Salí de las alcantarillas tras recorrerlas y atravesar la ciudad, imaginándome las calles y los caminos que me guiarían a la salida. El olor era repugnante, una mezcla de agua estancada, comida podrida y cuadra sin limpiar. Tuve que taparme con la chaqueta y oler el aroma del perfume de mi padre para poder seguir, pero logré salir.
Llegué a las colinas de arena de las afueras de la ciudad, justamente entre dos de ellas, preparada para seguir mi camino tras escabullirme de la callejuela de la periferia por la que logré salir. A los treinta minutos de empezar a caminar por la arena, me sentí terriblemente cansada. Era de noche y tenía miedo, así que seguí un poco más hasta encontrar un refugio, si se le puede llamar así, entre varías rocas grandes y un desnivel de arena. Me tumbé con la cabeza apoyada en la mochila y me quedé profundamente dormida mientras lloraba la pérdida de mi familia.
Dormí escasas horas seguidas. Me despertaba de vez en cuando, sintiendo mi cuerpo alerta pero a la vez obligándome a seguir descansando un poco más pues me aguardaba un duro y caluroso día caminando por el desierto.
Cuando los primeros rayos de sol se colaron entre las rocas, pensé que era el momento de continuar. Me incorporé y mi estómago me declaró la guerra, negándose a continuar la travesía sin una pizca de alimento que digerir. Saqué la manzana y tres de mis valiosas galletas, disfrutando de cada bocado al máximo antes de ponerme a caminar.
Mi principal objetivo era salir del país antes de que toda la población sepa que me buscan y ofrezcan recompensas, algo muy común cuando buscan a alguien desesperadamente. Para entonces todo el mundo tendrá un precio.
Cada verano, durante un mes y medio, me recorro el país para confraternizar con mi gente y conocer las tierras de mi padre, por lo que sabía que el poblado más cercano se encontraba a unos quince kilómetros. Tendría que caminar casi todo el día para llegar hasta allí. Por suerte, ese poblado posee algo muy especial desde hace un par de años. Se trata de un asentamiento de Médicos sin Fronteras que fue para un par de meses y decidieron quedarse unos años junto a Intermón Oxfam, para ayudar al pueblo y los alrededores.
Tras mi última visita llegaron más voluntarios para ayudar a construir un colegio y una pequeña depuradora de agua, ya que por fin lograron terminar el canal que abastecía al pueblo. Así consiguieron que mi gente no tuviera que caminar horas a por agua y pudieran los adultos cultivar y los niños estudiar.
El sol ardía al llegar el mediodía. Intentaba no desaprovechar el agua que tenía dando pequeños sorbos cada rato. Me sentía mareada y desorientada. A mi alrededor sólo había arena y las huellas de mis pies marcadas en ella por el camino. Llevaba horas caminando sin parar y me merecía un descanso, pero tenía miedo de no llegar esa noche al poblado así que no paré, continué casi como una autómata, viendo el sol alejarse de mí, cayendo y llenando de oscuridad el desierto. No podía más, tenía heridas en los pies, la cara y las manos resecas y dolor de cabeza. Solo pude dar un paso más antes de caer de rodillas al suelo, nublandose mi vista tras ver los focos de lo que me pareció un coche y la puerta de uno de los dos lados abrirse.
Uniendo lazos por este largo camino que es la vida. Trenzando momentos, personas y sentimientos para crear grandes historias. Exprimiendo mi imaginación al máximo. Experta en experiencias vitales. Hay que vivir arriesgándose y luchando por ganar, no rendirse, si no, no ganarás nunca y para eso, no vivas. No todo es soñar, sal a las calle y vive tus sueños, hazlos realidad.
jueves, 18 de septiembre de 2014
viernes, 5 de septiembre de 2014
Las chicas que leen...
Hoy he leido este artículo y me ha encantado. Considero que merece estar aquí, ya que muchas palabras que se pueden leer en el me describen, y más aún, debe ser leido comprensivamente para captar el alma de todas aquellas que deseamos construir una vida de cuento.
"Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería.
Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas.
Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos. Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami.
Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos. Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami.
Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella. Es fácil salir con una chica que lee.
Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor.
Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. Por lo menos tiene que intentarlo.
Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor.
Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. Por lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.
Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe.
También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos. ¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo. Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype. Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.
Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.
O mejor aún... a una que escriba.”
Por Rosemary Uquico.
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