domingo, 6 de octubre de 2013

Alexis

Siempre he pensado que todo cuento que se precie debe empezar por “erase una vez”. Tiene que tener una apasionada historia de amor, valientes caballeros, monstruos horribles y princesas que se limitan a esperar a su príncipe encantador; Uno de los lugares principales debe ser un bosque encantado o un castillo con torres elevadas,  tejados de colores y grandes ventanas con balcones, un gran puente levadizo que poder atravesar galopando a caballo y este debe estar sobre el filo de un acantilado; Y no podemos olvidarnos de ese terrible dragón que lo custodia a toda costa, protegiendo a la princesa de indeseados.
 Tampoco pueden faltar los finales felices sellados con un beso de amor verdadero por parte de los protagonistas después de una trágica lucha bajo una tormenta en la que parece que se va a acabar el mundo, la muerte de seres queridos y heridas graves para aprender que a pesar de nuestras perdidas la vida sigue y hay que luchar por ser feliz.

En mis pensamientos siempre había espacio para la magia, esa energía extrasensorial que era capaz de conseguir todo aquello que anhelaban nuestros deseos más profundos o lo que se encuentra en el fondo de nuestro corazón bajo capas y capas de motivos que daban todo aquello por imposible.

Por último, pero no por ello menos importante, me falta describir lo último que veo necesario. Todo protagonista que se digne a estar a la altura para los lectores de su historia, no sería nada sin su  némesis, su otra cara de la moneda, enemigo, lado oscuro, como lo queráis llamar. Así es, me estoy refiriendo a la figura antagónica que tiene como único objetivo el fracaso del personaje principal, hacerlo sufrir hasta derrotarlo, y todo esto puede ser por celos, traumas infantiles, ambiciones ocultas o por diversión por hacer el mal. Sea cual fuere el motivo que empuja al antagonista a hacer lo que hace,  aunque nunca consiga su objetivo, no puede faltar.

Este cuento no carecerá de ninguna de esas cosas aunque, desde otra perspectiva diferente  porque, en esta ocasión, vais a vivir mi historia, la historia de por qué el malo del cuento es como es y todo ello desde su punto de vista. Descubriréis por vosotros mismos si es verdaderamente tan malo o por otro lado, merece una oportunidad en el mundo. Bienvenidos a mi cuento.

Erase una vez, en un mágico lugar llamado El Valle de Uchawi, el poderoso rey William VII –un hombre alto, de piel morena, grandes músculos y media melena castaña– vivía en su flamante castillo, rodeado de todo tipo de privilegios y de sus seres más queridos. Su mujer, la reina Lauren –pelirroja, de tez blanca y ojos castaños– y sus dos hijos, el príncipe Axel de nueve años –una copia exacta del rey a excepción de su tono de pelo, que tiraba más bien a castaño caoba–  y la pequeña Alexis de cuatro, la niña más adorable que había existido. Rubia, melena larga y ondulada, piel clara y la sonrisa de un ángel.
Ambos niños eran educados con igualdad y por el mismo mentor, el señor Jasiri, que a parte de ser el mentor de los niños, era también el mago de la corte y maestro de magia de Alexis. Sólo una vez cada cincuenta años nace un bebé con ese don y por ello, el actual y único mago es el encargado de la educación y la enseñanza de la magia.
Según las leyendas de Uchawi, aquellos que nacían con este don estaban destinados a hacer grandes cosas – malas o buenas – y por ello llegaría un momento en el que tendrían que renunciar a lo más importante de su vida por esa hazaña que los convertiría en héroes o villanos hasta la senectud.  En el caso de Jasiri, tuvo que renunciar a su deseo de ser caballero de la corte real para dirigirse al Bosque de Zenón – lugar rebosante de vida y de fantásticas criaturas como hadas, unicornios, ninfas, sirenas y centauros – a las afueras de Uchawi para con sus poderes crear un campo de fuerza que detuviera el avance de un dragón de fuego que dejaba todo arrasado por las llamas a su paso y que amenazaba con destruir lo poco que quedaba del Bosque de Zenón y  El Valle de Uchawi.
 Este hecho hizo que Jasiri, aunque era joven cuando le tocó lidiar con su destino – sólo tenía diecisiete años y no había terminado su formación como mago – perdiera una pierna por utilizar parte de su energía vital en lugar de la que circula por el aire para asegurarse de hacer el campo de fuerza más rápido y potente. Eso le costó su sueño y aunque ahora es un héroe adorado en Uchawi, no hay una noche en la que no se despierte soñando con él mismo, reflejado en el espejo y vistiendo la armadura de caballero.

Durante sus primeros años de la infancia, Axel y Alexis se querían como verdaderos hermanos y sus padres se sentían orgullosos de cómo Axel cuidaba de la pequeña Alexis. Cada noche se quedaba con ella y la tocaba sencillas melodías al piano hasta que se dormía, la enseñó a nadar y montar en bici. Esas pequeñas cosas hacían que ambos estuvieran muy unidos.
