor.
– Estás
muerto Axel ¿Recuerdas cuando practicábamos esgrima juntos? Siempre me
derrotabas porque tenía miedo a hacerte daño. Aunque recuerdo un día que estaba
enfadada contigo porque por tu culpa Lauren me castigó una semana sin practicar
magia cuando pensó que había soltado yo a los caballos – impidiendo a William
salir a una misión importante – cuando en realidad fuiste tú el que se dejó la
puerta de las cuadras abierta. Ese día quise hacerte daño de verdad y puse todo
mi empeño en ello. Acabé ganándote el duelo y aunque no te hice daño porque era
una simple clase, me sirvió para demostrarme a mi misma que si me esfuerzo al
cien por cien podía llegar a ser mejor que el futuro rey del Valle de Uchawi. Pues
bien, hoy no va a ser diferente, no te voy a matar sin más – Suelta las cadenas
del chico – Vas a expirar tu último aliento peleando contra mí. Vas a morir luchando.
Ambos
comienzan a elevarse del suelo y a flotar por el aire – saliendo por la ventana
de la torre – hasta terminar en el patio interior del castillo. Dos de las
espadas más valiosas para el rey descendieron a su vez desde la habitación real
hasta acabar una en manos de Axel y otra en manos de la malvada Alexis.
– Ya
que no puedo matarte con magia debido a esa espantosa medalla que llevas al
cuello, mantendremos un duelo de espadas.
– Estas
muy segura de vencer pero no te confíes – dice Axel – ahora mismo te odio más
que a cualquier cosa… ¿Quién dice que eso no me de fuerzas a mi para vencerte?
–
Hermanito…no se puede luchar contra la profecía. Siempre se cumple si la
escoges, solo que, en mi caso, no he tenido que elegir entre mi futuro o
cumplir con ella porque mi futuro me lo arrebató tu padre esta mañana –
Confiesa Alexis.
La
lluvia no dejaba de caer sobre ellos, y los rayos iluminaban el lugar de manera
intermitente y siniestra cuando las espadas chocaban entre sí. Los jóvenes se
atacaban y defendían; sus figuras giraban, subían y bajaban. Alexis era capaz
de predecir cualquier movimiento de Axel y adelantarse, le llevaba una clara
ventaja debido a su capacidad de volar y moverse mucho más rápido que el. En
cambio, aunque Axel no se rinde y consigue evitar la mayoría de sus ataques, ya
tiene una herida en el hombro derecho mientras que Alexis no tiene ni un solo
rasguño.
Llegó
el alba y la lucha no terminaba. Axel estaba agotado mientras que Alexis
parecía tener una energía inagotable. Lo único que le daba a Axel fuerzas para
seguir luchado era saber que su hijo seguía con vida. No podía permitir que se
criara con ese monstruo del mal. Pero no bastaba con quererlo o desearlo, por
eso, cuando Alexis introdujo la espada en el cuerpo de Axel, atravesándolo el
corazón, la vida que podría haber vivido al lado de Janice y su hijo pasó por
delante de sus ojos, sin poder siquiera rozarla. El joven cayó sobre el suelo
mojado, esperando a que la muerte fuera a buscarlo.
–
Adiós, hermanito – susurró Alexis con una media sonrisa en los labios.
Alexis
apiló todos los cadáveres a las afueras del castillo y los prendió fuego. Elevó
los brazos y todo el castillo y los destrozos que había en él comenzaron a
arreglarse hasta finalmente encenderse las luces de todas y cada una de las
habitaciones. Cuando todo estuvo en orden, subió a la torre dónde se encontraba
el pequeño Axel, lo cogió en brazos y lo llevó a su habitación. Después de
depositarlo dormido en su cuna y sin decir una sola palabra, Alexis salió de la
habitación, transformando su ensangrentada, rota y sucia ropa en un vestido
negro con manga de encaje.
De ese modo y no otro, la profecía se
terminó cumpliendo. Ahora mi castillo se encuentra en penumbra y entre las
sombras, siempre rodeado de un remolino de nubes grises porque aquí la luz
directa del sol no tiene nada bueno que iluminar. Los habitantes abandonaron el
Valle de Uchawi cuando fueron informados de lo sucedido. Yo tampoco se lo
impedí pues no quiero tener a nadie a mi lado que no lo desee pero mis puertas
están abiertas para todos aquellos que quieran formar una alianza conmigo.
Por
ello, mi castillo está ahora habitado por criaturas malignas, que de alguna
forma no consiguieron encajar, dispuestas a luchar por y para mi reinado. En
un futuro será de Axel.
De
vez en cuando llega algún ejército intentando adueñarse del castillo y destruir
mi mundo de oscuridad pero, si lo pensaran bien llegarían a la conclusión de
que me necesitan, pues la luz no es nada sin la oscuridad, no tendrían enemigos
a los que enfrentarse y a veces vencer, convirtiéndolos en héroes. En
definitiva, no brillarían tanto.
Nunca consiguen derrotarme a mí. Algún día llamará a
mi puerta un joven mago para que lo instruya y este formará equipo con Axel y
mis súbditos para proteger este lugar dónde la oscuridad y el caos tienen un
espacio en el mundo. Me llamo Alexis y esta es la historia de cómo llegué al
poder el día de mi vigesimoprimer cumpleaños.
-FIN-
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