sábado, 11 de octubre de 2014

Nayah V

Pasamos una comida muy agradable y estaba deliciosa. Comí con Laura, Aitor y tres voluntarios más. Se llamaban Marcos, Daniela y Cristina y ya los conocía de mis visitas anteriores. Eran una pareja de médicos y una bióloga respectivamente. Afortunadamente, ninguno me reconoció.
Durante la comida me contaron sus historias. Al parecer, Marcos y Daniela se casaron hace un tres y pasaron su luna de miel en África. Durante su viaje pudieron ver las necesidades que hay aquí y los pocos medios que poseen. Estuvieron un año preparándose y ahorrando para poder pagar el viaje y venir a curar y cuidar a la gente.
El caso de Cristina es más gracioso ya que acabó aquí de pura chiripa. Un día estaba hablando con una de sus compañeras de carrera, que siempre la pinchaba porque Cristina se ponía muy nerviosa con las notas y luego sacaba excelentes, apostaron que si sacaba más de un nueve en el trabajo de fin de grado se tendría que apuntar a una ONG y se iba a África de voluntaria. obviamente era de broma, ya que poca gente sacaba más de un ocho en su trabajo, pues le faltó tiempo para hacer las maletas cuando recibió una matricula de honor por su estudio sobre la reacción de diversas bacterias en aguas con diferentes componentes y alguna otra cosa más que no logré comprender bien.
Después de tanta charla, y tras la insistencia de todos, tuve que contarles parte de mi historia, algo distorsionada claro.

- Me dirijo hacia Egipto - añadí por fin - a casa de mis padres.
- ¿Por qué no estás con ellos? - preguntó Cristina.
-¿Qué haces tu sola recorriendo el continente? - dijo Marcos, la verdad es que me miraba con cara de incredulidad. Me intimidaba bastante.
- Me escapé de casa - logré decir - mis padres me presionaban mucho para que hiciera todo lo que ellos quisieran y me cansé. Cogí una mochila y dinero, el cual no falta en mi casa, y me fui a casa de una amiga que vive aquí, en la capital.
- ¿ Eres de una buena familia? - dijo Marcos - El caso es que cuanto más te miro más me resultas familiar...¿ Has salido alguna vez en la tele o algo así?

Mierda. Eso fue lo primero que pensé. La mesa se quedó en silencio y yo no sabía que responder, me sudaban las manos y me ardía la cara. Por fin se me ocurrió algo:

- Mi padre trabaja en un periódico y alguna vez he posado para alguna foto - dije sonriendo. No sonaba muy convincente pero no sabía qué otra cosa decir - seguramente te suene por eso.
- Es lo más probable - dijo Daniela, salvándome el cuello - a mi marido le encanta leer el periódico.
- Pero Kara - intervino Aitor, cortando ya con el tema  - ¿cómo llegaste hasta aquí? tenías varias quemaduras en la cara y parecías totalmente perdida cuando mi madre y yo te encontramos. Tuviste suerte de que saliéramos del poblado a hacer fotos del atardecer...
- Mi amiga vive en el centro de la capital y hace unos días la atacaron y... - me costó hablar sobre mis padres. Tuve que seguir hablando reprimiendo las lágrimas  - mataron al presidente y a su mujer.
- Lo sabemos - dijo Laura - vinieron varios heridos ese día. Al parecer están buscando a la hija del presidente, que se encuentra desaparecida.
- Si - proseguí, con un nudo en el estómago al pensar que estábamos hablando de mí en tercera persona - quieren matarla porque ella ahora es la sucesora al cargo. han ofrecido elevadas recompensas por ella. El caso es que me asusté mucho al ver todas esas revueltas y me fui de la ciudad en cuanto pude. Quise coger un avión pero estaba todo colapsado para evitar que nadie saliera de allí así que decidí alejarme a pie y buscar un transporte.Pasé un día andando por el desierto hasta que me encontrasteis. El resto de la historia ya os la sabéis. 
- Madre mía - exclamo Marcos - ¿y cómo piensas seguir?
- Mi madre y yo nos vamos a Egipto en un par de días en el coche para recoger material médico - dijo Aitor - quédate dos días y te llevamos.