Un día, cuando Alexis tenía ya seis años, Axel y Jasiri fueron sorprendidos por la niña mientras estaban en la sala de juegos enseñándole a sumar con peluches.
– A ver, hermanita, si yo tengo dos ositos de peluche – dijo Axel por cuarta vez con tono de desesperación – y Jasiri tiene cuatro, ¿Cuántos ositos tenemos?
– Siete – respondió  segura y decidida mientras observa la estantería del otro lado de la habitación.
– No, Alexis – intervino el maestro – son seis… ¿no lo ves? – exclamó mientras colocaba en fila los seis ositos de peluche.
– No, son siete – insistió Alexis sin quitar la vista de la estantería.
– Alexis, dos más cuatro son seis, no siete – repitió Axel casi enfadado con su hermana.
En ese momento, El séptimo osito de peluche comenzó a flotar desde la estantería y terminó cayendo en los brazos de Axel, dándole antes un golpe en la cabeza.
– ¿Veis como eran siete? – Exclamó la pequeña mientras Jasiri la miraba perplejo y Axel se levantó corriendo a hacerla cosquillas.
– ¿y desde cuando eres tan lista y sabes hacer flotar las cosas? ¿Acaso sabes hacer magia?
– Jajaja ¡para Axel! Jajaja.
– Precisamente, eso es lo que sabe hacer – dijo el maestro de los niños todavía sorprendido – Alexis, me parece que tienes el don de la magia. Voy a hablar con vuestro padre para empezar a instruirte cuanto antes.

El rey William decidió que la niña empezara a entrenarse en el ámbito de la magia una vez que aprendiera algunas las normas de protocolo real, a leer y escribir perfectamente como mínimo; y que continuaría estudiando algo de música, danza o idiomas y matemáticas junto a Axel para cultivar su intelecto, compaginándolo con sus clases de magia.
– Va a ser una gran mujer, estoy seguro  – dijo Jasiri sentado en el escritorio de su despacho mojando la pluma en el tintero con una gran sonrisa mientras asoma los ojos por encima de las gafas para dirigirle una mirada a William.
– ¿y que pasa con la profecía? ¿Le contarás la verdad? Nos odiará si lo hacemos… – dijo el rey algo angustiado y moviendo las manos nervioso.
–Ya sabes que yo ya no soy partidario de lo que hiciste hace seis años. Las cosas se podrían haber solucionado de otra manera – Replicó Jasiri –  pero aun es joven, solo tiene seis años y no estamos seguros hasta que ella cumpla veintiuno, pero si me la llevara lejos...
– Te recuerdo, Jasiri – interrumpió el rey – que la traición en este reino se paga con la muerte.
 – Dejemos entonces que disfrute de su infancia. Después decidiré qué contarle…y qué callarme – declaró finalmente Jasiri.

De ese modo, la pequeña Alexis estudió para aprender a ser una señorita educada con entusiasmo para empezar a desarrollar su magia cuanto antes. De vez en cuando, cuando se ponía nerviosa, algo se rompía o apagaba las luces de la habitación con magia pero Jasiri conseguía controlar esos impulsos. Finalmente, al cumplir los nueve años, recibió su primera clase.
– Bueno Alexis, hoy es tu primera clase y lo que te voy a enseñar es, en primer lugar, cuales son los poderes comunes de los magos, y segundo, vamos a conocer que elemento domina en tu interior. Debes saber, que cada cincuenta años nace un mago en estas tierras que tiene el poder de mover cosas con la mente – confiesa el mago elevando una de las bolas de cristal de la estantería – como hiciste la primera vez. También somos capaces de ver en forma de humo de diferentes colores los sentimientos de una persona – El amor, rosa; la envidia, azul; la ira, negro… – y cómo estos pueden llegar a apoderarse de ella; crear campos de fuerza que nos defiendan o ataquen al enemigo y podemos realizar hechizos del Libro de Encantamientos creado por el primer mago, rey y fundador del valle, el gran Uchawi.
– ¿Uchawi? – Dijo Alexis extrañada –  ¿qué significa?
– Significa “mágico” en una lengua antigua, supongo que por eso los dioses lo eligieron para ser el primero. Bueno, como dije antes, a parte de esos poderes, cada mago es capaz de controlar uno de los cuatro elementos en particular, ¿Sabes cuales son?
– Emm…tierra, agua… aire y… no recuerdo el último – exclamó la niña mirando al suelo.
– Y fuego. De acuerdo, vamos a comenzar el ritual para conocer el tuyo.
Jasiri, vestido con una túnica hasta los tobillos azul grisácea con bordes, costuras y dibujos plateados se levantó del escritorio y, haciendo un simple gesto con las manos, los muebles empezaron a apartarse, dejando el centro de la habitación diáfano.
– Acércate, Alexis – La niña algo asustada y nerviosa comenzó a caminar hasta el centro de la estancia – Ahora quiero que cierres los ojos y pienses en el mar, imagina que estás nadando en el, sumérgete en esa sensación de ligereza que produce el estar flotando en el agua salada.
