Me agarró de la mano y me
sacó corriendo de allí por la ventana de atrás. No le dijo nada a su madre, tan
solo trató de sacarme de allí lo más rápido que pudo. Temblando y asustada
conseguí saltar por la ventana y corrimos hacia la escuela, ocultándonos entre
las cabañas de los pueblerinos. Llegamos a la escuela y nos metimos en el
invernadero, escondiéndome entre los bidones de abono del final.
- Te quedarás aquí hasta que
yo vuelva - dijo, acariciándome la mejilla - a mí ya me han visto así que tengo
que irme, si no sospecharán, pero volveré a por ti en cuanto se vayan.
- Siento haberte mentido y
no decirte que soy yo la hija del presidente - dije entre sollozos - lo
siento... mucho... Tenía miedo...
- No
te preocupes, me lo explicarás todo cuando estés a salvo - dijo mientras se
alejaba de mí.
Pasé unos minutos muy
nerviosa, sin ser capaz de moverme, rezando porque esto acabara pronto y Aitor
volviera a por mí diciéndome que todo estaba bien. Escuché la puerta del
invernadero abrirse y unos pasos acercándose a mí.
- ¿Aitor? – Dije titubeando
- ¿Eres tú?
Antes de que me diera tiempo
a darme la vuelta alguien me agarró por detrás y me susurró al oído. Supuse que
alguien nos había oído hablar y maldije para mis adentros.
- Así que… ¿Eres Nayah? Vaya…sí
que cambias con el pelo corto y la ropa vieja. – Susurró Marcos – Estoy seguro de
que los hombres de ahí fuera se irán y no nos harán nada si te entregamos.
Espero que lo entiendas, solo intento proteger a los míos.
- Suéltame – supliqué tirando
de mi cuerpo – no os pasará nada siempre y cuando no me encuentren.
- De eso yo no estoy tan
seguro.
- ¡Pero yo sí! – gritó Aitor
desde el otro lado del invernadero. Corrió hacia mí y le dio un puñetazo a
Marcos en la mejilla - suéltala ahora
mismo, Marcos.
Marcos retrocedió unos
pasos, liberándome y llevándose las manos al labio, del que la sangre empezada
a salir.
- Aitor tenemos que
entregarla – exclamó Marcos - ¿No entiendes que si descubren que la hemos
protegido nos matarán? Si cooperamos, no nos harán daño. Piensa en tu madre…
- Ella no querría que el
precio de nuestra salvación sea entregar a una chica inocente. Además, aunque la entreguemos, nada nos asegura nuestra protección – se defendió
Aitor.
- Algunas veces el fin
justifica los medios. No te aconsejo desafiarme muchacho, voy a llevarme a la
chica ahora mismo conmigo – prosiguió.
- No si puedo evitarlo –
dijo Aitor mientras agarraba una pala y le daba un golpe a Marcos en el
estómago.
Marcos se derrumbó y cayó de
bruces contra los bidones de abono.
- Vamos, Kara – dijo Aitor
agarrándola y guiándola fuera – Nos vamos de aquí ya. Mi madre tiene listo el
coche, Sólo hemos podido meter lo imprescindible mientras no se daban cuenta.
También está tu mochila.
- ¿Se lo has dicho a tu
madre? – dije sorprendida.
- Se lo ha supuesto cuando
ha visto tu reacción y hemos desaparecido – respondió – cuando he vuelto a la
cabaña ya estaba recogiendo las cosas, por eso no he tardado en venir a por ti.
Llegamos a la cabaña sin ser
vistos y me subí al coche, escondida en el suelo de los asientos traseros.
Aitor y Laura no tardaron en subir, pero en el último momento les vieron.
- ¡Eh! – Exclamó el mismo
hombre de antes a juzgar por la voz - ¿A dónde vais?
- Tenemos que ir a por
comida a la ciudad – dijo Laura pareciendo tranquila. No pareció importarles, pues arrancó el coche rápidamente- A lo lejos se oyó a Marcos gritar.
- ¡No dejéis que se vayan! ¡Tienen
a la chica dentro del coche! ¡La están protegiendo!
- ¡¿Pero que hace Marcos?! - grito Laura - ¡Va a hacer que nos maten!
Me asomé y vi a los cinco
hombres con pistolas apuntando. Laura acelerón de golpe y salí disparada al suelo
del coche. Se oyeron varios disparos y el cristal del lado de Aitor se rompió.
- ¡Madre! – Dijo alarmado al
ver que los hombres corrían a sus coches – ahora van a seguirnos ¿qué vamos a
hacer?
- cálmate. Tienes una madre demasiado
lista, cariño – dijo Laura riéndose cuando los coches no arrancaban.
- ¿Les has vaciado los
depósitos? – preguntó Aitor.
- Y pinchado las ruedas.
Sólo por si acaso.
- Una cosa más, esto…mamá –
dijo con tono asustado.
- ¿Qué quieres?
- Me han disparado.
En ese momento Aitor se
desmayó y dejó caer su cabeza hacia un lado. El coche se desvió de la carretera por el susto de Laura. Yo también me asusté al escuchar eso. Me
incorporé para ver la herida. Por suerte le había dado en un brazo y la bala no
estaba dentro pero la herida era fea y profunda.
- Kara, despiértalo – dijo Laura, manteniendo la clama – no puede dormirse. Dime dónde tiene la herida.
- La tiene en el brazo
derecho, un poco más abajo del hombro.
- ¿Tiene la bala dentro?
- No. Pero sangra mucho –
dije preocupada. Comencé a darle golpecitos en la cara – Aitor. Aitor despierta.
- Coge las tijeras de la
caja de detrás y corta la manga de la camisa. Después agarra unas gasas y
presiona fuerte – ordenó Laura – en cuanto nos alejemos un poco paro
y le cierro la herida. Aguanta cariño.
- Mamá – dijo volviendo en
sí – estoy bien. Ha sido por ver la herida. Me duele.
Le recorté la camisa con cuidado de no hacerle
daño, estaba cubierta de sangre. Cogí las gasas y se las puse en el brazo
apretando fuerte. Se quejó un poco pero me dejó seguir. Le acaricié la mejilla
con la otra mano, indicándole que estaba ahí para él, agradeciéndole todo lo
que ha hecho por mí. Me agarró la mano fuerte.
- Tranquilo Aitor – Dijo su
madre – si la bala no está dentro, que es lo más peligroso, no debes asustarte.
Voy a buscar dónde puedo ocultar el coche y hacerte una cura rápida.
- Y yo voy a cuidarte hasta
que tu madre pueda parar – le susurré al oído, haciéndole sonreír.
- Gracias, Kara – dijo Aitor haciendo una mueca de dolor - pero no aprietes tan fuerte.
- Nayah – Respondí, presionando un poco más flojo.
- ¿Qué? – preguntó Laura.
- Me llamo Nayah.