No sabía que hacer...estar tan cerca del peligro dos días era muy arriesgado. En cualquier momento podían venir a investigar y no sabía si sabría pasar por otra persona mucho tiempo.

- no sé...no creo que sea lo mejor - respondí

-Aitor - exclamó Laura - Se me había olvidado por completo lo de nuestro viaje. Es perfecto. No se hable más, Kara, te vienes con nosotros, no voy a permitir que te vayas sola con lo que está pasando. y será más divertido.

De alguna forma sus palabras me hicieron pensarlo bien. Llegaría mucho antes con ellos y el hecho de ir con unos voluntarios era una especie de camuflaje. Solo me daban miedo estos dos días pero al final acepté.

- Muchísimas gracias a todos - dije - estaré encantada de ir con vosotros. La verdad es que el viaje me daba algo de miedo.
- Es todo un placer tenerte aquí - dijo Daniela vacilando y sonriendo - pero no vas a librarte de ayudarme en el invernadero.
- Lo siento, Dani - dijo Aitor - pero esta tarde ya la tiene muy ocupada. Se viene conmigo a la escuela para ayudarme con los críos.

Y en su rostro feliz se formó una gran sonrisa mientras me guiñaba un ojo. No pude evitar bajar la mirada y sonreír con el.









miércoles, 8 de octubre de 2014

Nayah IV

Cuando el sol decidió asomarse por mi ventana mis ojos comenzaron a abrirse lentamente. Las suaves sábanas blancas que me cubrían desprendían un agradable olor a primavera y el confortable colchón me abrazaba para que siguiera allí infinitamente. Me sentía tranquila y a salvo a pesar de no tener ni idea de dónde me encontraba. Tras unos segundos de placer que me permití a mí misma decidí levantarme y mirar alrededor. La cama estaba en una habitación sencilla de paredes blancas y desgastadas. Pegado a ellas se encontraba un pequeño escritorio de madera vieja con papeles desordenados por encima. Desde la cama podía ver las otras tres estancias de la cabaña: una pequeñísima cocina de lumbre, un baño minúsculo y otra habitación exactamente igual a aquella en la que había dormido.
Salí de la cabaña y me encontré en el centro del poblado, coronado con un pozo de agua en el centro. Una larga cola de personas se arremolinaba alrededor esperando su turno para coger agua.