Mientras la niña hacía lo que el mago decía desde el otro extremo de la habitación, Jasiri miraba el Libro de Encantamientos y elevó las manos para rodearla con una burbuja gigante.
– Muy bien, continúa pensando en ello y abre los ojos. No te asustes.
Alexis abrió los ojos y se observó a sí misma en el reflejo de la burbuja y a la vez veía lo que se encontraba fuera.
– Perfecto, ahora quiero que intentes salir de la burbuja, si lo consigues dejándola intacta, significa que el elemento que podrás controlar será el agua.
– No me va a hacer daño ¿verdad?
– Tranquila, lo peor que te puede pasar es que parezca que te has bañado en la piscina con ropa puesta, como hacéis todos los años Axel y tú el primer día de verano – Exclamó entre risas.
Terminaron los dos de reírse y Alexis dió un pequeño paso hacia la burbuja, dispuesta a atravesarla sin problema. Extendió su brazo hacia la pared de agua y, en el momento en el que el dedo índice rozó la estructura de la burbuja, esta precipitó sobre la niña para finalmente terminó todo el agua extendido por el suelo. 
– Me parece que el agua no es mi elemento, maestro – dijo Alexis cubierta de agua de pies a cabeza.
– Yo opino lo mismo, probemos con el fuego – El anciano hizo un movimiento circular con la mano y Alexis volvió a estar vestida y peinada a la perfección – Esta vez, quiero que pienses en el invierno, en como te acurrucas en el sillón con tu padre mientras observas las flamantes llamaradas que surgen de la chimenea, suben, bajan y chisporrotean. Extiende la mano y no dejes de pensar en ello, en el calor y la fuerza del fuego, capaz de destruir cualquier cosa.
La niña hizo exactamente lo que Jasiri dijo, no dejó de pensar en el estado de hipnosis que produce mirar al fuego, esa cálida energía que genera una simple llama, pero cuando extendió la mano, lo único que sucedió fue que una débil y pequeña chispa explotó encima de su mano, desapareciendo casi al instante.
–  El fuego tampoco es lo tuyo… – exclamó el mago con cierto desdén – qué raro, el fuego y el agua son los mas comunes, yo mismo soy de agua. Los de tierra y aire se dan muy poco.
Se notaba en el ambiente cómo Alexis se ponía cada vez más nerviosa porque no lograba encontrar su elemento. Temía no poder llegar a ser una buena maga.
– Alexis, deja de preocuparte. Estoy seguro de que va a salir todo bien – Dijo Jasiri al ver la expresión de la niña – Abre las ventanas y vuelve a colocarte donde estabas.
La fresca brisa entró en la sala y la situación pareció relajarse. Alexis volvió al centro y se colocó frente al mago.
– A continuación te voy a pedir que recuerdes aquel día que os llevé a Axel y a ti de excursión al Bosque de Zenón. Piensa en la gran colina que subimos y que, cuando llegamos arriba me dijiste que te transformara un pequeño pájaro  para cruzar volando a la colina de enfrente.
Inconscientemente Alexis cerró los ojos, extendió los brazos y elevó la cabeza. Lista para echar a volar. En ese momento una ráfaga de viento se coló por las ventanas y generó un remolino alrededor de Alexis hasta levantarla del suelo.
El mago observó a la niña con fascinación y alegría pues por fin había ayudado a un futuro mago a encontrar su elemento tal y cómo lo hizo su mentor cuando era joven.
Alexis comenzó a descender lentamente y abrió los ojos.
– Felicidades Alexis, tienes el poder del aire en tu interior – exclamó Jasiri con alegría – Podrás manejar los vientos a tu antojo, mover y hacer formas con las nubes, ayudar a los barcos de tu padre a salir del puerto con éxito y muchas cosas más.
– ¿Y podré volar? – Exclamó la niña entusiasmada.
– Podrás, yo te ayudaré a que controles tus poderes para que seas capaz de volar ayudándote de las corrientes de aire – Afirma Jasiri con una sonrisa – Creo que es suficiente por hoy, vete con Axel a preparar la clase de matemáticas de hoy y en una hora voy.
–Vale, luego nos vemos, maestro – dijo Alexis haciendo una reverencia y salió de la habitación.

Pasaron los años y Alexis siguió aprendiendo magia. Empezó por cosas sencillas como encender velas con la mente y utilizar el aire para apagarlas y así controlar la fuerza con la que lo utilizaba, mover objetos de un lado a otro de una sala o atarle a Axel los cordones de los zapatos entre sí y conseguir que tropezara.
Axel no solo fue su objetivo número uno para juegos y bromas, también fue su gran apoyo cuando Jasiri la exigía demasiado con respecto a la magia o cuando el rey era demasiado rígido a la hora de seguir compaginando sus clases de magia con las de idiomas, música etc. Axel era el que siempre estaba ahí para abrazar a Alexis cuando ella no podía más y se echaba a llorar o el que le llevaba un vaso de leche caliente con miel los días que se quedaba hasta tarde estudiando hechizos en el despacho de Jasiri. Un día la sorprendió dormida sobre el libro y él la cogió en brazos para llevarla a su habitación y meterla en su cama.

