Verano.
El verano no es solo una estación del año más en la que vives cada año. El verano abarca una infinidad de sentimientos, experiencias, momentos, hechos que nos hacen definirnos como personas, pero de la forma más positiva y alegre posible.
Por muy deprimida que pueda estar en un momento concreto, si me piden que piense en el verano, nunca se me va a pasar por la cabeza algo frío, solitario, triste...pues esa calidez que es capaz de calentar nuestros corazones y relajar cada rincón de nuestro cuerpo, esa alegría que emana de los rayos de sol de pleno mes de julio, es el verdadero espíritu del verano, es capaz de, aunque sea por unos segundos, hacerte brillar y sonreír.
Es la época de los amores fugaces, de robar besos y que te los roben, de no sentir complejos y limitarte a disfrutar de todo lo que te echen, de que te hacen sentir única, deseada, guapa, inteligente, divertida...en definitiva, perfecta. De vivir aventuras y cometer locuras con tus amigos, escaparte hasta las tantas y comerte la bronca de tus padres al día siguiente. De morirte de calor por las noches hasta tal punto que decides que tu pijama sea tu propia piel mientras que tu habitación termina llena de prendas de ropa esparcidas hasta por el picaporte de la puerta.
Lo que más curioso me resulta del verano es que lo vivimos con las altas expectativas del anterior, pensando que nada va a poder superarlo, y que se supera con creces, formando una espiral de interminables y perfectos momentos que no cambiarías por nada, pero que no los aprecias en su totalidad hasta el comienzo del verano del año siguiente, que los extrañas y piensas que nada será mejor que eso.
Por esta razón y tras meditar sobre esto, estoy observando y disfrutando cada momento de este verano, para no extrañarlo al año siguiente y poder disfrutar lo que llegue. No dejo de sonreír cuando mi mejor amigo me vacila y después me pide cosquillitas en la piscina para que lo perdone (lo se, no tiene sentido, como el) o cuando nos ponemos a ver una película de Disney a la una de la mañana y terminar echándolo a las tres porque se me duermen hasta las pestañas. Me río cuando al perder a las cartas me tengo que tirar al agua o me tiran en ropa, no me pierdo ni una sola sonrisa, ni un solo beso, ni una mirada de mi novio, que me cautiva, me emociona y creo que hasta él mismo me hace brillar a mi. Incluso cuando, por la noche, tras un mosqueo, me trago mi orgullo y mis manos se deslizan por su cintura hasta su brazo, pidiéndole un silencioso abrazo, y acabo disfrutando de su cercanía, su respiración en mi mejilla, su brazo en mi cintura y nuestras manos entrelazadas...cada cosa donde debe estar.
Todos estos son insignificantes detalles que poseen una gran carga emotiva, una descarga eléctrica que te recorre por dentro al recordar esos pequeños momentos, que no serán exactos a los tuyos, pero que el sentimiento que te producen será similar por no decir exacto.
Y aunque por suerte o por desgracia esto no serán más que divagaciones nocturnas por culpa del insomnio en estas largas noches de verano, que puedan ser reales, o puedan ser ficción, y aunque eso sea algo que solo yo puedo saber, todos tenemos claro una cosa: Verano = momentos inolvidables (felicidad)
XOXO,
ThirstyImmortal.
ThirstyImmortal.
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