– Por fin has despertado – me gritó una voz masculina detrás de mí.
– Aitor… no asustes a la chica por detrás – dijo la mujer que se encontraba al lado del chico.
– Lo siento…  –  dijo acercándose a mí. Tenía una sonrisa que brillaba por sí sola a pesar de su piel clara – Me llamo Aitor y esta es mi madre Laura ¿Cómo te llamas?
Era un chico joven, un par de años mayor que yo supongo. Se hizo un largo silencio mientras esperaban la respuesta.
– Kara – mentí – Me llamo Kara.
No sabía en quién podía confiar así que esa me pareció la mejor opción, bautizarme con el primer nombre que se me ocurrió, el de mi antigua mascota.
– Estamos encantados de conocerte Kara, somos voluntarios españoles que venimos a intentar mejorar vuestro modo de vida. ¿Quieres tomar algo? – Me preguntó con hospitalidad – Quedan dos horas para la comida así que ¿por qué no dejas que Aitor te enseñe el pueblo? Aitor, tráela algo de fruta y volved en un par de horas para comer algo.
– Muchas gracias, Laura – dije mientras cogía una naranja.
Aitor y yo caminamos por el poblado que yo ya conocía mientras me explicaba lo que había en cada cabaña. Todo el poblado formaba un gran circulo alrededor de pozo. Calculo que apenas serán ciento cincuenta personas incluyendo a los voluntarios.
– Cuando construyeron el pozo y lograron que llegara el agua hasta aquí, los poblados cercanos empezaron a venir aquí en lugar de caminar tantos kilómetros – exclamó -  en cierta forma estamos ayudando a mucha más gente de la que parece.
Todo lo que me estaba contando me resultaba de lo más interesante, lejos de las narraciones examinadas minuciosamente por el protocolo cuando los visitamos por última vez. Esta versión era más real y sincera. Cuando nos quedamos sin tema del que hablar traté de impedir que me preguntara sobre mí, así que lo hice yo:
– ¿Cuánto tiempo llevas aquí? – pregunté, su rostro no me era familiar ni me sonaba de la última vez. Es un chico muy guapo, si le hubiera visto, lo recordaría.
– Apenas un mes. Mi madre es médico y ganaba mucho dinero en España así que nunca me faltó de nada – dijo entre risas – más bien estaba muy consentido y no sabía valorar las cosas. Unos días después de graduarme del bachillerato y decirla que pasaba de estudiar más y que quería vivir la vida se enfadó muchísimo por que no supiera valorar que todo lo que ella ha trabajado lo ha hecho para que yo tuviera la mejor educación y yo la desaproveche. Así que una semana después me soltó la bomba de que estábamos en una ONG y nos íbamos de voluntarios quince días.
– ¿Y cómo reaccionaste? – pregunté.
­– La verdad…fatal. Tenía planeado un viaje con mis amigos y se negó a que fuera. Cuatro días después estábamos cogiendo el avión sin decirnos ni una sola palabra.
Los primeros tres días fueron un castigo. No tener agua caliente, apenas electricidad y no poder hablar con mis amigos…lo pasé algo mal.
Pero finalmente mi madre consiguió su propósito y me abrió los ojos. Los primeros días yo la veía cuidar a los lugareños y curar heridas del duro trabajo diario y finalmente opté por poner mi granito de arena. Escuché que estaban terminando de construir un pequeño colegio con un huerto detrás de las cabañas y quise ayudar. Pasé una semana pintando las paredes con los niños, construyendo mesas de madera y taburetes, ordenando el poco material escolar que nos llega. Me lo pasé realmente bien y me di cuenta de que era feliz en esta humilde vida sin las ataduras del mundo moderno. Los niños estaban ilusionadísimos por estudiar y aprender, por labrarse un futuro, el futuro que yo estaba rechazando.
<< unos días antes de irnos Hablé con la ONG sin decírselo a mi madre. Les pedí que me dejaran quedarme y ser el profesor de los niños. Aceptaron con la condición de que se lo contara yo a mi madre antes de confirmarlo del todo. Cuando se lo dije se quedó helada. No sabía cómo reaccionar ante eso. Le dije que no sería para siempre y que cuando volviera comenzaría a estudiar para ser profesor. Se puso tan contenta y la vi tan orgullosa de mí... Me dijo que se quedaría conmigo y aquí estamos los dos, dispuestos a cambiar un poquito el mundo.
Cuanto más lo escuchaba más me hechizaban sus palabras. Sentía total admiración por ese chico, que abandonó su mundo y todo lo que tenía para ayudar al mío.
Seguimos dando un paseo, volviendo hacia el poblado tras visitar la escuela. Era muy bonita, con colores y manos de los niños en la pared. Cuando llegamos al pozo a beber algo de agua me dijo:

– ¿Te gustaría venir a la escuela esta tarde a verme y jugamos un rato con los pequeños? – me dijo con emoción
– No se – dije, volviendo a mi realidad, a pesar de que dentro de mi el deseo de quedarme latía con fuerza – debería seguir mi camino.
– Una lástima – exclamó. Sus palabras se tornaron tristes y ácidas – Me costará olvidar esos ojos brillantes que tienes, son mágicos.
Y salió corriendo hacia una de las cabañas, dejando sus últimas palabras flotando en el aire.
– ¡Kara! – Exclamó Laura desde la ventana - ¡ven a comer con nosotros, venga!
A eso no podía negarme.