Cuando Alexis tenía ya veinte años era capaz de teletransportarse a cortas distancias, se sabía de memoria más de trescientos hechizos, hacerse invisible y, no solo utilizar las corrientes de aire para poder volar ella, sino también consiguió hacer volar a Axel, la reina Lauren y al rey si este lo hubiera deseado, pues le daban miedo las alturas.
Alexis ya no era una niña sin ningún conocimiento, era una señorita educada, apta para luchar – pues con doce años empezó a hacer esgrima –  muy buena en física y tocaba el arpa y el violín casi con los ojos cerrados. La reina Lauren estaba orgullosa de ella, pues ella misma se había asegurado de que fuera en un futuro una buena madre y esposa enseñándola a comportarse debidamente como tal. Al mismo tiempo, Axel – que acababa de cumplir veinticinco años – era ya un caballero de la corte de su padre, listo para ascender al trono cuando su padre, el rey William VII falleciera pero a pesar de todo, ambos seguían tirándose juntos con la ropa puesta el primer día de verano, como aquel verano de sus veinte y veinticinco años.

Una mañana calurosa de mediados de verano, Alexis se dirigió a su última clase de magia con Jasiri, que ya era un anciano venerable preparado para retirarse y dejarle todos sus cargos a la joven. Axel ya estaba desposado con la princesa de uno de los reinos vecinos. Su nombre era Janice y, aunque a Alexis no le caía del todo bien, iba a ser la futura madre de su sobrinito así que no tuvo más remedio que aceptarla. En cuestión de meses, Alexis se convertiría en miembro de la corte, maga real, educadora del hijo de Axel, consejera personal del rey – o así lo quiere Axel cuando ascienda al trono – y, en unos años se le sumará la tarea de educar a su sucesor, pues Jasiri ya era un anciano cansado y con ganas de disfrutar de sus últimos años tranquilo y probablemente fallecería antes.
Pensar en todo aquello hacía que la joven se sintiera agobiada y asustada, así que decidió disfrutar de su última clase con Jasiri y no pensar en nada más.
– Buenos días Alexis – Exclamó el mago desde su escritorio – Hoy es un gran día, vayamos a dar un paseo, tengo cosas que contarte que creo que debes saber. Dejaré aquí dos copias nuestras para que no sepan donde estamos. Puede que después de lo que te enteres hoy corramos un grave peligro ¿Estás preparada?
– Sí, maestro – susurró Alexis muy confundida.
Se dirigieron sin ser vistos a la entrada del Bosque de Zenón y entraron en una cueva que se ocultaba detrás de un árbol hueco. Ambos se sentaron el uno frente al otro y Jasiri podía ver la confusión y el miedo de la chica – de ojos cada vez más oscuros – en forma de nube de color verde oscuro.
– Alexis…quiero que sepas que si te cuento toda la verdad correremos un grave peligro y probablemente tendremos que huir de aquí, eso dependerá de ti. Prometo llevarte a un sitio seguro y cuidar de ti hasta mi muerte pero si no quieres conocer la verdad que rodea a tu familia, sal de esta cueva y vuelve a tu vida, pero no será la que tú misma decides, será la vida que los que te rodean han planeado para ti casi desde que naciste.
El espíritu del aire comenzó a aflorar en el alma de la chica y sentía la necesidad de conocer toda la verdad y ser capaz de dominar ella su destino y su vida. Durante un segundo tuvo el impulso de salir corriendo con sus padres y su hermano, a los que tanto quería, pero algo en su interior gritaba que debía quedarse y, si tenía que huir lejos de allí, volaría con su maestro a donde los llevara el viento, a conocer otros lugares y reinos.
– Maestro, me gustaría conocer toda la verdad. Estoy lista para huir de aquí si la situación lo requiere – dijo Alexis con decisión.
– De acuerdo, has de saber que nada de lo que te voy a contar es fácil de asimilar. Vas a tener que abrir la mente y comprender que todo lo que conocías hasta ahora se va a desmoronar y por favor, no digas nada hasta que no te lo cuente todo.
 Jasiri se puso muy serio de repente y comenzó a narrar toda la verdad. Alexis escuchó atenta sus palabras, y esto fue lo que contó:
“hace casi veintiún años, los reyes William y Lauren tenían unos consejeros reales – que acabaron siendo un feliz matrimonio –  a los que se sentían muy unidos. Sus nombres eran Michael y Elisabeth. El rey comparaba Michael con el hermano pequeño que nunca tuvo, estaban siempre juntos y confiaban plenamente el uno en el otro. Doña Lauren trataba a Elisabeth como a su igual y aceptó con orgullo su matrimonio con Michael al igual que el embarazo de la joven – Que tan solo tenía veinte años en ese momento – Pero no la importó, y yo mismo me encargué de cuidar a Elisabeth durante su embarazo a la vez que al pequeño Axel. Por desgracia, no todo es de color de rosa…
Una mañana  de verano – La mañana de su cincuenta cumpleaños – me  encontraba con Elisabeth en la biblioteca leyéndole un cuento a Axel y a su bebé, que nacería en  otoño, todo era perfecto en la normalidad de la rutina dónde ambos jugábamos con Axel, paseábamos por los jardines y cuidaba de Elisabeth para que no la pasara nada mientras Michael estaba con el rey. Pero esa noche el futuro vino a llamar a mi ventana y la profecía de mi futuro sucesor me fue revelada. Me sumergí en un estado de inconsciencia donde vi como una joven maga, junto a la ira oculta en su interior de sus padres asesinados, utilizaba sus poderes mágicos para asesinar a la familia real y convertirse en una reina poderosa y oscura tras cumplir los veintiún años.
