Muchos somos los que pensamos que las tormentas de verano, o la lluvia y el mal tiempo en general, no son más que una forma natural de fastidiarnos un plan al aire libre como ir a la playa o a dar un paseo en el día que más nos apetece. En cambio, hoy he descubierto que existe cierta belleza en estos inesperados días en los que levantamos la persiana esperando que entren los rayos del sol y descubrimos que nuestro idílico día se ha ido a la mierda, hablando mal y pronto, por culpa de que el día se ha despertado húmedo y gris
Pero, en cambio, cuando he salido de estudiar y he sentido la limpieza del ambiente, tras estar todo el día lloviendo, y el frescor de las pequeñas gotas de agua, ha sido de lo más gratificante y no he podido evitar pararme a pensar en que, en cierto modo, agradezco que llueva.
No te sientes obligado a salir de casa y te puedes tirar en el sofá a ver la tele o leer un libro con una mantita, acurrucarte a tu pareja todo el día sin sentirte mal por no aprovechar un día de sol en Cantabria, que este verano os aseguro que vale su peso en oro.
Ver llover desde la ventana del salón mientras me bebo un té caliente y con un buen libro que leer, en pijama, en el calor del hogar, para mí es un momento de descanso perfecto.
En ese sentido veo belleza en las tormentas, porque no todo es diversión, salir, moverse... a veces se necesita relax, y la lluvia te lo concede si o si.
No hay comentarios:
Publicar un comentario