Al principio pensé que solo había sido un sueño de una noche de verano más, pero cuando llegó el otoño y Elisabeth alumbró a una niña – de pelo negro como su madre pero con unos ojos claros dignos de admiración – me asusté. Empecé a vigilar al matrimonio de cerca, con miedo de que su bebé fuera la niña de la profecía. En lugar de eso, descubrí que el joven Michael tenía un plan secreto junto a algunos caballeros para derrocar al rey y asumir el poder del reino junto a su mujer y su heredera.
En cuanto lo supe decidí contarle al rey los planes de Michael – olvidándome por completo de aquel sueño incoherente –  y, en el mismo momento en el que el rey William se enteró de lo sucedido, comenzó a hacer un plan de defensa junto a mí y sus caballeros de máxima confianza para que no les pillara el ataque por sorpresa.
El rey envió a Doña Lauren y al príncipe Axel  junto a mí y la hija de los traidores a una casa a las afueras del valle para mantenernos a salvo cuando recibió el aviso de que Michael planeaba matarlo esa misma noche.
Tras horas de espera, el rey William regresó a la cabaña a por nosotros – herido en un brazo y con algunas heridas leves – y nos contó que se adelantó y prendió fuego la  habitación donde los traidores dormían…con Elisabeth dentro. Nos contó también que los gritos de la mujer desesperada por salir resonaron por todo el castillo y, cuando Michael se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, corrió a salvar a su esposa, pero ya estaba muerta. En su lugar se encontró con William y se batieron  en duelo hasta el agotamiento. Finalmente, en un momento de distracción y debilidad el rey le atizó el golpe definitivo.
Apenas unos segundos después de que William terminara de hablar, observé como una nube negra rodeaba a la niña, apoderándose de ella, haciéndola llorar y tiñéndola los ojos a juego con la noche y la nube de humo que la cubría. Estaba claro que esa niña sería la que derrotaría a los reyes. No podían matarla así que el mago buscó la solución más sensata.
 Encerró la ira de sus padres en lo más profundo de su alma con un hechizo muy potente – lo que devolvió su color de ojos a la normalidad y tiñó su pelo de rubio claro y brillante, pues guardé en su alma todo signo de oscuridad que poseía la niña –  con la esperanza de que nunca saliera a la luz. Borró y manipuló los recuerdos de Axel para que nunca sospechara nada.
William y Lauren se comprometieron a cuidarla como si fuera suya para impedir que aquella niña indefensa y sola a la que los monarcas llamaron Alexis  fuera la que conduciría al caos hacia el reino del Valle de Uchawi”.
Cuando el mago terminó de hablar Alexis seguía callada, mirándolo fijamente. No sabía qué pensar ni qué sentir después de todo eso. En cuestión de minutos descubrió que había sido engañada, manipulada y hechizada para evitar que ella cumpliera con aquello para lo que había nacido. Su mundo cayó cual castillo de naipes tras un ligero suspiro. Pasó de ser una gran maga con futuro a ser una joven huérfana adoptada por los asesinos de sus verdaderos padres. Criada bajo un hechizo que escondía todo lo malo en su alma para proteger a los de su alrededor, comprendiendo entonces el significado de su nombre. “Protector”. Eso es lo que significa el nombre de Alexis, elegido como anillo al dedo.
– Maestro…no lo entiendo ¿Significa esto que algún día mataré a todos los que creía mi familia? – Susurra desde el otro extremo de la cueva – Estoy confusa… me gusta mi vida actual y quiero a mis padres pero…mataron a los verdaderos. Podrían haberlos desterrado, encerrado…y en lugar de eso decidieron no ser flexibles y matarlos sin explicación alguna. Se supone que estaban unidos…
– Lo sé Alexis… pero si algo no soporta el rey es la deslealtad y la traición. Con el paso de los años he comprendido que esos hechos no deberían haber sucedido así…hablé con tu padre, con el rey William, para decirte la verdad pero se negó a hacerlo, temía que los odiaras y liberar esa ira que guardas en tu interior, por tanto, al revelarte yo esto, lo estoy traicionando y como lo descubra, seguiré el mismo camino que Michael y Elisabeth
– ¿Y Axel? ¿Qué sabe el de todo esto?
– Axel está al corriente de todo, se lo contamos cuando alcanzó la mayoría de edad – dijo Jasiri – prometió hacer como si nada. Para él tú eras su hermana por encima de todo.
Alexis no podía dejar de pensar en la mentira que había vivido. Pensó que tal vez era hora de comenzar una vida sin mentiras.
– No quiero volver nunca más – confesó la joven tras una larga pausa –  Si vuelvo, descubrirán enseguida que sé la verdad, te matarán y yo acabaré matándolos a ellos.
– Llevo varios meses pensando en contártelo y contemplando la posibilidad de que esto pasara.
– Somos magos poderosos, podríamos con el – Exclamó la joven.
– Ya no. El rey posee una Medalla de Vida, lo protege de todo lo mágico. Se la di hace años para que no pudieras con él si te revelabas, cuando estaba de su lado. El rey no es malo, pero ya no estoy de acuerdo con su forma de pensar. Solo quiso proteger a su familia y por eso estuve de su lado – Prosiguió Jasiri – pero ahora  lo mejor será que huyamos a una casa que poseo al otro lado del bosque. Allí viviremos tranquilos y lejos de la posibilidad de que su majestad pueda encontrarnos.
Partieron hacia su nuevo hogar con lo puesto, no necesitaban llevarse nada pues Jasiri lo tenía todo preparado. Habrían tardado dos días en cruzar el bosque a pie, pero lo atravesaron volando en poco más de una hora. Llegaron a una pradera con un pequeño lago con cascada en el extremo izquierdo y a la derecha  una pequeña casita de piedra de una planta aguardaba a lo alto de una colina. Era un lugar mágico y encantador, perfecto para dos magos. Usaban la magia para casi todo. La vida era fácil y les sonreía, tenían un huerto y unos animales para poder alimentarse, y Alexis tenía una yegua con la que salía a pasear por la pradera.
Pasaron dos meses y el otoño iba ganándole terreno al verano hasta terminar con él. A pesar de los cambios ambos se sentían felices. Para Alexis, Jasiri había pasado de maestro a casi un padre, en alguien en quien poder confiar ciegamente, pues había sido el único que le dió la libertad a través de esas verdades que cambiaron su vida.
Una mañana la joven estaba practicando junto a la cascada a mover piedras pesadas del fondo del lago con un nuevo hechizo. Cuando llegó la hora de comer se apresuró hacia la casa para preparar la comida y pasar un rato junto a la chimenea con Jasiri. Entró y se percató de que todo estaba demasiado tranquilo. Una tarta de cumpleaños asomaba desde la encimera de la cocina. Llamó a Jasiri pero nadie contestaba así que pensó que estaría fuera dando un paseo, pero la palabra que destacaba sobre su tarta de los veintiún años la hizo cambiar de opinión: “Traidores”.
Desesperada, recorrió toda la casa hasta que observó que el sillón de orejas estaba mirando a  la chimenea – justo de espaldas a la puerta de entrada en lugar de su posición diagonal de siempre – y recorrió con la mirada una mano que caía del reposa brazos hasta llegar a unas gotitas rojas que goteaban al ritmo del segundero del reloj de pared. Tic… tac…
Se acercó susurrando el nombre de Jasiri, dió la vuelta alrededor del sillón y se encontró a su maestro inconsciente y con cortes por todo el cuerpo. Su sangre se extendía por el suelo cada vez más rápido.
– ¡¡NOOOO!! – Gritó Alexis mientras las lágrimas le impedían ver lo que el rey había hecho.
Lo habían estado torturando, haciéndole esos cortes  uno a uno. Comenzó a hacer un hechizo de curación inmediata extendiendo la mano por sus heridas pero era tarde. Ese hechizo no revive a los muertos, solo cura a todo aquel que contenga en su interior al menos un suspiro de vida, un suspiro del que Jasiri carecía.
– Ni siquiera he podido decirte adiós… ¿Por qué nos ha hecho esto? No pretendíamos volver… no íbamos a hacer daño a nadie – susurra la chica sobre el cuerpo sin vida del maestro hasta quedarse sin habla.
Mientras lloraba la muerte de Jasiri, toda su ira junto a la de sus padres iba resurgiendo desde lo más profundo de su alma, tiñéndola el pelo de negro, devolviendo a todos los rincones de su cuerpo su naturaleza oscura. Se había convertido en un ser cegado por el ansia de venganza, rodeada de una gran nube de humo negro y remolinos grises.
Llevó el cuerpo sin vida de su maestro – utilizando el hechizo con el que hace unas horas movía piedras del lago – hacia un pedazo del jardín que quedaba sin cultivar, y lo enterró allí sin usar magia. Tardó horas en cavar la tumba, sin dejar de llorar por la rabia, el odio y la tristeza, con toda la ropa manchada con barro y sangre. Ni siquiera se enteró de que había empezado a llover.
Cuando terminó se dirigió sin pensarlo hacia el castillo, no fue a pie ni a caballo, pues tardaría horas, sino que utilizó la ventisca de la tormenta para moverse a gran velocidad por el cielo. Atravesó nubes y esquivó a los pájaros que huían del centro de la tormenta para terminar por fin en la torre de vigilancia del castillo, dónde aniquiló sin reparo y con sus propias espadas a los vigilantes, que no se esperaban un ataque aéreo. Descendió por las escaleras destruyendo a todo aquel que osaba impedírselo. Ni siquiera se manchaba las manos, pues la espada hacía el trabajo sucio de Alexis, flotando,  moviéndose y atacando a su antojo. Estaba absolutamente absorta y fuera de sí. En menos de una hora solo quedaba viva en el castillo la familia real, escondida en lo más alto de la torre principal.
La familia real se encontraba frente a la puerta, con el rey en primera fila y la ventana a sus espaldas. Esperaban con miedo y entre sollozos por parte de Janice –  y el pequeño bebé que había tenido en estos meses –  la llegada de Alexis. De repente una sombra entró por la ventana y, antes de que uno de los presentes se diera la vuelta, Alexis clavó la espada de un caballero muerto en la espalda de Lauren y se terminó todo para ella. Muerta.
– ¡¡LAUREN!! – gritó el rey William mientras corría desde la otra punta de la sala circular para proteger  a su familia.
 De un modo u otro todos sabían que iban a morir aquella noche. William se apresuró a colocarle la Medalla de Vida a Axel y situarse delante de su hijo. Tenía la esperanza de que Axel consiguiera derrotarla con su fuerza de hombre joven y cuando el rey quiso atacar a Alexis, esta lo paralizó y descargó su ira sobre la esposa de Axel, utilizando un hechizo que convertía la sangre de sus venas en un veneno mortal.
Axel la sostuvo entre sus brazos gritando su nombre, diciéndola que luchara con todas sus fuerzas para intentar sobrevivir. Murió en cuestión de segundos
Ya solo quedaban William y Axel junto a su hijo en la sala, dispuestos a derrotar a la joven que en un tiempo fue su querida hija y hermana respectivamente.
– ¿Por qué? – Dijo Alexis haciendo estallar todas las ventanas de la habitación mientras avanzaba hacia ellos.
– Alexis…Jasiri era un traidor – exclama William. Podía observarse el miedo en sus ojos –  No tenía perdón, la lealtad es lo más importante.
– Me has arrebatado todo lo que es mío, me has ocultado todo este tiempo quien y qué soy, mataste a mis padres, has matado a Jasiri… ¡¿cómo puedes vivir con eso a tus espaldas?! Por tu culpa me he convertido en un ser que no solo mata, sino que disfruta haciéndolo, no tengo compasión alguna hacia nada. Voy a matarte… ¿Lo sabes? Y tú, Axel, vas a verlo en primer plano. La magia no funciona en ti, pero puedo utilizarla para retenerte – Dice Alexis apresando las extremidades de  Axel con cadenas a la pared con un simple movimiento de muñeca mientras que en su voz se apreciaba la locura –Intentaré que no sufras tanto como yo – exclama dirigiéndose al rey con sarcasmo.
La muerte de William fue la peor de todas. No fue sangrienta ni con espadas de por medio, en esta ocasión Alexis introdujo en el alma de William parte del dolor que ella sentía, de la ira y la oscuridad que tenía que soportar. Solo introdujo una pequeña parte pero fue la suficiente para que William cayera gritando al suelo –  mientras Axel intentaba liberarse de las cadenas para ayudar a su padre – luchando contra sí mismo para conseguir sobrevivir, pero no fue suficiente. Su corazón se detuvo y allí se quedó William, inerte y con todas las venas dilatadas – de un tono oscuro –  por la cara hasta los ojos, abiertos y completamente negros.
Axel dejó de luchar contra las cadenas, ya no podía salvar a su padre. Alexis se dirigió hasta la cuna donde se encontraba el hijo de Axel. Tenía sus mismos ojos, de grandes y largas pestañas, y en el pelo le crecían pequeños y perfectos ricitos del mismo tono caoba que su padre.
–Tranquilo, pronto te reunirás con todos ellos – dice la joven acariciando la mejilla del pequeño – y no te preocupes, cuidare bien de tu hijo… Lo llamaré Axel. Este niño no va a vivir en una mentira, seré su guía hasta que se haga un hombre, lo criaré y después será mi sucesor en el reino de oscuridad que hoy va a comenzar, pero no me llamará mamá.
– No lo toques, deja a mi hijo en paz – responde Axel – no lo toques o…
– O ¿qué?  – Exclama Alexis mientras se acerca a Axel con la espada flotando a su lado – No hay nada que puedas hacer, estás solo e indefenso. Puedo hacer lo que quiera contigo.
Mientras Alexis pronuncia esas ultimas palabras, la espada dibuja una línea en la mejilla de Axel, haciéndole sangrar y poner una mueca de dolor.
– Estás muerto Axel ¿Recuerdas cuando practicábamos esgrima juntos? Siempre me derrotabas porque tenía miedo a hacerte daño. Aunque recuerdo un día que estaba enfadada contigo porque por tu culpa Lauren me castigó una semana sin practicar magia cuando pensó que había soltado yo a los caballos – impidiendo a William salir a una misión importante – cuando en realidad fuiste tú el que se dejó la puerta de las cuadras abierta. Ese día quise hacerte daño de verdad y puse todo mi empeño en ello. Acabé ganándote el duelo y aunque no te hice daño porque era una simple clase, me sirvió para demostrarme a mi misma que si me esfuerzo al cien por cien podía llegar a ser mejor que el futuro rey del Valle de Uchawi. Pues bien, hoy no va a ser diferente, no te voy a matar sin más – Suelta las cadenas del chico – Vas a expirar tu último aliento peleando contra mí. Vas a morir luchando.
Ambos comienzan a elevarse del suelo y a flotar por el aire – saliendo por la ventana de la torre – hasta terminar en el patio interior del castillo. Dos de las espadas más valiosas para el rey descendieron a su vez desde la habitación real hasta acabar una en manos de Axel y otra en manos de la malvada Alexis.
– Ya que no puedo matarte con magia debido a esa espantosa medalla que llevas al cuello, mantendremos un duelo de espadas.
– Estas muy segura de vencer pero no te confíes – dice Axel – ahora mismo te odio más que a cualquier cosa… ¿Quién dice que eso no me de fuerzas a mi para vencerte?
– Hermanito…no se puede luchar contra la profecía. Siempre se cumple si la escoges, solo que, en mi caso, no he tenido que elegir entre mi futuro o cumplir con ella porque mi futuro me lo arrebató tu padre esta mañana – Confiesa Alexis.
La lluvia no dejaba de caer sobre ellos, y los rayos iluminaban el lugar de manera intermitente y siniestra cuando las espadas chocaban entre sí. Los jóvenes se atacaban y defendían; sus figuras giraban, subían y bajaban. Alexis era capaz de predecir cualquier movimiento de Axel y adelantarse, le llevaba una clara ventaja debido a su capacidad de volar y moverse mucho más rápido que el. En cambio, aunque Axel no se rinde y consigue evitar la mayoría de sus ataques, ya tiene una herida en el hombro derecho mientras que Alexis no tiene ni un solo rasguño.
Llegó el alba y la lucha no terminaba. Axel estaba agotado mientras que Alexis parecía tener una energía inagotable. Lo único que le daba a Axel fuerzas para seguir luchado era saber que su hijo seguía con vida. No podía permitir que se criara con ese monstruo del mal. Pero no bastaba con quererlo o desearlo, por eso, cuando Alexis introdujo la espada en el cuerpo de Axel, atravesándolo el corazón, la vida que podría haber vivido al lado de Janice y su hijo pasó por delante de sus ojos, sin poder siquiera rozarla. El joven cayó sobre el suelo mojado, esperando a que la muerte fuera a buscarlo.
– Adiós, hermanito – susurró Alexis con una media sonrisa en los labios.
Alexis apiló todos los cadáveres a las afueras del castillo y los prendió fuego. Elevó los brazos y todo el castillo y los destrozos que había en él comenzaron a arreglarse hasta finalmente encenderse las luces de todas y cada una de las habitaciones. Cuando todo estuvo en orden, subió a la torre dónde se encontraba el pequeño Axel, lo cogió en brazos y lo llevó a su habitación. Después de depositarlo dormido en su cuna y sin decir una sola palabra, Alexis salió de la habitación, transformando su ensangrentada, rota y sucia ropa en un vestido negro con manga de encaje.

De ese modo y no otro, la profecía se terminó cumpliendo. Ahora mi castillo se encuentra en penumbra y entre las sombras, siempre rodeado de un remolino de nubes grises porque aquí la luz directa del sol no tiene nada bueno que iluminar. Los habitantes abandonaron el Valle de Uchawi cuando fueron informados de lo sucedido. Yo tampoco se lo impedí pues no quiero tener a nadie a mi lado que no lo desee pero mis puertas están abiertas para todos aquellos que quieran formar una alianza conmigo.
 Por ello, mi castillo está ahora habitado por criaturas malignas, que de alguna forma no consiguieron encajar,  dispuestas a luchar por y para mi reinado. En un futuro será de Axel.
 De vez en cuando llega algún ejército intentando adueñarse del castillo y destruir mi mundo de oscuridad pero, si lo pensaran bien llegarían a la conclusión de que me necesitan, pues la luz no es nada sin la oscuridad, no tendrían enemigos a los que enfrentarse y a veces vencer, convirtiéndolos en héroes. En definitiva, no brillarían tanto.
Nunca  consiguen derrotarme a mí. Algún día llamará a mi puerta un joven mago para que lo instruya y este formará equipo con Axel y mis súbditos para proteger este lugar dónde la oscuridad y el caos tienen un espacio en el mundo. Me llamo Alexis y esta es la historia de cómo llegué al poder el día de mi vigesimoprimer cumpleaños.


      -FIN-